"yo creo que es imposible que te puedas resistir, muy sieso tiene que ser uno para no bailar con estas deliciosas y divertidas melodías"
Menú de Contenido:
- 1. El Saxofón de Oro (Narrativa)
- 2. El Archivo Multimedia (Vídeo)
- 3. El Podcast del Yeyo (Audio)
- 4. Epílogo y Reseña técnica
- 5. La Opinión del Yeyo
El Saxofón de Oro
El robo ocurrió un martes de niebla espesa, de esas que en Londres no solo se ven, sino que se mastican. El "Saxofón de Oro de Camden", una reliquia bañada en el sudor de mil conciertos y en el latón más puro de la tradición Two-Tone, desapareció de su vitrina blindada en el pub "The Dublin Castle". No era solo un instrumento; era el tótem que mantenía el equilibrio entre el gris del hormigón británico y el technicolor del ritmo.
El Archivo Multimedia
Detrás del robo estaba el Barón Malcom Von Silence, un aristócrata cuya fortuna provenía de la fabricación de tapones para los oídos y cuya única meta en la vida era erradicar el ruido, el color y cualquier cosa que obligara a un ser humano a mover las caderas de forma asíncrona. El Barón odiaba el Ska. Lo consideraba una "vulgaridad rítmica que altera el orden de las clases". Su plan era fundir el saxofón para crear una aleación capaz de insonorizar todas las salas de baile del Reino Unido. Un mundo de silencio absoluto. Un mundo sin alegría.
El Podcast del Yeyo
El Yeyo y Bernie lo sabían. Sentados en un banco del mercado de Camden, observaban la vitrina vacía. Bernie intentaba, sin éxito, comerse un perrito caliente mientras mantenía el equilibrio sobre unos zapatos de claqué que había comprado por error.
Yeyo, sigo sin entenderlo -dijo Bernie, con mostaza en la solapa-. ¿Por qué tenemos que recuperar un saxofón? Yo tengo una flauta dulce en casa que suena... aceptable.
¡Bernie, por el amor de Dios! No es un saxofón cualquiera. Es el instrumento con el que se grabó la "intro" que va a definir esta década. Si el "Barón del Aburrimiento" lo funde, el Ska desaparecerá y solo nos quedará la música de ascensor.
Si no lo recuperamos hoy, Bernie, mañana Londres sonará a coro de iglesia un lunes por la mañana -dijo el Yeyo mientras ajustaba su corbata de cuadros.
Bernie, que en ese momento intentaba desatascar un trozo de regaliz de sus muelas, asintió con gravedad, sin saber que su torpeza estaba a punto de convertirse en la última línea de defensa de la cultura popular.
De repente, una sombra alargada con un monóculo brillando bajo una farola apareció al fondo del callejón. Era él. El Barón.
Justo en ese momento, la puerta trasera de un club se abrió y aparecieron tres tipos con trajes oscuros y gafas de sol. Bernie, en un alarde de torpeza legendaria, tropezó con su propio zapato, salió disparado y aterrizó dentro de un cubo de basura metálico. El estruendo fue como un gong de guerra.
¡Ahí están! -gritó uno de los gorilas-. ¡A por ellos!
¡Bernie, no te salgas del cubo, rueda! -ordenó el Yeyo.
One Step Beyond
La persecución fue un delirio. Bernie rodaba calle abajo dentro del cubo de basura, gritando en falsete, mientras el Yeyo corría a su lado esquivando puestos de fruta.
¡Escucha este ritmo, Bernie! -gritó el Yeyo mientras saltaba sobre un carro de manzanas-.
¡Es el sonido "Nutty"! Esta canción ni siquiera necesita letra, solo ese grito de guerra: "Hey you, don't watch that, watch this!". Es la declaración de intenciones más gamberra de la historia. ¡El saxo marca el paso como si fuera una marcha militar para gente que ha bebido demasiado café!
¡Yeyo, voy a vomitar la mostaza! -rugió el cubo de basura mientras rebotaba contra un bordillo.
Lograron despistarlos en un callejón oscuro. El Yeyo ayudó a un Bernie mareado a salir del contenedor. El pobre hombre tenía un resto de lechuga en el pelo y la dignidad por los suelos.
De repente, el silencio del callejón fue roto por un tono de llamada estridente.
