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Bienvenidos a La Playlist del Yeyo

Bienvenid@ a mi rincón musical del siglo XX. Donde vive la magia.

Si decides navegar por estos mares, pronto descubrirás que me he quedado anclado en el siglo pasado. Y no podría estar más orgulloso. Este pequeño fondeadero, perdido en el vasto océano de internet, es un lugar donde las historias suenan y la música se cuenta. ¿O es al revés? El caso es que en sus publicaciones te narro relatos con banda sonora. ¡O quizá te convierto un disco en narrativa! ¡Bueno, no sé!

Tú decides si vienes por las historias o por las canciones. Este fondeadero abraza ambas cosas. En cualquier caso, aquí se combinan narrativa y buena música. La mejor música del siglo XX.
Publicado enero 26, 2026 por Aurelio Vázquez Sánchez con 0 comentarios

Dover-Devil Came to Me

Interpretación visual de Devil Came to Me de Dover-La Playlist del Yeyo

📊 DATOS CLAVE:  Publicado el 21/04/1997 | Vendidas +800.000 copias (Disco de Diamante) | N.º 1 en listas españolas | Hito: Primer grupo independiente en arrasar en ventas masivas y ganar el MTV EMA a Mejor Artista Español con un presupuesto de grabación mínimo


Para entonces, en España, era raro que unas chicas tuvieran tanta fuerza y tanto desparpajo, a la hora de tocar rock. Y precisamente eso fue lo que me atrajo


Menú de Contenido:

  • 1. Dover, El Pacto del Garaje de 1997 (Narrativa)
  • 2. El Archivo Multimedia (Vídeo)
  • 3. El Podcast del Yeyo (Audio)
  • 4. Epílogo y Reseña técnica
  • 5. La Opinión del Yeyo

Dover, El Pacto del Garaje de 1997

El aire en Alcorcón se sentía pesado, cargado de esa mezcla de polución y derrota que solo las ciudades dormitorio de los noventa sabían destilar. En el interior de aquel garaje, el olor a humedad se mezclaba con el aroma a café recalentado y tabaco barato. Cristina Llanos dejó caer su Fender Stratocaster con un golpe seco. El silencio que siguió fue más ruidoso que cualquier acople de amplificador.

No está ahí, Amparo. No suena -dijo Cristina, pasándose una mano por el pelo corto, con los ojos inyectados en sangre por la falta de sueño.

El Archivo Multimedia

archivo multimedia

Amparo, su hermana, la miró desde el otro lado del local. Ella era el ancla, la técnica, pero incluso sus dedos parecían entumecidos. Habían sacado un disco pero el mundo les había respondido con un bostezo. Eran una banda de rock cantando en inglés en la España de los cantautores. Eran extrañas en su propia tierra.

Mañana saldrá -respondió Amparo sin mucha convicción-. Vámonos a casa.

El Podcast del Yeyo

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Jesús y Álvaro ya habían recogido. Las luces del polígono se apagaban una a una. Pero Cristina se quedó. Necesitaba esa "chispa" que los separaba de la mediocridad. Cuando la puerta metálica se cerró, el silencio se volvió absoluto. Fue entonces cuando la sombra comenzó a despegarse de la pared.

se presenta el diablo

No hubo fuego. Solo un descenso brusco de la temperatura. Una figura, vestida con un traje de corte impecable pero de un color negro que parecía absorber la poca luz, estaba sentada sobre un amplificador Marshall. Sus ojos eran, simplemente, dos huecos hacia el vacío.

Darías lo que fuera, ¿verdad? -la voz era un susurro que vibraba directamente en los huesos de Cristina.

¿Quién eres? -logró articular ella, medio asustada.

Soy el que trae el fuego cuando el invierno es demasiado largo. He oído tu música. Es correcta. Pero le falta el hambre. Le falta el peligro. Yo puedo darte eso. Serás la reina de un imperio de distorsión. Vuestra música será un incendio que nadie podrá apagar. Llenaréis estadios, vuestros nombres serán leyenda.

Cristina dio un paso adelante, hipnotizada-. ¿A cambio de qué?

El extraño sonrió, y fue la visión más aterradora que Cristina había tenido jamás-. A cambio de algo que ahora no echarás de menos. Un pequeño fragmento de tu arquitectura espiritual. Un hilo que me permitirá observar a través de tus ojos cuando la gloria sea insoportable. No lo entenderías hoy. Pero el contrato lo firmarás con la primera nota que logres tocar de aquella canción.

El extraño señaló la guitarra. Cristina la colgó de su hombro. Sus dedos se movieron con una agilidad sobrenatural. Un riff oscuro, circular y endiablado nació de las cuerdas. Devil Came To Me

Cuando terminó el último acorde, el garaje estaba vacío. Pero la energía era distinta. Amparo entró corriendo, atraída por el sonido.

¡Cris! ¿Qué ha sido eso? -exclamó Amparo, asustada-. Ese riff... suena auténtico, crudo, como si el grunge de Seattle hubiera bajado a este sótano y se hubiera vuelto loco. Es directo, estrofa, estribillo, estrofa... sin tonterías. ¡Es jodidamente perfecto para abrir el disco!

Cristina no respondió. Tenía la mirada perdida en la esquina donde la sombra se había desvanecido.

La Fiebre de la Composición

Las semanas siguientes fueron un torbellino febril. La banda entró al estudio con una confianza que rozaba la arrogancia. Jesús, el batería, sudaba frío cada vez que terminaban una toma.

No sé qué os pasa a las dos -dijo Jesús mientras limpiaba sus platos-, pero estas canciones tienen una "mala leche" que no es normal. Mirad esta, "Loli Jackson". Es como si quisiéramos salir corriendo de aquí a toda velocidad.

Es que esa es la idea, Jesús -respondió Cristina, con una voz que sonaba un tono más grave que de costumbre-. Es el alma rebelde de todo esto. Tiene que sonar internacional, tiene que sonar como si estuviéramos en Londres o Los Ángeles, aunque estemos en Madrid. Fíjate en ese ritmo, es pura libertad peligrosa. Es rock de garaje, pero sin sonar a aficionado.

Amparo asentía, repasando las mezclas.

-Es verdad. No necesita artificios. Solo nuestras guitarras chocando entre sí. Es una canción redonda para los que se sienten fuera de sitio.

Pero mientras grababan, la "deuda", se cobraba sus primeras piezas. Cristina empezó a sentir un frío glacial en la garganta cada vez que se acercaba al micrófono. Sentía que su voz ya no le pertenecía del todo.

El Himno que Cayó del Cielo (o del Infierno)

Llegó el momento de registrar el tema que Cristina sabía que era el núcleo del pacto. Una mañana, apareció con una melodía que era, a la vez, una súplica y una exigencia.

Se llama "Serenade" -dijo simplemente.

Al terminar de grabarla, el productor se quedó en silencio tras el cristal.

¡Es el hit! -susurró-. Esa intro de bajo, la entrada de la batería... tiene esa melancolía que te engancha, pero luego te pega un puñetazo en el estómago cuando entran las guitarras. Es la canción que va a hacer que este disco lo escuche todo el mundo, no solo cuatro melenudos en un club.

Cristina sonrió débilmente. Sentía que con cada nota de esa "Serenata", el hilo invisible que la unía al extraño se tensaba un poco más.

El Frío del Éxito Inminente

Con el disco casi terminado, la tensión en la banda era palpable. No era una tensión mala, era el vértigo de saber que tenían algo gigantesco entre manos. Sin embargo, en los momentos de soledad, Cristina se sentía vacía.

Un tarde de lluvia, Amparo encontró a Cristina tocando una melodía lenta, casi invernal.

¿Qué es eso? -preguntó Amparo.

Una canción sobre el frío que hace aquí dentro -respondió Cristina sin mirarla-. "Winter Song".

Me gusta -dijo Amparo suavemente-. Le da profundidad al álbum. No todo puede ser distorsión a mil por hora. Este tema demuestra que también sabemos transmitir desolación. Es una cara más madura, Cris. Es necesaria para que el disco respire.

No sé si quiero que respire -murmuró Cristina-. Siento que cuanto más cerca estamos, más me congelo por dentro.

Percepción Distorsionada

A pocos días de lanzar el álbum, la percepción de la realidad para Cristina empezó a cambiar. Veía el mundo con colores extraños, como si estuviera atrapada en un espectro de luz que nadie más percibía.

Mirad el amplificador -decía a sus compañeros-, ¿no veis cómo vibra el aire a su alrededor?

De esa sensación nació otra descarga de adrenalina pura. "Spectrum"

¡Esto es puro punk americano! -gritó Álvaro, el bajista, tras terminar de ensayar-. Es corta, directa, en vena. Es el motor del disco, la que mantiene la tensión arriba. Si alguien piensa que nos hemos vuelto blandos con las baladas, esta canción les va a reventar los oídos.

Cristina no le escuchaba. Estaba mirando al fondo del pasillo del estudio. Allí, apoyado contra la pared, el hombre del traje negro la saludaba con un leve movimiento de cabeza. El tiempo se acababa.

El Final de la Grabación y la Traición del Silencio

La última canción de esta ficción fue la que puso el sello final al contrato. Una letra que hablaba de decepción, de sospecha, de lo que significa sentirse traicionado por la propia suerte. "Judas"

"Judas" es el cierre perfecto -comentó el técnico de sonido mientras ajustaba los niveles de la batería-. Tiene una fuerza rítmica que te deja sin aliento. Es como un golpe sobre la mesa. Deja al oyente con ganas de volver a empezar con ella de nuevo. Es una traición al silencio.

Cuando se apagaron las luces del estudio y la cinta dejó de girar, Cristina se quedó sola en la cabina. El hombre del traje negro apareció a su lado. No hubo palabras. Él simplemente puso su mano sobre el hombro de ella y, por un instante, Cristina no sintió su propio peso.

¡Ya está hecho! -susurró el extraño-. El disco está fuera. El mundo es tuyo. Disfruta de la ovación, Cristina. Yo estaré sentado en la primera fila de cada concierto, observando cómo florece mi inversión.

¿Qué has ganado tú con esto? -preguntó ella con un hilo de voz.

