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Bienvenidos a La Playlist del Yeyo

Bienvenid@ a mi rincón musical del siglo XX. Donde vive la magia.

Si decides navegar por estos mares, pronto descubrirás que me he quedado anclado en el siglo pasado. Y no podría estar más orgulloso. Este pequeño fondeadero, perdido en el vasto océano de internet, es un lugar donde las historias suenan y la música se cuenta. ¿O es al revés? El caso es que en sus publicaciones te narro relatos con banda sonora. ¡O quizá te convierto un disco en narrativa! ¡Bueno, no sé!

Tú decides si vienes por las historias o por las canciones. Este fondeadero abraza ambas cosas. En cualquier caso, aquí se combinan narrativa y buena música. La mejor música del siglo XX.
Publicado octubre 12, 2026 por Aurelio Vázquez Sánchez con 0 comentarios

Roxette-Crash! Boom! Bang!

Interpretación visual de Crash! Boom! Bang! de Roxette-La Playlist del Yeyo


Me encanta la voz de Marie Fredrikson, es quizá mas madura, pero también mas desgarradora, mas tierna, mas frágil, y eso conmueve. Te atrapa, te atrae, y lloras con ella.



Menú de Contenido:

  • 1. Entre hamburguesas (Narrativa)
  • 2. El Archivo Multimedia (Vídeo)
  • 3. El Podcast del Yeyo (Audio)
  • 4. Epílogo y Reseña técnica
  • 5. La Opinión del Yeyo

Entre hamburguesas

—No pienso dar una sola vuelta más por el aparcamiento, Leo. Métete ahí y déjalo ya —soltó Clara, cruzándose de brazos con un chasquido seco de su cazadora de cuero que sonó casi como una bofetada dentro del habitáculo.

—Estaba buscando un hueco bajo la farola para no dejar el coche a oscuras, solo eso —respondió él, aferrando el volante del viejo Pontiac con los nudillos blancos por la tensión acumulada tras más de sesenta millas de carretera en silencio absoluto—. Pero está bien. Si prefieres cenar con prisa y de mala gana, aquí mismo se queda.

—Lo que prefiero es no pasarme media vida esperando a que decidas si giras a la izquierda o a la derecha. Como siempre.

El portazo de Clara resonó en la explanada de asfalto mojado. Era una noche desapacible de noviembre de 1994, en Akron, Ohio; de esas en las que el viento del Medio Oeste arrastra hojas secas contra los cristales y la humedad se cuela bajo la ropa. El cartel de los arcos dorados parpadeaba con un zumbido eléctrico intermitente sobre la entrada del McDonald's, iluminando el cartel que anunciaba hamburguesas a noventa y nueve centavos y una llamativa novedad que dominaba la cristalera: Llévate lo nuevo de Roxette con tu menú gigante por solo 1,49 $.

fachada del MacDonalds

Entraron manteniendo un metro de distancia deliberada, como dos desconocidos forzados a compartir el mismo techo para guarecerse de un temporal inminente. Clara se situó frente a la línea de cajas con la mandíbula apretada, fingiendo un interés desmedido por el panel luminoso de precios, mientras Leo metía las manos en los bolsillos de su abrigo de paño, mirando al suelo y maldiciendo por lo bajo el momento en que había sacado a relucir aquel viejo reproche en plena autopista.

Frente a ellos, flanqueando la caja número tres, se alzaba una torre de cartón brillante de color rojo y blanco. Centenares de cajas de plástico transparente albergaban un disco compacto con una tipografía inconfundible y la mirada penetrante de Marie Fredriksson recortada sobre un fondo enérgico: Crash! Boom! Bang! - Favorites from the Album.

El Archivo Multimedia

archivo multimedia

—¿Qué van a pedir? —preguntó el cajero, un chico de no más de veinte años con una placa en la que se leía Toby y unos auriculares de diadema colgándole flojos del cuello de la camisa a rayas.

