"Si lo que quería era disfrutar de un buen rasgueo de guitarra, aquí lo encontré, y estos tios la tocan como los ángeles"
Menú de Contenido:
- 1. Los Ecos del Trueno (Narrativa)
- 2. El Archivo Multimedia (Vídeo)
- 3. El Podcast del Yeyo (Audio)
- 4. Epílogo y Reseña técnica
- 5. La Opinión del Yeyo
Los Ecos del Trueno
El Despertar del Corazón de Piedra
El viento aullaba como un lamento ancestral sobre las Cumbres Quebradas, llevando consigo el aroma de la roca húmeda y el recuerdo de tiempos inmemoriales. Ardan, un joven explorador de los Clanes del Cénit, se aferraba a la estrecha cornisa, con sus ojos fijos en la neblina que envolvía el Abismo del Lamento. No era miedo lo que lo impulsaba, sino una sed insaciable de conocimiento, una búsqueda de las viejas verdades que se susurraban en las canciones olvidadas. El mundo había cambiado, se decía, desde que el Corazón de Piedra de Aerthos había dejado de latir. La magia se había retirado como la marea, dejando a los reinos sumidos en una penumbra gris, una era de susurros y sombras.
El Archivo Multimedia
Los Clanes del Cénit eran un pueblo esculpido por la austeridad del granito y la disciplina del fuego. Habitantes de las ciudades-colmena incrustadas en las laderas más altas, su cultura se basaba en el 'Culto al Silencio'. Para un habitante del Cénit, la perfección se encontraba en el golpe rítmico, pero sordo, del martillo sobre el yunque; cualquier sonido innecesario era considerado una distracción del alma. Eran maestros metalúrgicos, capaces de forjar acero que nunca perdía su filo, pero vivían en una sobriedad emocional que rozaba lo gélido. En sus grandes salones de piedra, los banquetes se celebraban en una calma sepulcral, apenas rota por el susurro de las túnicas de lana basta. Ardan, sin embargo, siempre había sentido que ese silencio no era paz, sino un vacío que pedía ser llenado. Mientras sus hermanos admiraban la quietud de una montaña, él buscaba la vibración de las tormentas, sospechando que el verdadero poder de sus ancestros no residía en la forja callada, sino en el estruendo que esta era capaz de provocar.
El Podcast del Yeyo
Ardan no era como los demás jóvenes de su clan, que se contentaban con la forja y la caza. Él escuchaba los viejos mitos, aquellos que hablaban de una época dorada donde la música no solo entretenía, sino que modelaba la realidad, y los bardos eran más poderosos que los reyes. Su abuelo, un viejo y sabio chamán, le había entregado antes de morir un pequeño amuleto de obsidiana, liso por el tiempo y grabado con un símbolo que Ardan aún no comprendía del todo: un dragón alado que parecía danzar sobre un rayo. "Cuando Aerthos despierte de nuevo", le decía su abuelo con voz ronca, "el Corazón de Piedra resonará con el Trueno de los Ancestros. Búscalo, Ardan. Búscalo y libera el Amor Ilimitado que guarda."
De pronto, en aquel Abismo del Lamento, un trueno distante, más profundo que cualquier tormenta que hubiera escuchado, retumbó en el valle. No era un trueno de la naturaleza, sino uno que vibraba en sus huesos, en la propia tierra. Una fisura de luz carmesí se abrió en la base de una montaña lejana, liberando una ráfaga de energía que lo hizo tambalear. El amuleto de obsidiana se calentó en su pecho, latiendo al ritmo de su corazón acelerado.
Aquella luz carmesí era una señal, no había duda. El Corazón de Piedra.
Ardan sintió una oleada de adrenalina. Era una sensación que lo quemaba por dentro, un "Whole Lotta Love" por lo desconocido, por la aventura que acababa de nacer. El aire se llenó de una electricidad palpable, como si los acordes de una guitarra distorsionada se hubieran materializado en el viento. Era un sonido crudo, potente, un rugido de la tierra misma que le decía que lo que buscaba no era pacífico, ni amable, sino una fuerza indomable.