El extraño sonrió y se desvaneció, dejando solo el eco de una carcajada que se confundía con la retroalimentación de las guitarras.

El Estruendo de la Gloria y el Cobro de la Sombra

Tras la salida de Devil Came to Me, el país pareció despertar de un letargo. Lo que empezó en un garaje de Alcorcón se transformó en un incendio forestal que saltó de las radios independientes a las listas de los 40 Principales. Dover ya no era una banda; era un vendaval.

Las hermanas Llanos se vieron catapultadas a escenarios que antes solo habitaban en sus sueños. La gira fue una sucesión de noches eléctricas donde el sudor y la distorsión lo inundaban todo. En el Festimad, ante una masa humana que coreaba cada sílaba en inglés como si fuera su propia lengua materna, Cristina sintió por primera vez el peso real de la corona. Los aplausos no eran simples palmadas; eran un rugido oceánico, una energía que las elevaba por encima del suelo.

Fueron a Alemania, a México, a Francia. En cada festival, la crítica se rendía ante la evidencia: cuatro españoles estaban dando una lección de grunge y honestidad al mundo entero. Eran ovacionadas hasta la extenuación, con bises que se prolongaban bajo cielos estrellados y focos cegadores. Amparo, a la guitarra, era un metrónomo de pura rabia, y Cristina, frente al micro, cerraba los ojos y dejaba que esa voz —que ya no sentía del todo suya— desgarrara el aire.

el cobro de la deuda

Pero en el cenit de la última gran noche de la gira, con el estadio aun vibrando y los gritos de "¡otra, otra!" retumbando en los camerinos, el silencio volvió a encontrar a Cristina. Estaba sola, frente al espejo, quitándose los restos de maquillaje. Por el reflejo, vio la puerta abrirse. No fue Amparo, ni ninguno de los chicos.

El hombre del traje negro entró con la parsimonia de quien es dueño de todo el tiempo del mundo. No aplaudía, pero su sonrisa era más elocuente que cualquier ovación.

¡Ha sido un espectáculo magnífico, Cristina! -dijo, apoyándose en la pared-. Habéis tenido los festivales, el reconocimiento, el respeto de vuestros ídolos. El mundo os pertenece.

Cristina se giró lentamente, con el corazón martilleando contra sus costillas.

¡Ya está! Hemos cumplido. ¿Qué quieres ahora? ¿Cuándo se acaba esto?

El extraño se acercó hasta quedar a pocos centímetros de su rostro. El frío que emanaba era capaz de congelar el alma.

¿Acabarse? Esto es solo el principio. Pero recuerda nuestro trato. El éxito tiene un sabor que solo yo puedo digerir a través de ti. Cada vez que sientas el calor del aplauso, recuerda que una parte de esa alegría no te pertenece. Me la guardo yo. Y llegará un día en que mi parte sea mayor que la tuya.

Se dio la vuelta y, antes de salir, dejó caer una última frase que quedó flotando en el camerino como una maldición:

¡Disfruta de la cima, Cristina! Pero no olvides que yo soy el que sostiene la montaña... y puedo decidir cuándo convertirla en un abismo.

Cristina se quedó inmóvil. Fuera, la multitud seguía gritando su nombre, pero ella solo podía escuchar el eco de ese silencio absoluto. El éxito estaba allí, brillante y masivo, pero la sombra del pacto se proyectaba ahora sobre cada disco, cada canción y cada aplauso futuro en La Playlist del Yeyo, dejando una inquietud que ni la distorsión más fuerte lograría jamás acallar.

Epílogo y Reseña

icono radio

Contextualizar Devil Came to Me, de Dover, es hablar de un fenómeno sociológico más que meramente musical. Publicado el 21 de abril de 1997 bajo el sello independiente Subterfuge Records, este trabajo supuso la mayoría de edad del rock alternativo en España. Hasta ese momento, el mercado estaba dominado por el pop comercial y el rock en castellano; que una banda madrileña lograra el éxito masivo cantando en inglés fue una anomalía absoluta que rompió todos los techos de cristal de la industria.

epilogo devil came to me

Logró un hito histórico al vender más de 800.000 copias en España, convirtiéndose en el primer disco de una banda independiente en alcanzar el Disco de Diamante. Ganó el premio al Mejor Artista Español en los MTV Europe Music Awards de 1997. Contiene los himnos generacionales "Serenade", "Loli Jackson" y el tema homónimo "Devil Came to Me". Un detalle curioso es que el álbum se grabó en apenas 20 días con un presupuesto de 80.000 pesetas (unos 500 euros actuales), una cifra irrisoria para el impacto cultural que generó. Hoy es considerado el álbum más importante del rock alternativo nacional de los 90, habiendo envejecido como un trabajo crudo, honesto y técnicamente impecable que rompió las barreras del idioma en el mercado nacional.

La recepción inicial de la crítica fue de asombro y entusiasmo, llegando a calificarlo como “milagro grunge español”. Se destacó la crudeza de su sonido, heredero directo del espíritu de Seattle, pero con una inmediatez melódica que los hacía irresistibles. Con el paso de los años, el disco ha pasado de ser un "éxito del momento" a un clásico de culto y referencia obligada. Hoy se califica como el álbum que profesionalizó la escena indie española, demostrando que se podía tener una producción de bajo coste y una actitud auténtica sin renunciar a las ventas millonarias. Es, sin duda, el pilar sobre el que se construyó gran parte de la música alternativa nacional del siglo XXI.

La Opinión del Yeyo

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Recuerdo cuando salió este disco, que me enganchó totalmente, me lo compré en CD, en El Corte Inglés de Alicante, y lo escuché con avidez. Me encantó, tiene una fuerza, increíble. Para entonces, en España, era raro que unas chicas tuvieran tanta fuerza y tanto desparpajo, a la hora de tocar rock. Y precisamente eso fue lo que me atrajo. Eran valientes las hermanas Llanos, y hacían una música muy potente, y muy atractiva. Me encantaba escuchar esas guitarras distorsionadas, con la voz rabiosa de Cristina Llanos al frente. No era una banda única y exclusiva de chicas, pero ellas eran las protagonistas absolutas. Me recuerda mucho al grunge de Nirvana, de hecho se dejaron llevar por sus influencias a la hora de componer música. Eso, y el hecho de que siendo madrileños los Dover, y cantaran en inglés, me acabó de enganchar. No tengo nada contra el español, es más, hay mucha música en español que me gusta, pero el inglés, en la música pop del siglo XX, para mi es mi debilidad.

En cuanto a este fantástico disco, no solo contiene sus tres grandes canciones, que salieron como singles, es mucho más. Tiene joyas escondidas, que merece la pena descubrir, es el caso de temazos como Judas, o Rain of the Times, que son maravillosas y poderosas canciones, con una fuerza inmensa.

Y poco más tengo que decir, me gusta este álbum de Dover, me engancha su fuerza, y no puedo evitar disfrutar el CD cuando tengo oportunidad. La Playlist del Yeyo se congratula de incluir este discazo en su contenido. ¡Grande!

Podeis visitar la página de La Playlist del Yeyo, en la que están ubicados todos los videos colgados en el blog, a modo de playlist, incluidos los de Dover, para que los disfruteis todos juntos, y en el orden que querais. También teneis una página con el Catálogo que contiene todos los discos que tiene relatados y analizados, La Playlist del Yeyo. Y si buscas una canción o un video que no está en La Playlist del Yeyo, lo puedes localizar en el Buscador del Yeyo, procurando especificar bien el video o canción que quieres localizar.

¡¡Hasta la próxima!!


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Publicado enero 19, 2026 por Aurelio Vázquez Sánchez con 0 comentarios

Simple Minds-Sister Feelings Call

Interpretación visual de Sister Feelings Call de Simple Minds-La Playlist del Yeyo

📊 DATOS CLAVE:Álbum complementario de 'Sons and Fascination' que brilla con luz propia | Grabado en una etapa de enorme creatividad experimental en Londres | Incluye la icónica "The American" y la atmosférica "Theme for Great Cities" | Producido por Steve Hillage, capturando el sonido hipnótico y progresivo de la banda


"Es un maravilloso despliegue de técnica, de electrónica, es realmente una explosión de sonido, vanguardista, innovadora, y espectacular, para aquellos años"


Menú de Contenido:

  • 1. El Código del Sena (Narrativa)
  • 2. El Archivo Multimedia (Vídeo)
  • 3. El Podcast del Yeyo (Audio)
  • 4. Epílogo y Reseña técnica
  • 5. La Opinión del Yeyo

EL CÓDIGO DEL SENA

El invierno de 1981 se había instalado en París como un invitado que no sabe cuándo marcharse, tiñendo las avenidas de un gris plomizo que parecía filtrado por la lente de una cámara antigua. Julian Vane subió el cuello de su gabardina mientras cruzaba el Pont de Neuilly, sintiendo cómo el viento gélido del Sena buscaba cualquier resquicio en su ropa para recordarle que era un extraño en una ciudad que solo hablaba el lenguaje de la indiferencia. Julian no era un turista, ni tampoco un exiliado romántico de los que pululaban por el Barrio Latino; era un cazador de geometrías, un fotógrafo obsesionado con la frialdad de los nuevos centros urbanos que estaban redibujando Europa. En su bolso de lona, junto a los carretes de película de alto contraste, descansaba un objeto que se había convertido en su brújula moral y artística: un cassette de cromo donde había grabado, con pulcritud casi obsesiva, las pistas de un álbum que parecía haber sido compuesto exclusivamente para ser escuchado entre el hormigón y el cristal.