—Dos menús número uno. Con patatas grandes y refresco de cola. Para tomar aquí —dijo Leo, dejando un billete de veinte dólares sobre el mostrador sin mirar a Clara.

—¿No le añade el disco de Roxette por un dólar y medio más, amigo? Nos quedan pocas copias del lote de esta tarde —ofreció Toby, señalando el expositor con una sonrisa pícara—. La discográfica dice que es la única forma de que la gente normal escuche el álbum sin que la radio lo censure para meter más guitarras deprimentes de Seattle.

Clara arqueó una ceja, visiblemente irritada por la intromisión:

—Ni hablar. No hemos venido a comprar ofertas de saldo en una hamburguesería

—Dámelo —intervino Leo con voz firme, clavando la mirada en los ojos desafiantes de Clara—. Pon una copia en la bandeja. Por un dólar y medio quiero ver de qué va todo este circo promocional.

Clara y Leo en el McDonalds

Clara soltó una risita burlona cargada de veneno, recogió su bandeja antes de que Leo pudiera si quiera rozarla y enfiló hacia las mesas del rincón, junto al gran ventanal que daba a la interestatal. Leo recogió el resto del pedido, guardó el estuche del disco bajo el brazo y la siguió con paso pesado.

Al sentarse frente a frente, la distancia emocional era un abismo. Clara desdobló una servilleta de papel con una parsimonia exasperante, abrió la caja de su hamburguesa y ni siquiera levantó la vista.

—Te encanta tirar el dinero en tonterías solo por llevarme la contraria, ¿verdad? —dijo ella, masticando con desgana.

—No te llevo la contraria. Simplemente me parece fascinante que una banda que llenaba estadios hace dos años tenga que meter sus temas entre cajas de nuggets para que alguien les preste atención en este país —replicó él, colocando el CD en el centro de la mesa, justo al lado del salero.

En la mesa contigua, cuatro chavales con camisas de franela a cuadros y mochilas del instituto local devoraban patatas mientras manoseaban otra copia exactamente igual del disco. Uno de ellos, con el pelo largo cayéndole sobre los ojos, señalaba con el dedo la contraportada con auténtica vehemencia.

—Os digo que Gessle es un genio, aunque la MTV pase de ellos —decía el del pelo largo, golpeando la mesa con el puño—. Escuchad la primera pista seria que metieron. Es puro nervio. Dejaron atrás las cajas de ritmos prefabricadas de Joyride y enchufaron guitarras de verdad. La grabaron en Capri buscando esa distorsión sucia, directa, sin tanta laca ni tanto sintetizador ochentero. Es una patada en la puerta. Sleeping in my Car

Clara, a pesar de su empeño en mostrarse indiferente, no pudo evitar escuchar el entusiasmo de los chavales. Miró de reojo la foto de Marie en la portada: el pelo rubio platino cortísimo, la cazadora oscura, esa actitud desafiante que no pedía perdón por existir.

—Sleeping in my car —murmuró Clara con sarcasmo—. Qué título tan apropiado para esta noche. A este paso es justo donde vamos a acabar tú y yo antes de llegar a casa.

Leo esbozó una media sonrisa amarga, apoyando los codos en la mesa.

—Al menos en la canción suena divertido. Una locura de juventud en el asiento trasero. Lo nuestro en el coche parecía más bien un juicio sumario en el que tú eras la fiscal y el juez al mismo tiempo.

—¡Porque tú no escuchas, Leo! —estalló ella en un susurro furioso, inclinándose hacia adelante para no llamar la atención del resto del local—. Llevamos semanas hablando de mudarnos juntos, de buscar algo más cerca del centro, y tú actúas como si estuviéramos decidiendo qué marca de cereales comprar. Siempre al ralentí, siempre esperando que las cosas se resuelvan solas.

—No es desinterés, Clara. Es vértigo. A veces siento que tú vas a doscientas millas por hora y que si no piso el acelerador al mismo ritmo, simplemente me pasas por encima.