El camino hacia la grieta era traicionero, lleno de desprendimientos y puentes naturales carcomidos por el tiempo. Pero Ardan avanzaba con una determinación renovada. El amuleto vibraba con más intensidad a cada paso, guiándolo. La energía que emanaba de la fisura era magnética, casi embriagadora. Le recordaba a las historias que había escuchado sobre los antiguos juglares, capaces de invocar pasiones y desatar tormentas con sus instrumentos. "Dicen que los viejos bardos podían sentir la música como una extensión de su propia alma," había musitado su abuelo una vez, "y el disco Led Zeppelin II es un testamento moderno a esa misma magia."
Reflexionó sobre esto mientras sorteaba una cascada congelada. El disco, decía su abuelo, era como un compendio de hechizos. "Cada pista," continuaba el hombre, "es una puerta a una emoción diferente, una prueba de la versatilidad y la fuerza de los maestros de la melodía." Ardan, que apenas conocía la música de los "tiempos antiguos" más allá de los cánticos de su clan, sintió una curiosidad renovada. Si esa música era tan poderosa como la energía que ahora lo atraía, entonces el mundo estaba a punto de cambiar de nuevo.
Mientras se acercaba, la fisura se hizo más grande, revelando una entrada a una caverna monumental. El interior brillaba con una luz extraña y pulsante, y el eco de los truenos se había transformado en un zumbido profundo, casi un canto. El aire era pesado con la esencia de algo antiguo y poderoso, algo que había estado durmiendo durante eones y que ahora, por fin, comenzaba a despertar.
Ardan no sabía qué encontraría dentro, pero su corazón latía al ritmo de aquel sonido, una percusión primitiva que le decía que su destino, y quizás el destino de Aerthos, estaba ligado a la poderosa resonancia del Corazón de Piedra.
El Eco en la Oscuridad
El interior de la caverna era un laberinto de cristal y sombra, sus paredes pulidas por la fricción de eones. El aire era denso, cargado con el olor a azufre y metal, y una resonancia profunda vibraba en la roca, el latido del Corazón de Piedra que Ardan buscaba. El amuleto en su pecho ardía ahora, emitiendo un pulso cálido que lo guiaba a través de la oscuridad como un faro. A medida que se adentraba, el brillo carmesí de la fisura se atenuaba, reemplazado por una luz azulada y fantasmal que emanaba de las vetas de cristal incrustadas en el techo.
"Dicen que los Cristales Cantores de Aerthos podían retener la esencia de la música," recordaba las palabras de su abuelo, "y que en ellos se grababan los grandes acontecimientos. Cada acorde, cada melodía, una memoria petrificada." Los cristales aquí eran diferentes, más grandes, más vibrantes. Parecían capturar la luz de una estrella lejana y reflejarla en un patrón intrincado, casi como la intrincada estructura de una compleja partitura.
El camino descendía en espiral, y el zumbido se hacía más fuerte, más envolvente. Ardan tropezó con un saliente y se apoyó en una pared de roca, sintiendo cómo una corriente armónica le recorría el brazo. No era solo un sonido, era una sensación, una vibración que parecía comunicarse directamente con su alma. Era el tipo de sentimiento que su abuelo le describía cuando hablaba de la "música de los grandes", la que te sacudía hasta los cimientos y te hacía ver el mundo de una forma nueva.
Mientras Ardan avanzaba, escuchó un leve murmullo, una voz suave que parecía flotar en el éter. Era una melodía melancólica, pero llena de una profunda fortaleza, como una promesa susurrada en la oscuridad.
La voz, clara y dulce, cantaba una balada de gratitud, un "Thank You" a un amor perdido, a un camino recorrido. Era una canción de despedida, sí, pero también de una fortaleza silenciosa, de la belleza que se encuentra incluso en la pérdida. Ardan se detuvo, embelesado. Nunca había escuchado algo así. La música de su clan era rítmica y funcional, pero esta... esta era pura emoción, pura alma.