Es Sheila -susurró Bernie con terror-. Mi novia. Me dijo que si hoy no iba a ver las cortinas nuevas con ella, me convertiría en el protagonista de una canción triste.
My Girl
Bernie contestó el teléfono e intentó susurrar, pero Sheila gritaba tan fuerte que se oía desde el Támesis. El Yeyo, apoyado en un muro grafiteado con el logo de Madness, sacó su walkman.
Es el destino, Bernie. Estás viviendo el segundo track del álbum. Mike Barson compuso esto pensando exactamente en tíos como tú. ¿Oyes ese piano? Es juguetón, muy pop, muy sesentero, pero con ese toque británico de "mi novia me tiene frito pero la quiero". La crítica siempre dice que Madness es solo fiesta, pero esta canción es una joya de composición pop. Es costumbrismo puro: el tipo que no sabe qué decir cuando ella se enfada. ¡Es tu vida en cuatro por cuatro!
¡Sheila, cariño, no es que no quiera ver las cortinas, es que estoy rodando en un cubo por Camden! -gritó Bernie antes de que ella colgara con un estruendo seco.
Ha colgado -dijo Bernie, desolado-. Dice que soy un "Bed and breakfast man" sin el "breakfast".
No hay tiempo para dramas, el "Barón" se lleva el saxo al Cairo -dijo el Yeyo señalando el río-. Bueno, a una casa flotante que se llama "El Cairo". ¡Rápido!
Llegaron al muelle y vieron una barcaza vieja y destartalada alejándose. No había puentes cerca, solo una cuerda de carga que colgaba sobre el río.
Ni lo pienses, Yeyo. No soy Tarzán -dijo Bernie. Pero Yeyo ya le estaba dando un empujón.
Night Boat to Cairo
Bernie quedó colgado de la cuerda, balanceándose sobre las aguas negras del río mientras la barcaza pasaba por debajo. El Yeyo saltó con la agilidad de un mod experimentado.
¡Míranos, Bernie! ¡Parecemos el videoclip! Solo nos faltan los salacots y las bermudas.
Este tema es la locura hecha música. Esos vientos que suenan a desierto pero con la suciedad de Londres... es el momento del disco donde te das cuenta de que estos tíos están locos de remate, pero son genios. Es una fanfarria que no debería funcionar, ¡pero te obliga a mover los pies incluso colgado de una soga!
Bernie soltó un grito, se resbaló y cayó sobre el techo de la barcaza con un "chof" que despertó a todas las gaviotas del puerto. Por suerte, aterrizó sobre una pila de alfombras que el "Barón" estaba contrabandeando.
Se deslizaron al interior. El lugar estaba lleno de aristócratas decadentes bebiendo champán. En el centro, sobre un cojín de terciopelo, estaba el Saxofón de Oro. Un hombre alto con un monóculo lo custodiaba.
¡Vaya, vaya! Los enviados de La Playlist del Yeyo -dijo el Barón-. Habéis llegado justo para el homenaje.
The Prince
De repente, una banda de jazz empezó a tocar algo aburrido. El Yeyo no pudo aguantar. Le arrebató las baquetas al batería y empezó a marcar el ritmo sincopado del Ska.
¡Esto es un homenaje, Barón! ¡Pero un homenaje a Prince Buster! -exclamó el Yeyo-. Escucha el bajo, es hipnótico. Este fue su primer single y es donde demuestran que respetan a los maestros de Jamaica. Tiene esa elegancia callejera que tú nunca entenderás. Es el sonido de la clase obrera reclamando su sitio en la pista de baile.
Bernie, intentando ayudar, decidió hacer un pase de baile "Nutty" para distraer a los guardias, pero acabó enredado en una cortina y derribando la mesa del buffet. Los canapés volaron como proyectiles.
En medio del caos, el Yeyo agarró el saxofón. ¡Lo tenían! Pero los guardias cerraron las salidas. Solo quedaba una opción: esconderse en la zona de camarotes de la tripulación.
Bed and Breakfast Man
Se encerraron en un camarote que compartían tres marineros roncando. Olía a calcetines usados y a pescado rancio. Bernie se desplomó en una litera.
Yeyo, estoy cansado. Quiero mi cama. Quiero mis cortinas.