📊 DATOS CLAVE:Más de 5 millones de copias vendidas en todo el mundo | Número 1 en Suecia durante semanas, número 3 en Reino Unido y Top 10 en Alemania, Suiza, Austria y Australia | Nominado al Grammy sueco como Mejor Álbum Pop/Rock en 1995 | Sencillos clave: «Sleeping in My Car», «Crash! Boom! Bang!», «Fireworks», «Run to You» y «Vulnerable» | Grabado entre Capri, Londres y Estocolmo con arreglos de cuerda orquestales en los legendarios estudios Abbey Road | Su tirada abreviada a 10 pistas por 1,49 $ a través de McDonald's en EE. UU. vendió más de un millón de copias pero detonó el boicot de las tiendas de discos tradicionales norteamericanas.

Antes de que Clara pudiera replicar, la puerta vaivén de la cocina se abrió y salió un empleado de limpieza con un delantal manchado de kétchup y un trapo al hombro. Se acercó a la mesa de los chavales de franela para recoger unas bandejas vacías y vio el estuche sobre la mesa.

—¿Habéis pillado el disco abreviado? —preguntó el empleado, con un marcado acento europeo y una chapa en la pechera que rezaba Greg—. Si queréis mi opinión, la discográfica os ha tomado el pelo a los americanos. Este invento de diez temas para McDonald's es una amputación en toda regla. Dejaron fuera lo mejor de la cosecha.

—¿A qué te refieres, viejo? Aquí vienen diez canciones por menos de dos pavos —respondió uno de los chicos.

—Se han dejado fuera Vulnerable —sentenció Greg, negando con la cabeza con auténtica devoción melómana—. Tengo la edición europea que me mandó mi hermano desde Estocolmo hace seis meses. Diecisiete canciones, amigos. Y Vulnerable es la cumbre melódica del disco. Una balada orquestal con un bajo que camina como en las mejores producciones de Burt Bacharach o los Beach Boys en sus días de gloria. Marie canta con una fragilidad que te desgarra las entrañas. Aquí en Estados Unidos os han colgado la etiqueta de que solo queréis guitarrazos rápidos o estribillos de plástico, y os han privado de la auténtica emoción.

Leo y Clara intercambiaron una mirada involuntaria. Las palabras del empleado se habían clavado en el aire con una puntería casi poética. Vulnerable. La palabra se quedó flotando entre el olor a fritura y el murmullo de la máquina de hielo.

—Vulnerable... —repitió Leo en voz muy baja, mirándola a los ojos por primera vez sin escudos—. Quizá ese sea todo mi problema, Clara. Que me aterra mostrarme vulnerable. Que me da pánico admitir que no tengo todas las respuestas y que mudarme contigo significa dejar atrás mi pequeña trinchera de seguridad.

Clara bajó la mirada hacia su hamburguesa a medio comer. Sus dedos jugueteaban nerviosos con una patata frita. La rabia que traía acumulada en el pecho empezó a resquebrajarse, dejando al descubierto una tristeza mucho más suave, más templada.

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—¿Y crees que yo no tengo miedo? —confesó ella, con la voz templada por un temblor genuino—. Por eso aprieto tanto. Porque cuando siento que las cosas no avanzan, imagino que eres tú quien duda de lo que sentimos. Pienso que necesitas correr hacia otro lado.

A pocos metros, en la hilera de banquetas individuales junto al mostrador, un hombre maduro con gorra de camionero terminaba un café largo. Miraba el expositor con cierta nostalgia mientras sacaba unas monedas sueltas del bolsillo de su chaleco vaquero.

—Ponme uno de esos discos, chaval —le dijo a Toby—. Llevo dos noches cruzando Ohio y en una emisora local de madrugada no paraban de poner el tema de la guitarra acústica y los teclados envolventes. Ese en el que Marie canta pidiendo auxilio porque no sabe si quedarse o huir. Run to you, creo que se llamaba. Hacía años que no escuchaba una producción tan limpia en una canción de carretera; te mete dentro de una atmósfera solitaria que parece hecha a medida para cuando conduces de noche y la cabeza te da demasiadas vueltas pensando en la persona que has dejado en casa.