Siguió la voz, que lo llevó a una gran cámara subterránea, un anfiteatro natural donde la luz azulada se concentraba en el centro. Allí, sobre un pedestal de obsidiana, flotaba lo que solo podía ser el Corazón de Piedra: un orbe pulsante de energía, translúcido y brillante, del tamaño de un pequeño escudo. De su superficie emanaban patrones rítmicos de luz, como ondas sonoras que se extendían por la cámara.
Pero no estaba solo. Sentado junto al pedestal, un anciano de cabello blanco y ropas raídas tocaba una especie de laúd rústico, del que emanaba la melodía. Sus ojos, profundos y llenos de una sabiduría milenaria, se fijaron en Ardan.
"Veo que el Trueno te ha traído aquí, joven del Cenit," dijo el anciano con voz suave, dejando de tocar. "Mi nombre es Elara. Soy el Guardián de la Última Canción."
Ardan, aun recuperándose de la conmoción de la música y la revelación del Corazón, apenas pudo articular una pregunta: "¿Qué es este lugar? ¿Y qué es este orbe?"
Elara sonrió con tristeza. "Este es el Santuario del Eco, el corazón latente de Aerthos. Y el orbe... es el Corazón de Piedra, el receptáculo de la Gran Armonía, la fuente de toda magia y vida en nuestro mundo. Hace eones, el Corazón fue silenciado por la Disarmonía, una fuerza oscura que buscó apagar toda belleza. Desde entonces, Aerthos ha languidecido."
Señaló el orbe. "Tu amuleto, joven, es una astilla del Corazón de Piedra. Te ha respondido porque el orbe está despertando. La Disarmonía se fortalece, pero también lo hace la vieja música. La canción que has escuchado, esa balada de 'Thank You', es una de las pocas melodías que la Disarmonía no pudo corromper. Es el lamento y la esperanza de los antiguos bardos."
"Pero no basta," continuó Elara, su mirada fija en el orbe. "El Corazón de Piedra necesita ser alimentado con más que lamentos. Necesita el Trueno, la furia, la pasión... necesita la Gran Armonía para latir con fuerza de nuevo."
Ardan sentía que sus venas se llenaban de la misma energía que fluía por el Corazón de Piedra. La historia del anciano resonaba con los susurros de su abuelo. La "Disarmonía" era el eco de la "sombra" de la que tanto hablaba, y el Corazón, la fuente del "Amor Ilimitado".
"Mi abuelo me habló del 'Trueno de los Ancestros', y del disco Led Zeppelin II como una clave para desatarlo," dijo Ardan, mostrando el amuleto. "Dijo que ese álbum, como este Corazón, es un manantial inagotable de emociones y sonidos. Que tiene la rabia, la melodía, la fuerza bruta y la delicadeza para sanar cualquier herida. Es un caleidoscopio sónico, una verdadera obra maestra del rock clásico que abarca desde los riffs más incendiarios hasta las baladas más conmovedoras, un testimonio de la destreza musical de la banda."
Elara lo miró con sorpresa, sus ojos brillando. "Tu abuelo era más sabio de lo que imaginaba. Esas son las palabras exactas que he estado esperando escuchar. El Led Zeppelin II... es una de las "Llaves del Ritmo", un artefacto auditivo que puede canalizar las energías del Corazón. Pero necesitarás más que una llave para reavivarlo por completo. Necesitarás el espíritu indomable, la fuerza de corazón para desatar el 'Heartbreaker'."
El Corazón de Piedra pulsó con más intensidad, y un tenue rayo de luz azul golpeó el amuleto de Ardan, haciendo que la marca del dragón alado brillara con una fuerza renovada. Elara extendió su mano. "Tu viaje, joven Ardan, apenas ha comenzado. Debes encontrar los ecos perdidos de la Gran Armonía, las otras "Llaves del Ritmo", antes de que la Disarmonía ahogue toda luz."
El Filo de la Melodía
Ardan abandonó el Santuario del Eco con el amuleto ardiendo contra su pecho. Elara le había advertido: la Disarmonía no se quedaría de brazos cruzados mientras el Corazón de Piedra intentaba recuperar su latido. El joven explorador descendió por las faldas de las Cumbres Quebradas, pero el paisaje había cambiado. Una niebla espesa y aceitosa se arrastraba por el suelo, y los árboles, una vez majestuosos, ahora parecían garras retorcidas que intentaban atrapar el cielo.