Aquel disco, Sister Feelings Call, poseía una cualidad que Julian no encontraba en las producciones más amables de la época. Era una obra desgajada, un gemelo oscuro que Simple Minds había dejado respirar por sí solo, lejos de la sombra de su hermano mayor. Para Julian, la música de Jim Kerr y los suyos en aquel momento no era solo pop vanguardista; era una arquitectura de sonido que reflejaba la paranoia y la modernidad de una década que acababa de nacer. Mientras caminaba hacia el complejo de La Défense, el joven fotógrafo sacó un pequeño cuaderno de notas de su bolsillo. En la primera página, bajo un sello circular que rezaba "La Playlist del Yeyo: Notas de un náufrago urbano", había escrito una frase que resumía su estado de ánimo: "Hay discos que se escuchan y discos que se habitan. Este es una ciudad en sí mismo".

junto al arco de La Defensa

Julian se detuvo frente a un escaparate apagado, observando su propio reflejo distorsionado en el vidrio. La ciudad, a esa hora en que la luz del día se rinde ante los fluorescentes, se sentía como un organismo vivo, mecánico y un tanto peligroso. Fue entonces cuando ajustó los auriculares de su Walkman y pulsó la tecla "Play". El mecanismo giró, el siseo de la cinta desapareció y, de repente, el mundo exterior perdió su sonido ambiente para ser sustituido por una pulsación rítmica que parecía emanar directamente del asfalto. No era una melodía amable; era una declaración de intenciones, un bajo que caminaba con la seguridad de quien conoce todos los callejones oscuros de la metrópolis.

El análisis que Julian solía hacer de este inicio era siempre el mismo: el grupo de Glasgow había logrado capturar el "zeitgeist" europeo sin decir una sola palabra. La ausencia de voz en el arranque del álbum no era una carencia, sino una elección estética radical. En sus notas para el blog, Julian destacaba cómo Derek Forbes, el bajista, lograba crear una tensión constante que servía de cimiento para que los sintetizadores de Mick MacNeil dibujaran estelas de luz, como los faros de los coches cruzando un bulevar bajo la lluvia. Era el sonido de la eficiencia, de la alienación y, paradójicamente, de una extraña libertad que solo se encuentra cuando uno decide ser un observador anónimo en una ciudad de millones de almas.

Theme for Great Cities

Justo cuando el tema alcanzaba su clímax hipnótico, el ojo de Julian, entrenado para detectar cualquier anomalía estética, se fijó en un movimiento inusual cerca de la boca del metro de Esplanade de La Défense. Un hombre con un maletín de cuero oscuro se apoyaba contra una columna, mirando nerviosamente hacia los lados. Segundos después, una mujer de apariencia aristocrática, vestida con un abrigo de piel sintética que brillaba bajo las luces de vapor de sodio, se acercó a él. No hubo palabras. Solo un intercambio rápido, un roce de manos que Julian capturó instintivamente con su Leica. El clic del obturador fue silenciado por el ritmo de la música en sus oídos.

Julian sintió una descarga de adrenalina. Aquello no parecía un encuentro amoroso, sino algo mucho más aséptico y profesional. Decidió seguirlos a una distancia prudencial, dejando que el pulso del post-punk guiara sus pasos por los pasillos de baldosas blancas del metro.

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La mujer se detuvo frente a un mapa del metro, pero no parecía buscar una dirección. Julian se colocó a unos metros, fingiendo revisar su cámara. En ese momento, ella se giró y sus miradas se cruzaron. No había miedo en sus ojos, sino una curiosidad gélida, casi metálica.

—Esa cinta que escuchas... —dijo ella, con un acento francés que cortaba el aire como una cuchilla— es demasiado moderna para alguien que usa una cámara tan vieja.

Julian, sorprendido de que ella hubiera notado su Walkman en medio del silencio del pasillo, respondió bajándose los auriculares:

—Es Sister Feelings Call. Es el sonido de lo que viene, aunque haya sido grabado en el pasado reciente. Es crudo, directo... como esta ciudad.

—Un disco de transición —replicó ella con una sonrisa enigmática—. Simple Minds está dejando de ser una banda de club para convertirse en algo más, pero en este álbum todavía tienen el barro de Glasgow en las botas. Me gusta. Es... honesto.


Ella se presentó como Isabelle. No trabajaba para el gobierno ni para ninguna embajada, o al menos eso dijo. Trabajaba para una corporación interesada en "limpiar" el futuro. Mientras caminaban hacia la superficie, la conversación derivó de forma natural hacia la crítica musical, como si el peligro que Julian acababa de fotografiar fuera secundario frente a la importancia de un buen sintetizador.

—"The American" es la clave —dijo Isabelle mientras salían a la Place de la Concorde—. Es la canción donde admiten que Europa está siendo seducida por el brillo de Estados Unidos, pero lo hacen con una melancolía que solo un europeo puede entender. Es una crítica envuelta en una melodía pop perfecta.

Pasaron por delante de un bar, e Isabelle le hizo un gesto con la cabeza, invitándolo a tomar algo en el. Julian, asintió, y entraron. Localizaron una mesa vacía junto a la ventana y se sentaron. 

The American

La música de The American inundó la mente de Julian mientras observaba a Isabelle. Esa canción era el eje central del disco. Analizándola con detenimiento, uno podía percibir la dualidad de la banda: el deseo de ser masivos y la necesidad de seguir siendo vanguardistas. La letra, críptica y evocadora, hablaba de una identidad que se desvanece ante el empuje cultural del otro lado del Atlántico. En el contexto de su aventura, Julian sentía que él mismo era ese "Americano" metafórico, un extraño tratando de descifrar un código que no le pertenecía.

Julian e Isabelle en el bar

—Lo que fotografiaste en La Défense no era un secreto de estado, Julian —confesó Isabelle, bajando la voz mientras el camarero servía dos copas de vino tinto—. Eran los planos de la nueva red de fibra que conectará los bancos de Europa. Información que vale millones. Pero lo que importa no es el dato, sino quién tiene el control del flujo. Como en la música: no importa la nota, sino el ritmo que la sostiene.

De repente, un coche negro frenó en seco frente al café. Dos hombres con gafas de sol, a pesar de la oscuridad de la noche, bajaron con paso decidido, pero no para que subieran ellos.

Isabelle no esperó a que se acercaran. Agarró a Julian por la manga de su gabardina con una fuerza inesperada y le gritó al oído por encima del estruendo de los sintetizadores que aún tronaban en su Walkman:

—Es hora de ver si tu juventud es tan maravillosa como dicen los Simple Minds en la cuarta pista del disco —dijo ella, agarrando a Julian por el brazo—. ¡Corre!

La persecución comenzó. No por calles estrechas, sino por los amplios bulevares que permitían alcanzar velocidades suicidas. Julian sentía el viento golpeando su rostro mientras subían al Citroën de Isabelle. El motor rugió, y él volvió a ponerse los auriculares. Necesitaba esa última dosis de energía, esa mezcla de optimismo y urgencia que solo una canción podía darle en ese momento de caos.

Wonderful in Young Life

La canción estalló en sus oídos. Wonderful in Young Life era, para Julian, la pieza más subestimada del álbum. Tenía esa luminosidad que contrastaba con la oscuridad de los temas anteriores, una celebración de la vitalidad en medio de un mundo que se volvía cada vez más frío y tecnológico. Mientras Isabelle esquivaba el tráfico, Julian sentía que la música le daba una invulnerabilidad momentánea. La crítica solía decir que este tema era el puente hacia el sonido más comercial que la banda abrazaría después, pero en aquel coche, rodeados de sombras y luces de neón, sonaba como un himno de resistencia.

Lograron perder a sus perseguidores en el laberinto de calles cerca de Montmartre. El coche se detuvo en un mirador desde donde se dominaba todo París. El sol empezaba a asomar tímidamente, tiñendo de rosa los tejados de zinc. Isabelle respiraba agitada, pero mantenía esa elegancia imperturbable.

—Lo hemos logrado —susurró ella—. Tienes las fotos. El mundo sabrá quién está construyendo las jaulas de cristal del futuro.

despedida con un beso

Julian miró su cámara. Sabía que aquellas imágenes terminarían en la redacción de su revista, pero también sabía que la verdadera historia, la que importaba, era la que acababa de vivir al ritmo de Sister Feelings Call. Había sido una noche de revelaciones, donde la música y la vida se habían fundido de forma orgánica, demostrando que un disco puede ser mucho más que una colección de canciones: puede ser la banda sonora de una revolución personal.

Isabelle le dio un beso fugaz en la mejilla, montó en su citroen y desapareció entre los callejones antes de que él pudiera decir nada. Julian se quedó solo, viendo cómo París despertaba. Abrió su cuaderno, pasó a la última página de su crónica y escribió: "A veces, la respuesta no está en lo que vemos, sino en lo que escuchamos mientras miramos". Debajo, dibujó una vez más el logo de La Playlist del Yeyo, cerrando el capítulo de una noche que nunca olvidaría.

Epílogo y Reseña

icono radio

Publicado originalmente el 7 de septiembre de 1981, Sister Feelings Call no nació como un álbum independiente, sino como un disco de acompañamiento que se entregaba gratuitamente con las primeras copias del álbum de estudio Sons and Fascination. Sin embargo, la fuerza de sus composiciones era tal que la discográfica Virgin decidió publicarlo por separado apenas unos meses después, reconociendo que contenía algunas de las piezas más innovadoras de la carrera de Simple Minds. En términos de ventas, aunque su naturaleza inicial de "bonus disc" dificultó que alcanzara las cifras millonarias de sus sucesores, el conjunto de ambos discos llegó al puesto número 11 en las listas del Reino Unido, consolidando a la banda como los nuevos líderes de la vanguardia británica.

epilogo sister feelings call

La crítica de la época recibió el disco con una mezcla de desconcierto y fascinación; medios como NME y Melody Maker destacaron la transición hacia un sonido más europeo y electrónico, alejándose del punk para abrazar el krautrock y la experimentación. Con el paso de las décadas, la valoración de Sister Feelings Call solo ha crecido. Hoy es considerado un disco de culto esencial, un momento de libertad creativa absoluta antes de que la banda se convirtiera en un fenómeno de estadios con "Don't You (Forget About Me)". Se le califica actualmente como una obra maestra del post-punk y la New Wave, un ejercicio de atmósfera y ritmo que sigue sonando tan moderno y relevante como la noche en que Julian Vane caminó por las sombras de París buscándose a sí mismo.