Leo estiró el brazo sobre la mesa y rozó con la yema de los dedos la mano de Clara. Ella no se apartó.

—No quiero correr hacia ningún otro lado que no sea hacia ti —dijo Leo con firmeza, mirándola fijamente—. Pero a veces me asusta no ser suficiente. Me paso el día preguntándome qué es lo que realmente necesitas, qué esperas de mí cuando todo se complica.

Clara sonrió con ternura, una sonrisa tímida que no le salía desde hacía días.

—No necesito un superhéroe, Leo. Solo necesito a alguien que esté dispuesto a mojarse, a equivocarse conmigo. Alguien que no se encierre en un búnker cada vez que discrepamos. A veces me da la sensación de que buscas a otra persona, alguien más dócil, menos impulsiva.

—¿Una desconocida idealizada? Ni de broma —respondió él al instante—. Jamás cambiaría tu genio por nada del mundo. Ni siquiera cuando te pones imposible en mitad de una autopista interestatal.

Los universitarios de la mesa de al lado soltaron una carcajada unánime mientras leían los créditos del libreto.

—Mirad los compositores. Per Gessle sigue escribiendo historias de celos y dudas cotidianas como nadie. Este tema, What's She Like?, es perfecto para cualquiera que se haya comido la cabeza pensando en los fantasmas de una ex pareja o en las sombras del pasado. Los arreglos de cuerda que metieron en Abbey Road con Michael Stockhaus le dan un aire casi cinematográfico, muy teatral, alejadísimo de la sencillez comercial de los primeros discos.

—¿Ves? —dijo Clara, señalando con la barbilla hacia los chicos y dejando escapar una risita franca—. Todo el mundo tiene sus dudas y sus fantasmas. La diferencia es que algunos hacen discos orquestales en Londres para desahogarse y nosotros montamos un drama en el coche por no encontrar aparcamiento a la primera.

—Somos unos idiotas con suerte —admitió Leo, apretando suavemente la mano de Clara entre las suyas—. Un par de idiotas que se quieren demasiado como para arruinarse la noche por un ataque de orgullo.

La tensión se había evaporado por completo. Las patatas ya estaban tibias y la condensación goteaba por los lados de los vasos de cartón, pero ninguno de los dos tenía prisa por levantarse. Comenzaron a comer entre risas cómplices, compartiendo anécdotas de la semana, diseccionando la surrealista escena de estar arreglando una crisis de pareja en un McDonald's de carretera con banda sonora sueca de fondo.

—Oye, ¿te acuerdas de aquel bloguero nostálgico del que me hablaste la semana pasada? —preguntó de pronto Clara, limpiándose los labios con la servilleta—. Aquel que rescata discos míticos del siglo veinte y les teje historias de ficción con portadas alternativas.

Clara y Leo con el logo

—Sí, claro. El de La Playlist del Yeyo —asintió Leo con los ojos brillantes—. Sigo sus artículos siempre que puedo. Es increíble la pasión con la que defiende estas obras, analizando cada detalle técnico de grabación como si estuviera dentro de la mesa de mezclas y reivindicando el formato físico con una devoción que ya no se encuentra en las revistas de música modernas.

—Pues si ese hombre escribiera sobre esta noche, seguro que diría que este disco nos ha salvado de dormir enfadados —bromeó ella, guiñándole un ojo.

En ese momento, dos chicas jóvenes que salían del baño se detuvieron frente a la rocola de pared que descansaba junto a la salida. Una de ellas introdujo una moneda de veinticinco centavos y pulsó la combinación correspondiente al corte que daba nombre al nuevo trabajo de Roxette.