De repente, el silencio fue quebrado por un sonido estridente, un chirrido de metal contra piedra. De entre las sombras surgieron los Engendros del Vacío: criaturas sin rostro, hechas de estática y silencio absoluto, cuya misión era devorar cualquier rastro de sonido. Ardan desenvainó su vieja daga de hierro, pero sabía que el acero convencional poco podía hacer contra la nada.
En ese instante, el amuleto liberó una descarga. Un solo de guitarra imaginario, rápido y agresivo, resonó en su mente, otorgándole una velocidad sobrehumana. Era el espíritu de "Heartbreaker", un ataque directo y punzante que cortaba la niebla. Ardan se movió como un relámpago, esquivando los ataques de los engendros. Cada vez que su daga chocaba con ellos, se escuchaba un "bend" de cuerda estirada al límite, una energía que desintegraba a los enemigos.
—¡Eso es! —gritó Ardan para sí mismo, sintiendo la rabia y el virtuosismo de la canción fluyendo por sus brazos—. ¡No podéis silenciar el trueno!
Tras la batalla, jadeante, Ardan se sentó sobre una roca. La adrenalina empezaba a bajar, dejando paso a una reflexión profunda. Miró el amuleto y pensó en lo que Elara le había dicho sobre este disco. "Es un álbum de contrastes", se dijo. "Pasa de la violencia técnica de un solo que te rompe el alma a la ligereza más absoluta en un abrir y cerrar de ojos". Realmente, Led Zeppelin II era la banda sonora perfecta para este mundo bipolar en el que vivía: un lugar capaz de la belleza más sublime y de la oscuridad más aterradora.
La Dama del Camino y el Largo Viaje
A pocos kilómetros de las Tierras Sombrías, Ardan encontró una posada que parecía resistir el avance de la Disarmonía. Allí, una mujer de cabellos dorados y armadura ligera manejaba el lugar con una energía envidiable. Se llamaba Lyra, y aunque parecía una simple posadera, en sus ojos brillaba la chispa de una antigua guerrera.
Lyra no era alguien a quien se pudiera ignorar. Era una "Living Loving Maid", una mujer con una personalidad arrolladora que no aceptaba un "no" por respuesta. Mientras le servía a Ardan una jarra de hidromiel, ella tarareaba un ritmo pegadizo, uno que hacía que los clientes se sintieran, por un momento, a salvo de la oscuridad exterior.
—Has pasado por las Cumbres, muchacho —dijo ella, apoyando sus manos callosas en la mesa—. Tienes el aroma del rayo. Pero cuidado, el camino hacia las Tierras Bajas es largo y está lleno de distracciones.
—Debo seguir —respondió Ardan—. El Corazón de Piedra depende de ello.
—Entonces debes prepararte para un "Ramble On", un viaje sin descanso —añadió ella con una sonrisa cómplice—. Como dicen los antiguos textos de La Playlist del Yeyo, para alcanzar la gloria hay que caminar por senderos que nadie más se atreve a pisar.
Ardan se despidió de Lyra al alba. Ella le entregó una pequeña bolsa con suministros y un consejo: "Este disco, Led Zeppelin II, nos enseña que la estructura es importante, pero la improvisación es vital. No sigas siempre el camino marcado; a veces, el riff más extraño es el que te salva la vida". Ardan asintió, comprendiendo que la técnica depurada de Jimmy Page y la base rítmica de hierro de la banda eran metáforas de la disciplina y la pasión necesarias para su misión.
El camino se extendía ante él. Ardan caminaba al ritmo de un bajo hipnótico, sintiendo que cada paso lo alejaba de su hogar pero lo acercaba a la salvación de Aerthos. Las hojas crujían bajo sus botas, y en su mente, la letra de la canción hablaba de Gollum y el Señor Oscuro, recordándole que no era el primero en enfrentarse a una odisea fantástica. "Tengo que seguir adelante", pensó, "por la música, por mi abuelo, por el mundo".