La Opinión del Yeyo

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Este pedazo de disco, según mi humilde punto de vista, es un homenaje a la experimentación con el sonido. Creo recordar por aquellos entonces, en los años 80, las bandas querían sorprender a sus fans y al resto, con nuevos sonidos, utilizando sintes, cajas de ritmos, o esas famosas guitarras de teclados, keytars, que se extendieron mucho por aquella maravillosa década de los 80. Pues los Simple Minds, en estos primeros 80’s, fueron unos grandes creadores, no fueron los precursores, pues ya se había inventado, pero ellos llevaron esa experimentación a unos niveles realmente increíbles, y este Sister Feelings Call, tiene unos temas deliciosamente innovadores para aquellos años.

Su sonido era raro, muy vanguardista para lo que sonaba entonces, pero a mi me encantaba. Y para muestra, un botón. Me he dejado este video con esta canción para esta sección de mi opinión, para mostraros mi idea. Es Sound in 70 Cities y en mi opinión, refleja a la perfección, esa visión experimental que tenían los Simple Minds, y los sonidos nuevos que creaban, y con los que nos sorprendían. Aun recuerdo que en este tema, el sonido repetitivo que suena parece el mugir de una vaca, y cuando lo escuchábamos mis amigos y yo, en aquel tiempo, nos reíamos mucho. Pero nos encantaba.

Por lo demás, quiero destacar esa primera canción del álbum, Theme for Great Cities, que es la estrella del disco, y se ha convertido en uno de los temas mas destacados de la banda escocesa, y mas queridos por sus fans, entre los que me incluyo. Es un maravilloso despliegue de técnica, de electrónica, es realmente una explosión de sonido, vanguardista, innovadora, y espectacular, para aquellos años. Tiene un ritmo vibrante, trepidante, que quiere mostrar el ritmo de la vida urbana, de las ciudades, y a fe mía que lo consigue. Si me apuras, incluso te pone nervioso, es estresante, como la propia dinámica urbana. Pero demoledor. Rotundo, y grandioso.

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Pero el resto de temas del álbum, no baja el nivel, son diferentes, sin duda, pero si te gusta escuchar música innovadora, vanguardista, y novedosa para aquellos años, este disco es una opción muy válida. Te aseguro que escucharla detenidamente, te ofrecerá sensaciones muy sugerentes y fascinantes. Canciones como League of Nations, o Careful in Career, aparte de las ya citadas en la trama de este post, te van a aportar nuevas emociones, y sensaciones, que no habrás vivido en aquellos años 80, si es que los viviste. Y si no los viviste, te darán una muestra de la motivación que tenían muchos artistas para innovar y revolucionar el mundo de la música, por aquellos años.

La Playlist del Yeyo, debe incluir este pedazo de disco en su contenido, por lo valioso y extraordinario de sus argumentos. Sin duda lo merece.

Si te consideras admirador, fan o simplemente quieres entretenerte un poco más con esta banda escocesa, que es Simple Minds, te propongo que le eches un vistazo a estos nuevos post de La Playlist del Yeyo, que versan sobre algunos discos de las Mentes Simples, como por ejemplo, New Gold Dream(81-82-83-84), o Empires & Dance

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Publicado enero 16, 2026 por Aurelio Vázquez Sánchez con 0 comentarios

Wings-Greatest

Interpretación visual de wings greatest de Wings-La Playlist del Yeyo

📊 DATOS CLAVE:Primer recopilatorio oficial de la etapa post-Beatle de Paul McCartney | Incluye 12 grandes éxitos como "Band on the Run" y "Live and Let Die" | Disco de Platino en EE. UU. y Reino Unido | Recoge el sonido característico del Soft Rock y Pop de los años 70


"Eso que dicen que sus canciones son un poco ñoñas, pues que queréis que os diga, a mi me encantan, me suenan deliciosas, tiernas, pero no ñoñas. Quizá divertidas, incluso un poco infantiles, puede, pero a mi personalmente me entran de maravilla"


Menú de Contenido:

  • 1. Entrevista a Macca/78 (Narrativa)
  • 2. El Archivo Multimedia (Vídeo)
  • 3. El Podcast del Yeyo (Audio)
  • 4. Epílogo y Reseña técnica
  • 5. La Opinión del Yeyo

Entrevista con Macca/1978

El DeLorean rugió al estabilizarse en el tejido espaciotemporal de 1978. Al salir del coche, el aire de Londres olía a lluvia reciente y a carbón. Lo dejé descansar oculto tras unos contenedores en un callejón de St. John's Wood, y caminé hacia los estudios Abbey Road con una mezcla de nervios y determinación y con el corazón martilleando contra las costillas. No era solo un viaje en el tiempo; era la cita de mi vida. Llevaba conmigo mi grabadora y la responsabilidad de representar a millones de melómanos que, en 2026, siguen venerando cada nota de este hombre, mi entrevistado, nada mas y nada menos que el gran Sir Paul McCartney, Macca para los amigos.

Al entrar en el Estudio 2, el ambiente era eléctrico y la luz era cálida, casi ámbar. Allí estaba él. Paul estaba sentado frente a una consola Midas, rodeado de cables y ceniceros medio llenos. Al verme aparecer con mi sudadera de La Playlist del Yeyo, arqueó una ceja y sonrió con esa calidez que solo él posee.

Macca, con su mirada despierta y ese aura de quien sabe que ha vuelto a ganar la partida al destino, se levantó para estrecharme la mano, y después de unas palabras afectuosas hacia mí, nos sentamos en la mesa adecentada para la entrevista. Frente a nosotros, dos micrófonos con el logo de La Playlist del Yeyo esperaban el inicio de una charla histórica.

Yeyo y Macca frente a frente

Yeyo: Paul, antes de empezar, quiero que sepas que esto es un hito para La Playlist del Yeyo. Vengo del año 2026, donde tu legado es ya eterno, pero estar aquí contigo en 1978, justo cuando lanzas este recopilatorio Wings Greatest, es un privilegio que difícilmente puedo describir con palabras. Eres, para todo el mundo, la columna vertebral del pop moderno.

Macca: (Sonríe y se inclina hacia el micro) ¿2026? Tío, eso suena a ciencia ficción de la buena. Me alegra saber que mis canciones sobreviven tanto tiempo. Si el Yeyo dice que soy importante, me lo tendré que creer. Me gusta el nombre de tu canal, tiene personalidad. Vamos a darle a tu audiencia lo que busca. Venga. Dispara.

Yeyo: Gracias Paul, vamos a ello. Es obligatorio empezar por el principio de la década. En 1970, el mundo se detuvo cuando los Beatles se separaron. Fue un proceso doloroso, con pleitos y una relación muy tensa con John Lennon. ¿Cómo se pasa de ser un "Fab Four" a ser un hombre solo en una granja de Escocia?

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Macca: Fue un colapso, Yeyo. No voy a mentirte. Me sentí vacío. John y yo... bueno, éramos hermanos, y que termináramos comunicándonos a través de abogados fue devastador. Me refugié en Escocia con Linda. Ella fue mi roca. "Another Day" nació de ese silencio. No quería escribir himnos generacionales, quería escribir sobre la vida común, sobre la gente que se levanta y sigue adelante. Fue mi manera de decirme a mí mismo que yo también podía seguir.

Yeyo: Esa sencillez se convirtió en tu marca, pero también en el blanco de las críticas. Te acusaron de ser demasiado blando. Sin embargo, en 1973 publicas "My Love", una balada dedicada a Linda que cerró muchas bocas. ¿Cómo fue grabarla en directo con una orquesta aquí mismo, en Abbey Road?

Macca: Fue una apuesta arriesgada. La grabamos con una orquesta de 50 músicos, todos tocando a la vez. Quería que la emoción fuera real, sin trucos de estudio. Muchos decían que era una canción "melosa", pero el amor por Linda era lo único real que tenía en ese momento. Y el solo de Henry McCullough... él me pidió cambiar lo que habíamos ensayado justo antes de grabar. Le dije: "Adelante". Lo que hizo fue puro sentimiento. Una sola toma y pasó a la historia.

Yeyo: Ese mismo año, das un giro radical con "Live and Let Die". De repente, Paul McCartney se convierte en el sonido de James Bond. Trabajar de nuevo con George Martin debió ser como volver a los días del Sgt. Pepper, ¿no?

Macca: Absolutamente. George es el único que sabe leer mi mente. Le dije que quería una canción que fuera como una montaña rusa: momentos tranquilos y luego explosiones orquestales. Queríamos algo que golpeara el pecho del espectador en el cine. Fue increíble ver cómo logramos meter rock, reggae y música clásica en poco más de tres minutos. Es una de mis favoritas para tocar, la energía es indescriptible.

Yeyo: Paul, quiero que hablemos de un momento crítico. Tras formar Wings y empezar a tener éxito, decides marcharte a Lagos, Nigeria, para grabar Band on the Run. Fue una decisión casi suicida. ¿Qué pasó realmente allí?

Macca: (Se pone serio y baja el tono de voz) Fue una pesadilla, Yeyo. Queríamos un sonido exótico, pero nos encontramos con el caos. Dos miembros de la banda nos abandonaron antes de salir. Ya en Lagos, Linda y yo fuimos atracados a punta de cuchillo mientras caminábamos por la calle; se llevaron todas nuestras pertenencias y las cintas con las maquetas de las canciones. Tuve que reconstruirlo todo de memoria. Y lo peor fue el nacimiento de Mary; Linda tuvo complicaciones muy serias y casi las pierdo a las dos. Band on the Run es el resultado de esa lucha por sobrevivir. Por cierto, me han dicho que en tu cuaderno de bitácora ya hiciste un gran artículo sobre ese disco, ¡invito a todos a leerlo! Lástima que yo no pueda. ¡Me encantaría!

Yeyo y Macca hablando

Yeyo: Tranquilo, podrás hacerlo en 2025. Pero seguimos a lo nuestro. Tras sobrevivir a Nigeria, Wings se convirtió en una máquina de éxitos. En 1976 lanzas "Silly Love Songs". Muchos vieron en ella una respuesta directa a las pullas de John Lennon sobre tus canciones "tontas". ¿Había algo de eso?