Las notas iniciales de la guitarra acústica y la imponente entrada vocal de Marie llenaron el salón, imponiéndose con una elegancia sobrecogedora al ruido de las freidoras y las cajas registradoras. Era una interpretación monumental, profunda, que transitaba desde el susurro íntimo hasta la explosión dramática del estribillo con una orquestación majestuosa que desafiaba cualquier etiqueta de pop fácil. Crash! Boom! Bang!

Ambos guardaron silencio, escuchando la melodía. La letra hablaba de los golpes del amor, de cómo el corazón se estrella, explota y resuena con la fuerza de un impacto ineludible, dejando cicatrices pero también vida a su paso.

—Es magnífica —susurró Clara, con la mirada perdida en los reflejos dorados de las luces de la calle sobre el cristal—. Marie canta como si le fuera la vida en cada estrofa. No me extraña que quisieran titular todo el disco así. Es exactamente lo que se siente cuando el amor te pasa por encima: un golpe brutal que lo sacude todo, pero del que sales viva.

—Y merece la pena cada rasguño —añadió Leo, poniéndose en pie y rodeando la mesa para pararse junto a ella—. Venga, vámonos a casa. Ya hemos tenido bastante tormenta por hoy.

Clara se levantó, recogió el estuche de plástico del disco que seguía en el centro de la mesa y se lo metió en el bolsillo de la cazadora como un tesoro recién conquistado.

—Espera un momento —dijo ella, tirando de la manga de Leo hacia la puerta de cristal—. Si vamos a volver escuchando el resto del casete en el coche, quiero que pongamos esa pista rápida que mencionaron antes los chicos. La que habla de celebrar las cosas que estallan como fuegos artificiales en mitad de la noche.

—Fireworks —sonrió Leo, empujando la puerta batiente para salir al aire fresco y limpio de la noche—. Pop enérgico con guitarras afiladas y estribillo luminoso. Ideal para dejar atrás este aparcamiento a toda pastilla.

Caminaron abrazados por el hombro hasta el viejo Pontiac, cruzando los charcos del estacionamiento bajo la luz amarilla de las farolas. La frialdad del principio del viaje se había disuelto en una complicidad renovada, tibia y reconfortante. Mientras Leo metía la llave en el contacto y el motor cobraba vida con un ronroneo grave, Clara abrió el reproductor del coche, deslizó la cinta y subió el volumen sin pedir permiso.

El coche se incorporó a la interestatal iluminando el asfalto mojado, mientras las guitarras de Roxette sonaban a todo volumen y ellos dos, riendo a carcajadas por tonterías compartidas, dejaban atrás las sombras de la noche camino de un hogar que, ahora sí, empezaba a construirse de verdad.

Epílogo y Reseña

icono radio

Lanzado oficialmente al mercado europeo el 9 de abril de 1994, Crash! Boom! Bang! representó el ambicioso intento de Roxette por trascender la fórmula de pop brillante y sintético que los había encumbrado a la cima mundial con Look Sharp! y Joyride. Grabado en un periplo creativo entre los estudios EMI de Estocolmo, Mayfair en Londres y las sesiones en la idílica isla de Capri, el quinto álbum de estudio del dúo sueco reflejó una decidida mutación hacia un sonido más orgánico, guitarrero y deudor del rock melódico de los años sesenta y setenta, arropado por suntuosos arreglos orquestales registrados en Abbey Road.

epilogo crash boom bang

En el plano comercial internacional fue un éxito arrollador: despachó más de cinco millones de copias en todo el mundo, alcanzó el número uno en Suecia —donde permaneció durante semanas— y escaló hasta el número tres en las listas británicas, logrando certificaciones de platino y oro a lo largo de Europa, Japón y Latinoamérica gracias al impacto demoledor de sencillos como «Sleeping in My Car» y la balada titular «Crash! Boom! Bang!». Sin embargo, su trayectoria se vio truncada en Estados Unidos debido a la bancarrota y reestructuración de EMI norteamericana, lo que desembocó en una tibia posición noventa y cinco en el Billboard 200 y en la controvertida maniobra de distribuir una versión mutilada de diez pistas a través de la cadena McDonald's, en pleno auge del vendaval grunge que dominaba las radiofórmulas. 