El Retumbar del Vacío
El gigante de piedra y vapor, al que los antiguos llamaban "El Tronador de Bonham", no se detuvo tras los primeros compases. Sus martillos de granito no solo golpeaban el suelo, sino que rasgaban el tejido mismo de la realidad. Cada golpe de "Moby Dick" creaba ondas de choque que convertían el aire en algo sólido, una barrera de sonido puro que Ardan debía atravesar.
Ardan no solo corría; danzaba en una agonía de esfuerzo físico. La percusión era tan potente que sus oídos sangraban, pero su espíritu, alimentado por la esencia de Led Zeppelin II, encontraba el ritmo oculto entre el caos. Comprendió que el solo de batería no era una simple exhibición, sino un código geométrico. Si fallaba un paso, si perdía el tempo un solo milisegundo, los martillos lo aplastarían contra la eternidad.
—¡Es la fuerza bruta contra la voluntad! —gritó Ardan, mientras saltaba sobre un fragmento de montaña que flotaba por la vibración.
Al llegar al centro del estruendo, Ardan no encontró una baqueta de oro, sino algo mucho más inquietante: un vacío en forma de cilindro que absorbía toda la luz. Al tocarlo, el gigante se desintegró en una lluvia de ceniza y notas musicales suspendidas en el aire. El joven regresó al Santuario del Eco, pero el silencio que lo rodeaba ahora era pesado, antinatural.
Al insertar el cilindro en el Corazón de Piedra, la explosión no fue solo de luz. Fue una amalgama de visiones. Vio a cuatro figuras sombrías en lo alto de un dirigible de plata cruzando cielos de fuego; escuchó gritos de éxtasis y llanto. La Disarmonía retrocedió, sí, pero no desapareció. Se transformó en algo más delgado, más sutil.
—Está hecho... —susurró Elara, el Guardián, aunque su rostro no mostraba alegría, sino un terror reverencial.
El Corazón de Piedra comenzó a latir con un tono dorado, pero en su centro, una pequeña mancha negra, como una gota de tinta en un océano de luz, comenzó a expandirse rítmicamente. Ardan miró sus manos: las venas brillaban con una luz eléctrica, pero sus dedos empezaban a volverse de piedra.
—¿Qué está pasando? —preguntó Ardan, sintiendo un frío gélido.
—Has despertado el Trueno —respondió Elara, retrocediendo hacia las sombras—. Pero el Trueno siempre viene antes de la Tormenta Final. El disco no era solo una cura, muchacho. Era un aviso. Has liberado el Amor Ilimitado, pero también has abierto la puerta a aquello que habita en las frecuencias que ningún hombre debería escuchar.
De repente, una vibración baja, un subgrave que no pertenecía a ninguna canción conocida, hizo que el santuario temblara. El amuleto de Ardan se quebró en dos. En la pared de la cueva, las runas que formaban el nombre de La Playlist del Yeyo brillaron con un rojo intenso y luego se apagaron.
Ardan se giró hacia la salida, pero la entrada de la cueva ya no daba a las Cumbres Quebradas. Ante él se extendía un océano de nubes de plomo y, a lo lejos, el sonido de una guitarra quejumbrosa empezaba a dibujar una melodía que no pertenecía a este disco, sino a algo que estaba por venir.
¿Había salvado Aerthos o simplemente había acelerado su metamorfosis hacia algo más peligroso? Ardan dio un paso hacia el vacío, y justo antes de que la oscuridad lo envolviera por completo, una voz femenina —quizás la de Lyra, quizás la de una musa olvidada— susurró en su oído: "El viaje no termina con el eco, Ardan. El eco es solo el principio del siguiente riff".
Y entonces, el silencio absoluto volvió a reinar. Pero era un silencio que aguardaba... un silencio que respiraba.
Epílogo y Reseña
Publicado el 22 de octubre de 1969, Led Zeppelin II no fue simplemente la continuación de un debut exitoso; fue el terremoto que terminó de dar forma al hard rock y al heavy metal tal como los conocemos. Grabado en plena gira, en diversos estudios de Europa y Norteamérica, el álbum destila una urgencia y una energía salvaje que lo llevaron directamente al puesto número 1 de las listas de éxitos tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos, desbancando nada menos que al Abbey Road de los Beatles. Con ventas que superan los 12 millones de copias solo en EE. UU. (Certificación de Diamante), este disco es un monumento a la producción de Jimmy Page y al virtuosismo de sus cuatro integrantes.