Macca: Bueno, la prensa siempre quiso enfrentarnos. Pero sí, había un poco de rebeldía en esa canción. Me decían: "Solo escribes canciones de amor tontas". Y yo pensé: "¿Ah, sí? Pues voy a escribir la mejor canción de amor tonta que jamás hayáis oído". El bajo en ese tema es puro ritmo, muy influenciado por lo que estaba pasando en las pistas de baile. Quería demostrar que el pop puede ser sofisticado y divertido al mismo tiempo.

Yeyo: En esa misma época publicas "Let 'Em In". Tiene ese ritmo de marcha, casi como si estuviéramos en una celebración familiar. ¿A quién estabas llamando a la puerta?

Macca: A todo el mundo. Menciono a mi hermano Michael, a Phil y Don... era una forma de abrir mi mundo al público. Después de tanta tensión legal y problemas en Nigeria, quería que Wings fuera una banda que invitara a la gente a entrar, a sentirse cómoda. Es una canción de paz, de puertas abiertas.

Yeyo: Paul, hay algo que los fans más melómanos te reprochan de este recopilatorio Wings Greatest. ¿Cómo es posible que hayas dejado fuera "Listen to What the Man Said"? Es un tema perfecto de la época de Venus and Mars.

Macca: (Se ríe) ¡Vaya, me has pillado! Es una gran canción, y el solo de saxo de Tom Scott es increíble. La verdad es que fue una cuestión de equilibrio en el vinilo. Queríamos que el disco tuviera una dinámica concreta y, lamentablemente, algunas canciones se quedaron en la sala de edición por falta de espacio físico. No es que no me guste, es que el disco tenía que fluir de una manera determinada. Prometo que estará en la próxima (risas).

Yeyo: Estamos en 1978 y "With a Little Luck" ha sido un éxito rotundo. La grabasteis en un barco en las Islas Vírgenes. ¿Buscabas ese sonido etéreo y relajado después de tanto estrés?

Macca: Sí, grabamos en el yate Fair Carol. Queríamos alejarnos de la ciudad. Usamos mucho el sintetizador Yamaha CS-80, que nos dio ese aire moderno y espacial. Fue una época de renovación. Habíamos perdido a otros dos miembros de la banda, y Linda, Denny y yo tuvimos que demostrar que Wings seguía volando. "With a Little Luck" era nuestra declaración de principios: con un poco de suerte, todo saldrá bien.

Yeyo: Y para terminar este viaje, hablemos de la canción que ha roto todos los moldes: "Mull of Kintyre". Has vendido más que cualquier single de los Beatles en Inglaterra. ¿Qué tiene esa zona de Escocia que te inspira tanto?

Macca: Es mi hogar. Es el lugar donde me curé las heridas tras la ruptura de los Beatles. Quería escribir un himno para los locales, para los pastores y la gente de la zona. Las gaitas de la Campbeltown Pipe Band le dieron ese sentimiento de tierra y pertenencia. Es una canción de amor a un lugar, y parece que el mundo entero se sintió identificado con ese sentimiento de nostalgia.

Yeyo: Paul, no te imaginas cuánto te agradezco esta charla. Para mí, para el blog y para el podcast de La Playlist del Yeyo, esto es un sueño hecho realidad. Gracias por tu música, por tu honestidad y por seguir siendo ese "chico de Liverpool" que cambió el mundo.

Maca: Gracias a ti, Yeyo. Me ha encantado tu pasión. Sigue con ese proyecto, porque la música necesita gente que la trate con este respeto. ¡Nos vemos en 2026!

Epílogo y Reseña

icono radio

Wings Greatest se lanzó oficialmente el 2 de noviembre de 1978 (EE. UU.) y el 1 de diciembre (Reino Unido), marcando el final de una era dorada para Paul McCartney & Wings. El álbum no solo fue un éxito comercial inmediato, alcanzando el número 5 en las listas británicas y permaneciendo en el Billboard 200 durante meses, sino que sirvió para silenciar a quienes dudaban de la capacidad de Macca para sostener una carrera tras los Beatles. En el Reino Unido, el disco alcanzó el estatus de Platino en cuestión de semanas, impulsado por el huracán de ventas de "Mull of Kintyre".

posado con mi admirado Macca

La crítica de 1978 fue, como era de esperar, dividida. Mientras revistas como Melody Maker elogiaban la impecable producción de los temas, otros sectores más alineados con la nueva ola punk veían en McCartney a un dinosaurio del pop. Sin embargo, el tiempo ha puesto cada nota en su lugar. Hoy, Wings Greatest es analizado por los historiadores musicales como una obra maestra de la ingeniería sonora de los setenta. Se destaca especialmente la transición de Paul del rock psicodélico al pop melódico de alta fidelidad.

A día de hoy, el disco sigue siendo una pieza esencial para cualquier coleccionista. Se valora no solo como un conjunto de éxitos, sino como el testimonio de un artista que, frente a la adversidad personal y profesional, decidió que su mejor respuesta sería siempre una melodía perfecta. Para los seguidores de La Playlist del Yeyo, este álbum es el recordatorio de que, con un poco de suerte y mucho talento, el vuelo nunca se detiene.

La Opinión del Yeyo

logo opinion

Me topé con este Wings Greatest de los Wings, bastante mas tarde de la fecha en la que se publicó, e incluso, durante los años 80, en los que musicalmente yo estaba a otras cosas, desconocía que Macca había participado en la banda Wings. Descubrí a McCartney, durante los 80, a partir del Give Me Regards to Broad Street, que me lo dejó en cinta de cassette, un antiguo compañero de la facultad. A partir de ahí, me gustó y me enganché a un par de discos más de Paul, Tug of War, y Pipes of Peace, que me enamoraron. Y a partir de ahí, como os he citado antes, me entretuve en otras cosas, con una música más alternativa, más rockera, e incluso la electrónica de los Depeche Mode, que también me engancharon, y de los cuales aun no he tratado en La Playlist del Yeyo, pero que llegarán, llegarán. 

opinion Yeyo

Pero fue en los 90, cuando leyendo, y suscrito al BID, si, al famoso Discoplay, me enteré de muchas cosas. Entre ellas, de la existencia de los Wings, y de su líder, mi viejo conocido Paul McCartney. Y como siempre he hecho cuando descubro una banda que me gusta, es conseguirme un disco de éxitos. Y así fue como cayó en mis manos este Wings Greatest.

Y caí prendado de el. Es una joya de recopilatorio. Tiene unas canciones preciosas, muy de McCartney, casi Beatles, con esa inconfundible y maravillosa voz que tiene mi admirado Macca. Eso que dicen que sus canciones son un poco ñoñas, pues que queréis que os diga, a mi me encantan, me suenan deliciosas, tiernas, pero no ñoñas. Quizá divertidas, incluso un poco infantiles, puede, pero a mi personalmente me entran de maravilla. Lo pseudoinfantil no está peleado con la calidad, o con la buena música. 

Si has leido con atención el post, te habrás dado cuenta de que no he incluido ninguna canción del Band on the Run, y no es por que no me guste ninguna, sino porque ya hay un post exclusivamente centrado en este Band on the Run, y en el que ya he incluido unos cuantos temas del mismo. Puedes leer el post pulsando en el enlace que hay en el título del álbum.

Aunque no está incluida en este álbum, yo si la voy a incluir en La Playlist del Yeyo; hablo de un tema, que debe estar si o si, en este recopilatorio. Así que aquí lo tenéis. Es “Listen to What the Man Said”, incluida en el disco Venus and Mars, y que es imperdonable, en mi humilde opinión, que no esté en este Wings Greatest. Pero sí estará en La Playlist del Yeyo. Y es un tema muy McCartney. Sencillo, fácil, tierno, Macca es así. Y a mi me encanta.

Si sientes admiración por los Beatles como banda, tienes incluidos en La Playlist del Yeyo, los siguientes discos, Rubber SoulRevolverSarget Pepper's Lonely Hearts Club BandMagical Mistery Tour

Y sobre los Ex-Beatles, tienes los siguientes discos: Imagine de John Lennon, George Harrison, de George Harrison, y de Paul McCartney, junto con Wings, Band on the Run

Podeis visitar la página de La Playlist del Yeyo, en la que están ubicados todos los videos colgados en el blog, a modo de playlist, incluidos los de Wings, para que los disfruteis todos juntos, y en el orden que querais. También teneis una página con el Catálogo que contiene todos los discos que tiene relatados y analizados, La Playlist del Yeyo. Y si buscas una canción o un video que no está en La Playlist del Yeyo, lo puedes localizar en el Buscador del Yeyo, procurando especificar bien el video o canción que quieres localizar.

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Publicado enero 05, 2026 por Aurelio Vázquez Sánchez con 0 comentarios

The Kinks Are the Village Green Preservation Society

Interpretación visual de Green Village de The Kinks-La Playlist del Yeyo

📊 DATOS CLAVE:Obra cumbre del Pop Barroco y el Rock Conceptual | Defensa poética de las tradiciones inglesas frente al progreso | Álbum de culto que influyó decisivamente en el Britpop | Último disco de la formación original de los Kinks.


"al escucharlo, detecto un toque retro, muy retro, muy antiguo, esos instrumentos, ese clavicordio, ese toque de music hall británico, de los primeros años del siglo XX, ese toque casi infantil y sobre todo nostálgico, y de añoranza"


Menú de Contenido:

  • 1. Operación: Mermelada de fresa (Narrativa)
  • 2. El Archivo Multimedia (Vídeo)
  • 3. El Podcast del Yeyo (Audio)
  • 4. Epílogo y Reseña técnica
  • 5. La Opinión del Yeyo

Operación: Mermelada de Fresa

CAPÍTULO UNO: El Fax que Llegó del Frío (Futuro)

El año era 1989. Un año extraño, si me permiten la observación. El Muro de Berlín estaba a punto de caer, pero en el pequeño pueblo de Little Dribbling-on-the-World, la preocupación principal seguía siendo si la Sra. Miggins ganaría el concurso anual de calabacines gigantes por décimo año consecutivo.

Little Dribbling era uno de esos lugares que los mapas modernos tendían a olvidar, una pequeña verruga de excentricidad británica incrustada en el verde paisaje de los Cotswolds. Era un lugar donde el tiempo no se detenía, pero ciertamente, arrastraba los pies.