En su momento, la crítica especializada acogió el disco con cierta perplejidad ante el abandono de su infalible pop bailable en favor de una madurez compositiva densa y melancólica, tildándolo a menudo de excesivamente largo y disperso. Hoy, con la perspectiva que otorgan las décadas, el álbum ha sido ampliamente reivindicado como la cima artística y vocal de Marie Fredriksson, una obra maestra de orfebrería pop-rock donde la visceralidad interpretativa y el talento melódico de Per Gessle alcanzaron su cota más sincera, compleja y perdurable

La Opinión del Yeyo

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A lo largo de mis muchos años de disfrutar de la música, y de recorrer desde este punto de vista, las cuatro últimas décadas del siglo XX, he podido conocer, no pocas bandas que han empezado a ser conocidas mundialmente, con un buen disco, exitoso, comercial, con muchas ventas, y posteriormente, en siguientes trabajos, han querido hacer algo que les llenara, que les aportara algo de valor, y un legado que dejar en este mundo de la música. Aunque fuera menos valorado por el gran público, y por las discográficas. Es el caso de Roxette. 

Tras un disco comercial y exitoso, como fue Joyride, esta pareja sueca, quiso hacer algo mas importante para ellos, algo que les colocara en el mundo de la música, y no solo por sus ventas, sino por su arte. Y no les importó bajarse al barro. Y el resultado fue Crash! Boom! Bang! Para hacer lo que hacían, siempre había tiempo. De hecho, en cuanto la discográfica, les puso como excusa que no había un sencillo comercial y potente para las radios, poco les costó a los suecos, componer Sleeping in My Car, para completar el disco. En un ratito, la tenían hecha. 

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Pero el verdadero mérito y trabajo de este álbum, es todo el conjunto, su calidez, su sencillez, un disco mas básico, mas orgánico, y mas analógico que el anterior. Menos comercial, pero mas artístico, y mas maduro. Hay contadas excepciones, como el tema What's She Like? mas elaborado y producido que el resto, pero es la excepción que confirma la regla.

Me encanta la voz de Marie Fredrikson, es quizá mas madura, pero también mas desgarradora, mas tierna, mas frágil, y eso conmueve. Te atrapa, te atrae, y lloras con ella. La canción que da título al disco, es una maravilla en ese sentido... Y no solo la voz de la cantante, también el sonido de guitarras, es sensacional, la prueba la tienes nada mas empezar el disco con la primera canción, Harleys & Indians(Riders in the Sky); y en eso juega muy bien sus bazas la parte masculina del duo sueco, Per Gessle. Incluso deja su sello vocal en otro tema superlativo, como es Vulnerable. 

A partir de aquí, yo recuerdo que en aquellos años 90, a Roxette se le acabó poniendo la etiqueta de banda de baladas. Mas de una vez he escuchado ese soniquete en las radios. E incluso ellos mismos lo captaron y grabaron un grandes éxitos solo de baladas. A su discografía me remito.

En definitiva, para Roxette, aunque puede parecer un paso atrás en su carrera discográfica, este disco significó la demostración de su creatividad y madurez musical, y que sabían hacer muy bien lo que querían. Música. 

Por eso, La Playlist del Yeyo ha cogido este álbum, y lo ha incluido en su repertorio, junto con otras joyas de esta década, pues su valor artístico, desde mi humilde opinión, lo merece. 

Si te gusta esta pareja sueca, Marie Fredrikson y Per Gessle, los aclamados Roxette, puedes visitar otra publicación de ellos en La Playlist del Yeyo, con otro disco magnífico que es

Joyride

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Y si buscas una canción o un video que no está en La Playlist del Yeyo, lo puedes localizar en el Buscador del Yeyo, procurando especificar bien el video o canción que quieres localizar.

¡¡Hasta la próxima!!


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