En su momento, la crítica fue mixta: algunos puristas del blues no entendían la potencia eléctrica de su sonido, pero con el paso de las décadas, la percepción ha cambiado radicalmente. Hoy en día es calificado unánimemente como una de las obras cumbre de la historia de la música, una amalgama perfecta de blues-rock psicodélico y pasajes acústicos que sentó las bases para generaciones de guitarristas y bateristas. Es, en esencia, el disco que demostró que el rock podía ser tan pesado como un zeppelin de plomo y tan etéreo como un sueño de Tolkien.
La Opinión del Yeyo
Como habréis comprobado todos aquellos que seguís La Playlist del Yeyo, no he incluido hasta el momento, ningún disco de hard rock, o heavy metal, o simplemente rock duro, como lo conocíamos entonces. Y no los he incluido porque por aquellos finales de los 70 y años 80, ese tipo de rock me parecía pesado, difícil de entrar, me costaba digerirlo. Lo que hacía entonces era, dejarlo de lado, no seguirlo. Me centraba en otro tipo de música, mas alternativa, mas “suave” y digerible a mis oídos.
Cuando llegaron los 90, y apareció el grunge, y posteriormente el britpop, es cuando descubrí el verdadero sonido de las guitarras distorsionadas, y potentes. Y es cuando se me abre un mundo entero de rock distorsionado, duro, y le abro mi mente al hard, al heavy, y al metal. Pero ojo, no a todo, solo a algunas bandas, y de ellas, a algunos discos concretos, que me parecen verdaderas obras de arte. Es el caso de Led Zeppelin. Ya con internet, y con mucho mas fácil acceso a la música, empiezo a bucear por estos estilos y como no, empiezo, pues por donde debo empezar, por los padres del hard, y del heavy. Empiezo por Led Zeppelin. Y este es el primer gran descubrimiento de esa búsqueda. El Led Zeppelin II. Lo digo como lo sentí en su momento: “lo flipé”
Si lo que quería era disfrutar de un buen rasgueo de guitarra, aquí lo encontré. Sin duda la protagonista del Led Zeppelin II es la guitarra, y estos tios la tocan como los ángeles. Pero no vayas a pensar que todo es guitarra en el disco, aunque sea la principal protagonista, hay unas melodías verdaderamente preciosas, y tampoco es tan duro como puede parecer en un primer momento, si te fijas detenidamente en su escucha, hay momentos muy delicados, e incluso elegantes, a pesar de su dureza. Incluso te puedes encontrar un solo de batería, si, de batería. Este álbum, es una verdadera joya, y escucharlo te da la medida de lo que eres capaz de soportar. Si lo disfrutas, el hard es lo tuyo. Si no, no sigas buscando, no encontrarás nada que te guste. En mi humilde opinión, este pedazo de álbum es la puerta de entrada al hard rock. Y La Playlist del Yeyo, ha cruzado su umbral. Larga vida.
Podeis visitar la página de La Playlist del Yeyo, en la que están ubicados todos los videos colgados en el blog, a modo de playlist, incluidos los de Led Zeppelin, para que los disfruteis todos juntos, y en el orden que querais. También teneis una página con el Catálogo que contiene todos los discos que tiene relatados y analizados, La Playlist del Yeyo. Y si buscas una canción o un video que no está en La Playlist del Yeyo, lo puedes localizar en el Buscador del Yeyo, procurando especificar bien el video o canción que quieres localizar.
¡¡Hasta la próxima!!
P.D.: Si quieres suscribirte al blog, para estar informado de todo lo que ocurra en él, pulsa en este enlace, y rellena el formulario que te sale. No te preocupes, no cuesta nada. Es muy fácil. Solo tienes que poner tu nombre y una dirección de correo electrónico. Nada más. Hazlo y te lo agradeceré eternamente. Gracias.