Arthur Pendelton, nuestro héroe reacio, regentaba "Pendelton’s Curios & Teas", una tienda que olía permanentemente a polvo de lavanda y galletas digestive rancias. Arthur era un hombre de cuarenta y cinco años que parecía tener sesenta desde que cumplió los veinte. Usaba chalecos de rombos sin ironía alguna y consideraba que la introducción del microondas era el principio del fin de la civilización occidental.

El Archivo Multimedia

archivo multimedia

Aquella mañana de martes de noviembre, el aire era gris y húmedo, el tipo de clima inglés que te cala hasta los huesos y te hace cuestionar tus decisiones vitales. Arthur estaba quitando el polvo a una tetera victoriana con forma de coliflor cuando sucedió.

El monstruo en la esquina de la tienda despertó.

Era una máquina de fax. Un armatoste de plástico beige que Arthur había comprado a regañadientes el año anterior porque su sobrino de Londres le dijo que era "el futuro de los negocios, tío Arty". Hasta la fecha, solo había servido para recibir publicidad de suministros de oficina al por mayor.

La máquina pitó, chirrió y comenzó a vomitar papel térmico rizado con un sonido agónico, como un robot con indigestión. Arthur se acercó con cautela, como si se acercara a un tejón herido.

Arrancó el papel brillante. La cabecera tenía un logotipo agresivo: un águila calva con gafas de sol y un maletín, sobre las letras "GLOBAL AMUSECORP INTERNATIONAL".

el fax fatídico

Arthur ajustó sus gafas de lectura. Cuanto más leía, más pálido se volvía su rostro, superando el tono de la leche desnatada y acercándose al de la porcelana fina.

El fax no era un pedido de teteras. Era una notificación de compra obligatoria. Global Amusecorp, un conglomerado con sede en Delaware, Estados Unidos, había adquirido los derechos sobre el 80% de los terrenos de Little Dribbling, incluyendo el sagrado "Village Green" (el prado comunal), el pub "The Tudor Rose" y, horriblemente, su propia tienda de curiosidades.

El propósito: la construcción de "Ye Olde England Adventure World™", un parque temático interactivo de 500 hectáreas.

Arthur leyó una frase que le heló la sangre: "La autenticidad será reemplazada por una experiencia de cliente mejorada. Se demolerá el roble centenario para dar paso a la montaña rusa 'El Vuelo del Dragón'. El pub local será sustituido por un patio de comidas temático con franquicias de hamburguesas".

¡Santo cielo! murmuró Arthur, sintiendo que el mundo se inclinaba bajo sus pies.

Salió de la tienda, olvidando ponerse su abrigo de tweed. Caminó hacia el centro del pueblo, hacia el Village Green. El prado estaba desierto, salvo por un pato con aspecto gruñón cerca del estanque. El gran roble, bajo el cual generaciones de amantes se habían tallado promesas y los ancianos habían dormido siestas bajo el sol de agosto, se erguía majestuoso e ignorante de su destino.

Arthur necesitaba ayuda. Necesitaba un ejército. Pero todo lo que tenía era Little Dribbling.

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Su primera parada fue el pub. Eran las 11:30 de la mañana, una hora perfectamente respetable para una crisis. Empujó la pesada puerta de "The Tudor Rose". El olor a cerveza rancia, humo de cigarrillo añejo y vinagre de las patatas fritas lo golpeó como un abrazo familiar.

Detrás de la barra estaba Vic, el tabernero, que llevaba un trapo al hombro que probablemente había visto la coronación de la Reina Isabel II. Y en la esquina de siempre, frente a una pinta de cerveza negra a medio terminar, estaba Walter.

Walter Higgins. En 1968, Walter había sido el capitán del equipo de rugby de la escuela local, un coloso de músculos y gomina que hacía suspirar a las chicas del instituto. Ahora, en 1989, Walter era una masa esférica de melancolía enfundada en una cazadora Harrington que le quedaba dos tallas pequeña. Su cabello había emigrado de su cabeza a sus orejas.

Walter, -dijo Arthur, depositando el fax sobre la mesa pegajosa. - Tenemos un problema. Quieren convertir el pueblo en Disneylandia.

Walter eructó suavemente, miró el papel sin leerlo realmente y suspiró con la profundidad de un filósofo griego.

con Walter en el pub

¿Sabes, Arthur? -dijo Walter, con la mirada perdida en la espuma de su cerveza. - A veces me siento aquí y trato de recordar cómo era todo antes de que... bueno, antes de que todo se volviera tan rápido. ¿Te acuerdas de cuando robamos esas sidras y nos escondimos detrás del pabellón de críquet? Parecía que el verano iba a durar para siempre.

Arthur asintió. La nostalgia de Walter era un pozo sin fondo, pero era el combustible que necesitaban.

Lo recuerdo, Walter. Y por eso tenemos que luchar.

Arthur se acercó a la vieja máquina de discos del rincón. Una Wurlitzer que Vic mantenía funcionando a base de patadas y rezos. Arthur rebuscó en sus bolsillos, sacó una moneda de cincuenta peniques y buscó un disco muy concreto. No era Bon Jovi, ni Madonna, ni ninguno de esos ruidos modernos que sonaban en la radio.

Era un disco que había estado allí desde que Arthur tenía memoria. Un disco que sonaba a madera vieja, a clavicordios y a una resistencia amable. Era, The Kinks are the Village Green Preservation Society. La aguja cayó sobre el vinilo con un crujido reconfortante. Y comenzó así, la primera canción del álbum. The Village Green Preservation Society

Mientras la voz nasal y absolutamente británica de Ray Davies llenaba el pub, cantando “We are the Village Green Preservation Society / God save Donald Duck, vaudeville and variety”, Arthur vio cómo los ojos de Walter se enfocaban.

Este disco... -murmuró Walter-. Siempre me ha hecho sentir triste y feliz al mismo tiempo. Es como... como si supieran que todo esto iba a desaparecer incluso antes de que sucediera.

Exacto, Walter -dijo Arthur, sintiendo una oleada de determinación.

 Ray Davies no escribió esto como una canción bonita. Lo escribió como un manifiesto. Somos nosotros. Somos la Sociedad de Preservación del Village Green. Y maldita sea si vamos a dejar que unos yanquis con hombreras y teléfonos de ladrillo nos quiten nuestra mermelada de fresa y nuestra partida de dardos de los martes.

Arthur vio cómo Walter bajaba la mirada hacia sus manos callosas. El silencio que siguió fue denso, cargado de los veinte años que habían pasado desde que ambos se creían dueños del mundo. Arthur recordó al Walter de 1968: el chico que juraba que se mudaría a Australia, que nunca se casaría y que siempre mantendría ese fuego rebelde en los ojos. Ahora, Walter solo quería que no le movieran su banqueta favorita del pub.

Arthur volvió a la máquina de discos. Buscó la pista número dos. Necesitaba que Walter se enfrentara a su propio reflejo, no en un espejo, sino en una melodía. La de Do You Remember Walter?

Mientras la canción arrancaba con ese ritmo trotón y directo, y la voz de Ray Davies empezaba a preguntar por ese Walter que "solía prometer que iría a todas partes", Arthur observó a su amigo.

Es una canción curiosa, pensó Arthur. Musicalmente es casi alegre, pero la letra es un puñetazo en el estómago sobre la pérdida de la inocencia. Davies canta sobre cómo la gente cambia y cómo, al final, "el mundo es tan grande, pero no tenemos a dónde ir". Es una crítica feroz a la complacencia, envuelta en una melodía pop perfecta que te hace querer bailar mientras se te rompe un poquito el corazón.

Walter escuchaba con la cabeza gacha. Una pequeña sonrisa, triste y sabia, asomó en la comisura de sus labios cuando la canción mencionó que Walter "probablemente ahora está gordo y casado, y no querría hablar conmigo de todos modos".

Me tiene calado, ¿verdad, Arthur? -dijo Walter con un hilo de voz, palmeándose su prominente barriga. - El jodido Ray Davies me vio venir hace veinte años. Me convertí en el tipo que se queda en casa porque va a llover. Me convertí en el Walter de la canción.

Todos somos un poco Walter ahora, amigo mío -respondió Arthur con suavidad-. Pero la canción también dice que "los recuerdos son frescos, aunque el tiempo pase". Todavía queda algo de ese chico de 1968 ahí dentro. Solo necesito que lo saques a pasear una última vez. Si nos quitan el pueblo, Walter, ya no nos quedarán ni los recuerdos. Solo nos quedará la nada.

Walter apuró su pinta de un trago, golpeó el cristal contra la madera con un sonido seco y se puso en pie, enderezando su maltrecha cazadora Harrington.

johnny thunder en su moto

Está bien, Arthur. Si vamos a ser una reliquia del pasado, seamos la reliquia más difícil de mover de toda Inglaterra.

La puerta del pub se abrió de golpe, dejando entrar un chorro de luz gris y un estruendo de motor malcarado que había cesado justo fuera.

En el umbral se recortaba una figura. Llevaba una chaqueta de cuero negro tan desgastada que parecía gris en las costuras, pantalones de pitillo y unas botas que pedían a gritos una jubilación. El pelo, teñido de un negro ala de cuervo nada natural para un hombre de 47 años, estaba peinado en un tupé desafiante que luchaba contra la gravedad y la alopecia incipiente.

Era Sidney Albright, aunque nadie lo llamaba así desde 1974. Él insistía en que le llamaran "Johnny Thunder".

¿Qué pasa, pringaos? -dijo Sid, masticando un chicle con una agresividad innecesaria-. He oído la llamada de la selva. ¿Quién ha puesto esta reliquia? ¡Pensé que estábamos en la era del Rock and Roll!

—Sid, siéntate —dijo Arthur, cansado—. Esto no es rock and roll, es una llamada a las armas. El enemigo está a las puertas y conduce un Ford Sierra Cosworth.

CAPÍTULO DOS: El Plan de Batalla y los Recuerdos en Sepia

La "Sociedad de Preservación" se reunió esa noche en la trastienda de la tienda de Arthur, rodeados de teteras que parecían juzgarles en silencio. El grupo era, siendo generosos, variopinto.

Estaban Arthur, Walter y Sid "Johnny Thunder". Se les unió la Sra. Miggins (la de los calabacines gigantes, que poseía una fuerza sorprendente en sus brazos de anciana), y el Vicario Thomas, un hombre tan tímido que pedía perdón a los muebles si se tropezaba con ellos, pero que consideraba el proyecto del parque temático una "afrenta directa al Todopoderoso y a la estética georgiana".

El enemigo llega el viernes -explicó Arthur, señalando un mapa del pueblo con círculos rojos-. Un tal Chad Hogan, vicepresidente de adquisiciones de Global Amusecorp. Viene a "finalizar el trato con las autoridades locales", lo que significa sobornar al alcalde con un almuerzo caro y promesas de un campo de golf.

sociedad de preservacion

¿Podemos pincharle las ruedas de su coche? -sugirió Sid, sacando una navaja automática que se atascó a mitad de camino. La sacudió un par de veces hasta que la hoja salió con un 'clic' poco convincente.

Demasiado vulgar, Sid -dijo Arthur-. No somos vándalos. Somos preservacionistas. Nuestra resistencia debe ser... orgánica. Británica. Pasiva-agresiva pero letal.

¿Qué sugiere, Sr. Pendelton? -preguntó el Vicario Thomas, frotándose las manos nerviosamente.

Necesitamos recordarles, y recordarnos a nosotros mismos, qué es lo que estamos salvando -Arthur se levantó y fue hacia una vieja estantería. Sacó un álbum de fotos grande, encuadernado en cuero raído. El olor a humedad y papel viejo llenó la habitación.

Abrió el álbum sobre la mesa. Las fotos estaban en tonos sepia y colores desvanecidos por el sol de décadas pasadas.

Mirad esto. La feria de verano de 1955. El jubileo de plata del 77. Walter ganando la carrera de sacos cuando tenía doce años...

Los rostros alrededor de la mesa se suavizaron. Incluso Sid dejó de intentar parecer peligroso. Las imágenes mostraban un mundo más simple, sí, tal vez más ingenuo, pero un mundo con textura, con comunidad.

Esto es lo que el disco de los Kinks capturó tan perfectamente -dijo Arthur, pasando las páginas con reverencia-. Esa sensación de que el pasado no es algo muerto, sino un álbum de fotos que puedes abrir y visitar. Davies sabía que la modernidad es inevitable, pero nos advertía sobre vender nuestra alma por conveniencia. Este disco no es reaccionario, es... es un abrazo a lo que somos antes de que olvidemos quiénes fuimos.

Arthur señaló el viejo tocadiscos portátil que había traído de la tienda.

¡Música, maestro! -dijo, mirando a Walter.

Walter, con dedos temblorosos y gruesos como salchichas, puso la siguiente pista. Picture Book

El ritmo alegre y casi infantil de la canción, con esa batería seca y las armonías vocales que sonaban como un coro de barbería bajo los efectos del LSD, llenó la habitación. Mientras miraban las fotos al ritmo de la música, una idea comenzó a formarse en la mente de Arthur.

¡Eso es! -exclamó Arthur, golpeando la mesa y haciendo saltar una azucarera-. No podemos luchar contra ellos con dinero o abogados. Tenemos que luchar contra ellos con... ¡con Little Dribbling!

¿Qué quieres decir? -preguntó Sid.

El viernes es la feria anual de otoño en el Village Green. El Sr. Hogan vendrá a firmar los papeles allí mismo, para una "oportunidad fotográfica con el sabor local". Bien, le daremos sabor local. Le daremos tanto sabor local que se atragantará con él.

Arthur comenzó a repartir tareas.

Sra. Miggins, necesito toda la mermelada de fresa que tenga. La más pegajosa. La que ganó el lazo azul en el 83.

Tengo veinte frascos en la despensa, querido. Son prácticamente cemento dulce.

Perfecto. Vicario, usted se encargará de la megafonía de la feria. Necesito que este disco, este disco específico, suene en bucle. Nada de Wham!, nada de Phil Collins. Solo Ray Davies y los chicos.

Será como un sermón musical, Sr. Pendelton -dijo el Vicario, con los ojos brillando con un fervor inusual.

Walter, tú reúnes al viejo equipo de críquet. Quiero que estéis practicando en el Green. Y quiero que vuestros lanzamientos sean... "accidentalmente" imprecisos cuando el Sr. Hogan esté cerca.

Walter asintió solemnemente, como si le hubieran pedido defender el Muro de Adriano.

¿Y yo qué? -preguntó Sid, sintiéndose dejado de lado, girando su navaja atascada.

Arthur lo miró. Sid era un anacronismo viviente. Un hombre que se negaba a aceptar que los 60 habían terminado, aferrándose a una imagen de rebeldía que ya solo existía en su cabeza y en las canciones. Era patético, pero también, de alguna manera, heroico.

Sid... tú serás nuestro elemento de caos. Tú serás nuestro Johnny Thunder. Necesito que tu moto haga más ruido que nunca. Necesito que seas la encarnación de la molestia local. ¿Crees que tu vieja Triumph puede aguantar?

Sid sonrió, mostrando un diente de oro.

Nena, mi Triumph es como yo. Vieja, ruidosa y peligrosa para la salud pública.

Arthur puso una mano sobre el hombro de Sid.

Esta noche, Sid, la historia no la escriben los vencedores. La escriben los que tienen el amplificador más ruidoso. Y sonó Johnny Thunder

La canción, con su riff de guitarra crujiente y su letra sobre un rebelde local que vive de su reputación, resonó en la noche mientras Sid salía a arrancar su moto. El motor tosió, escupió humo negro y finalmente rugió con una furia asmática. Era el sonido de la resistencia. O al menos, el sonido de una necesidad urgente de un cambio de aceite.

CAPÍTULO TRES: El Día D (Día de la Mermelada)

El viernes amaneció con una llovizna que parecía diseñada para arruinar peinados con laca. El Village Green, sin embargo, estaba bullicioso. Puestos de pasteles, juegos de lanzar anillas a botellas que nadie ganaba nunca, y la tienda de la tómbola del Vicario estaban en pleno funcionamiento.

Y sobre todo ello, flotaba la música. El sistema de megafonía, que solía anunciar niños perdidos, estaba transmitiendo The Kinks Are the Village Green Preservation Society a un volumen que hacía vibrar las ventanas del pub. La música barroca, psicodélica y pastoral creaba una atmósfera surrealista bajo el cielo gris de 1989. Era como si el pueblo hubiera sido transportado a una dimensión de bolsillo donde el "Verano del Amor" nunca terminó, solo se volvió un poco más húmedo.

A las 2:00 PM, llegó el enemigo.

Un convoy de tres coches negros y relucientes, demasiado grandes para las estrechas carreteras del pueblo, se detuvo frente al Green. Del coche central emergió Chad Hogan.

Hogan era todo lo que Arthur había temido y más. Tenía un bronceado de cabina de rayos UVA que rozaba el naranja radioactivo, un traje italiano gris tiburón con hombreras que podrían aterrizar un avión, y sostenía un teléfono móvil del tamaño de un ladrillo de hormigón contra su oreja.

¡Sí, JB! ¡Estamos en el sitio! ¡Es pintoresco como el infierno! ¡Vamos a arrasar con todo esto y poner el patio de comidas justo donde está ese árbol feo! ¡Será una mina de oro! -gritaba Hogan al teléfono, ignorando a los lugareños que lo miraban.

El alcalde, un hombrecito sudoroso con una cadena de oro demasiado grande, se acercó a recibirlo, con los contratos bajo el brazo.

Sr. Hogan, bienvenido a Little Dribbling. Todo está listo para la firma...

Genial, genial. Hagámoslo rápido. Este aire fresco me está dando alergia -dijo Hogan, chasqueando los dedos a sus asistentes.

Fue entonces cuando comenzó la Operación Mermelada de Fresa.

Arthur hizo una señal discreta desde detrás del puesto de pasteles.

El Vicario Thomas subió el volumen de la música. La canción cambió. Una melodía hipnótica, impulsada por un clavicordio y una línea de bajo descendente, llenó el aire. Era una canción sobre la obsesión por la fama y el brillo superficial, perfecta para el Sr. Hogan. Starstruck

Hogan miró a su alrededor, confundido por la música. -¿Qué demonios es esto? ¿Música del siglo pasado? ¡Pensé que esto era Inglaterra, no el siglo XVIII!

Mientras Hogan estaba distraído por la música, la Sra. Miggins "tropezó" accidentalmente cerca del convoy de coches. Tres frascos de su mermelada de fresa de competición "cayeron" y se rompieron justo debajo de los neumáticos del coche principal y en los tiradores de las puertas. La sustancia roja y viscosa se adhirió al metal y a la goma como si tuviera vida propia.

Hogan se dirigió hacia una mesa preparada en el centro del Green para la firma. Walter y su equipo de "críquet" estaban cerca. Walter, con una concentración que no había mostrado desde 1968, lanzó una bola de críquet dura como una piedra.

La bola voló en un arco perfecto. No golpeó a Hogan, eso sería ilegal. Pero golpeó con precisión milimétrica el gran tintero de plata ceremonial que el alcalde había traído para la firma.

¡CLANG!

El tintero voló por los aires, rociando tinta azul permanente sobre los contratos inmaculados y, más importante aún, sobre el traje italiano de 2.000 dólares de Chad Hogan.

¡MI TRAJE! ¡ESTO ES ARMANI, MALDITOS PALETOS! -rugió Hogan, volviéndose púrpura bajo su bronceado naranja.

¡Oh, lo siento terriblemente, buen hombre! -gritó Walter, fingiendo consternación-. ¡Un poco de efecto inesperado en el lanzamiento!

Hogan, furioso, intentó volver a su coche para cambiarse o huir. Agarró el tirador de la puerta. Su mano quedó pegada instantáneamente por la mermelada de la Sra. Miggins. Tiró, pero su mano estaba fusionada con el coche.

¡¿PERO QUÉ ES ESTO?! ¡ES PEGAJOSO! ¡HUELE A FRUTA!

caos en village green

En ese momento, el rugido de una bestia despertó. Sid "Johnny Thunder" apareció por el extremo norte del Green en su Triumph. Iba a una velocidad de al menos 40 kilómetros por hora, que para él era la velocidad de la luz.

Sid vio su oportunidad. Apuntó la moto directamente hacia la mesa de firmas, derrapó en el césped mojado (intencionadamente, juraría él más tarde) y comenzó a hacer círculos alrededor de Hogan, el alcalde y los asistentes, levantando una nube de barro, agua y humo de escape.

Hogan tosía, con la mano pegada al coche, cubierto de tinta, ensordecido por la moto de Sid y la música de The Kinks que seguía sonando implacable.

¡ESTO ES UN MANICOMIO! ¡SOIS UNOS SALVAJES! -gritó Hogan.

Arthur se acercó tranquilamente, ofreciéndole un pañuelo de tela.

No, Sr. Hogan. Somos una comunidad. Y somos un poco particulares sobre quién compra nuestro césped. Le sugiero que le diga a "JB" que Little Dribbling no está en venta.

Hogan logró despegar su mano con un sonido de succión repugnante. Miró el barro, la tinta, la mermelada, a Sid dando vueltas como un loco en su moto humeante, y al pato gruñón que le picoteaba los zapatos italianos.

¡Al diablo con esto! ¡Hay campos más fáciles de comprar en Escocia! ¡Vámonos!

Hogan se metió en el coche, manchando el interior de mermelada. Los coches arrancaron, patinando sobre la mermelada y el barro, y salieron a toda velocidad del pueblo, perseguidos por Sid en su moto hasta el límite del condado, haciéndoles cortes de manga con ambas manos.

CAPÍTULO CUATRO: La Calma Después de la Mermelada

La victoria fue dulce, literalmente. El pueblo celebró en "The Tudor Rose" hasta altas horas de la noche. Walter bebió suficientes pintas para olvidar que ya no tenía veinte años, y Sid contó la historia de cómo "casi decapita al yanqui con su rueda delantera" tantas veces que al final de la noche la historia incluía helicópteros y explosiones.

despues de la tormenta, la calma

Arthur, sin embargo, se escabulló temprano.

Necesitaba aire. Caminó hacia el río que bordeaba el pueblo. La lluvia había parado y la luna se asomaba entre las nubes. Se sentó en el banco de madera cerca del agua. El subidón de adrenalina había pasado y ahora sentía ese cansancio profundo que viene después de defender algo que amas.

Sabía que solo habían ganado una batalla. El mundo moderno, con sus faxes y sus parques temáticos, volvería. No podían detener el tiempo. Little Dribbling cambiaría, tarde o temprano.

Arthur sacó su pequeño walkman de casete y se puso los auriculares. La canción que eligió no era de celebración ruidosa. Era una canción de aceptación. Era Sitting by the Riverside

La música, con su piano de music-hall y su ritmo perezoso y soñador, describía perfectamente el momento. La sensación de ver el río fluir, dejando que el mundo siga su curso frenético mientras tú te tomas un momento para simplemente estar. Ray Davies entendía que la verdadera preservación no es congelar las cosas en ámbar, sino apreciar los momentos de paz antes de que la corriente te arrastre de nuevo.

Arthur cerró los ojos, escuchando el agua y la música. Por hoy, el roble estaba a salvo. Mañana, ya se vería.

A la mañana siguiente, el Village Green estaba tranquilo de nuevo. Solo quedaban algunas huellas de neumáticos en el barro y un ligero olor a fresa en el aire.

Arthur abrió su tienda. El fax estaba en silencio.

Se dirigió al tocadiscos y puso una nueva canción del disco. La que daba título al lugar que habían defendido. Village Green. Una canción que empieza suave, como un himno religioso, y poco a poco va evolucionando hasta convertirse en una declaración de amor a un lugar físico y a un estado mental.

Arthur miró por la ventana hacia el prado verde.

We are the Village Green Preservation Society -canturreó en voz baja, limpiando una mota de polvo de una tetera.

Sí, lo eran. Y mientras hubiera mermelada, discos de vinilo y un poco de excentricidad británica en sus corazones, seguirían siéndolo.

Epílogo y Reseña

icono radio

"The Kinks Are the Village Green Preservation Society" fue publicado el 22 de noviembre de 1968 por Pye Records en el Reino Unido y Reprise Records en Estados Unidos. Curiosamente, y para desgracia de la banda en su momento, el álbum fue un fracaso comercial estrepitoso tras su lanzamiento. No logró entrar en las listas de éxitos ni en el Reino Unido ni en los Estados Unidos, un hecho sorprendente considerando la racha de éxitos previos de la banda como "You Really Got Me" o "Waterloo Sunset". Sin embargo, la recepción crítica inicial fue generalmente positiva, aunque algo perpleja. En un año dominado por la psicodelia pesada, el blues-rock y los inicios del rock progresivo (pensemos en Hendrix, Cream o el "White Album" de los Beatles), un álbum conceptual suave, pastoral y nostálgico sobre la campiña inglesa, tazas de té, y la preservación de edificios antiguos parecía completamente fuera de sintonía con la contracultura del momento. Ray Davies había creado una obra que miraba hacia atrás mientras el resto del mundo miraba hacia el espacio exterior o hacia la revolución. No hubo singles de éxito que impulsaran las ventas, ya que las canciones funcionaban mejor como un conjunto cohesivo que como piezas individuales para la radio. Con el paso de las décadas, sin embargo, la percepción del álbum ha dado un giro de 180 grados. 

epilogo village green

Hoy en día, es considerado casi unánimemente como la obra maestra de Ray Davies y The Kinks, y uno de los mejores álbumes de pop británico jamás hechos. Su influencia es incalculable, siendo un precursor directo del britpop de los 90 (bandas como Blur o Pulp le deben su existencia a este disco) y del indie pop barroco posterior. La crítica moderna alaba su composición melódica impecable, sus letras ingeniosas y conmovedoras que diseccionan la psique inglesa, y su producción rica en texturas que utiliza clavicordios, mellotrones y arreglos de cuerda y viento para crear su atmósfera única de "pop de cámara". Lo que en 1968 parecía anticuado, hoy se percibe como una cápsula del tiempo atemporal y visionaria, una defensa conmovedora de la memoria y la comunidad frente al avance imparable de la modernidad homogénea. Rolling Stone lo situó en el puesto 255 de su lista de los "500 Mejores Álbumes de Todos los Tiempos" en 2003, subiendo al puesto 84 en la revisión de 2020, lo que demuestra su creciente prestigio. Es, en definitiva, un disco que fracasó en su tiempo para triunfar en la eternidad.


La Opinión del Yeyo

logo opinion

Este es uno de esos discos que he descubierto tarde; pero muy tarde, como que tan solo hace unos meses que lo escuché por primera vez, y me ha encantado. Fue cuando descubrí esta banda, y sus preciosos discos, como es el caso de  Something Else, que también está incluido en La Playlist del Yeyo, y ahora este. Si has leído el epílogo, anterior a esta opinión, habrás visto que en su tiempo, no tuvo ningún éxito. Fue totalmente opacado por grandes discos y bandas, de aquellos años y posteriores. Y quedó abocado al olvido. Yo solo tenía 3 añitos cuando los Kinks publicaron este “The Kinks Are the Village Green Preservation Society ”. Y el olvido es una losa muy pesada para poder ser redescubierto años, incluso décadas, después.

opinion yeyo

Pero el tiempo, tiene mucha paciencia, y una fuerza muy poderosa, y lo que hoy es negro, mañana, o pasado, o muchos años después, puede ser blanco. Y así ha sido con este gran álbum. Está claro que alguien que lo escuchara en su tiempo, y lo escuche ahora, lo hace con distintos matices y distintos resultados. Lo que antes era de una forma, hoy es de otra. Por lo que a mi respecta, que es de lo que puedo hablar, al escucharlo, detecto un toque retro, muy retro, muy antiguo, esos instrumentos, ese clavicordio, ese toque de music hall británico, de los primeros años del siglo XX, ese toque casi infantil y sobre todo nostálgico, y de añoranza, que lo clava perfectamente Ray Davies, en sus canciones. Muy british todo.

Esto que comento, puede parecer una crítica, sin embargo no lo es; me encanta, me parece un sonido delicioso, unas canciones preciosas para escuchar, y unas melodías muy dulces, algunas quizá demasiado, y muy tiernas; y en estos tiempos de auge de la inteligencia emocional, a algunos, incluso les puede hacer enternecerse, y disfrutar también de esas melodías agradables. Mas de una lágrima de añoranza, saldrá de alguno, No me extraña en absoluto que en los últimos tiempos, este álbum esté creciendo en la memoria, y en el recuerdo de muchos que en aquellos años, lo desterraron por ir contracorriente. Como dice el dicho, nunca es tarde. Yo lo descubrí tarde, mas bien recientemente, pero he caído prendado de el. Abunda mas todavía en la fama de gran compositor que tiene Ray Davies. Y yo personalmente, pienso seguir “descubriendo” cosas de The Kinks, en este siglo XXI. Cumple todos los requisitos para ingresar en La Playlist del Yeyo, por lo que ya está incluido.

Si te consideras admirador, fan o simplemente quieres entretenerte un poco más con esta banda tan genuinamente británica, como es The Kinks, te propongo que le eches un vistazo a estos nuevos post de La Playlist del Yeyo, que versan sobre algunos discos de esta deliciosa banda, como por ejemplo, Something Else by The Kinks, The Ultimate Collection

Podeis visitar la página de La Playlist del Yeyo, en la que están ubicados todos los videos colgados en el blog, a modo de playlist, incluidos los de The Kinks, para que los disfruteis todos juntos, y en el orden que querais. También teneis una página con el Catálogo que contiene todos los discos que tiene relatados y analizados, La Playlist del Yeyo. Y si buscas una canción o un video que no está en La Playlist del Yeyo, lo puedes localizar en el Buscador del Yeyo, procurando especificar bien el video o canción que quieres localizar.

¡¡Hasta la próxima!!


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