Aguanta, Bernie. Somos como el protagonista de esta canción. Tipos que aparecen en lugares donde no los han invitado y acaban quedándose a dormir. Esta es la crónica social del disco. Madness te cuenta la historia del buscavidas, del que no tiene donde caerse muerto pero tiene una sonrisa en la cara. Musicalmente es perfecta: ligera, bailable y con ese toque de piano que parece sacado de un pub victoriano. ¡Somos leyendas, Bernie!
Soy una leyenda con un sándwich de pepino pegado a la espalda -respondió Bernie con tristeza.
Al amanecer, la barcaza atracó. El Yeyo y Bernie saltaron al muelle. El Barón y sus hombres los rodearon en un callejón sin salida. El villano sacó un revólver (de agua, pero con muy mala leche).
Entregad el saxo. El Ska ha muerto.
El Yeyo miró a Bernie. Bernie miró al Yeyo. Bernie, en un momento de lucidez absoluta inspirado por el hambre, sacó un silbato que llevaba en el bolsillo y sopló con todas sus fuerzas.
Madness
No fue un silbido, fue una invocación. De las esquinas empezaron a aparecer docenas de seguidores de La Playlist del Yeyo, todos vestidos con trajes de cuadros y botas Dr. Martens, caminando en fila india, haciendo el famoso "paso de la oca" de la banda.
¡Esto es la locura! -gritó el Barón, abrumado por la marea humana.
¡No, Barón! ¡Esto es Madness! -sentenció el Yeyo-. La canción que cierra el círculo. Una versión que superó al original. Es el himno de los que no encajamos, de los que preferimos un ritmo roto a una vida perfecta.
Bernie, contagiado por la energía, empezó a bailar tan frenéticamente que sus pantalones (demasiado estrechos) reventaron por la costura trasera, pero no le importó.
El Barón, horrorizado por la visión del calzoncillo de corazones de Bernie, huyó despavorido.
El saxofón estaba a salvo. Londres volvía a tener ritmo.
Tras la huida despavorida del Barón, derrotado por la visión del calzoncillo
de corazones de un Bernie triunfante, el Saxofón de Oro volvió a manos del
Yeyo. El sol terminaba de despuntar sobre el skyline londinense, tiñendo de
un naranja eléctrico las chimeneas de ladrillo.
El Yeyo sostuvo el instrumento con reverencia. No era solo metal; vibraba.
En ese momento, mientras la ciudad empezaba a despertar, se hizo el
silencio, pero no el silencio sepulcral del Barón, sino el silencio
expectante que precede al primer golpe de batería.
Lo hemos logrado, Bernie -susurró el Yeyo-. Hemos salvado algo más que un disco.
Porque el Ska, en aquel cambio de década entre los 70 y los 80, fue el lenguaje de una juventud que se negaba a ser invisible. Fue la respuesta rítmica a las colas del paro y a las calles deprimidas. Mientras el sistema intentaba dividir al país, el tablero de ajedrez del Two-Tone unía a chicos blancos de clase obrera con inmigrantes jamaicanos bajo una misma bandera: la de la urgencia y el baile.
No era solo música; era una forma de caminar con la cabeza alta, de vestir trajes impecables aunque no tuvieras un penique en el bolsillo. Madness y su "One Step Beyond" fueron la banda sonora de esa resistencia alegre. Fue la prueba de que se podía gritar contra el mundo sin perder la sonrisa, de que el humor era la herramienta más afilada contra el autoritarismo. Aquellos jóvenes no solo bailaban; reclamaban su derecho a la locura en un mundo que se empeñaba en ser demasiado serio. El ritmo sincopado era el latido de un corazón que se negaba a detenerse, un paso adelante (y otro más allá) hacia una libertad que se medía en compases y en el brillo de un saxofón que, gracias a dos tipos corrientes, volvía a brillar bajo el cielo de Londres.
Epílogo y Reseña
Lanzado el 19 de octubre de 1979 bajo el carismático sello independiente Stiff Records (cuyo eslogan era el irónico "Si no es Stiff, no merece la pena"), One Step Beyond... no fue simplemente un debut discográfico; fue el acta de nacimiento de una identidad cultural netamente británica. En un Reino Unido fracturado, sumido en la era de las huelgas y el ascenso del tatcherismo, estos siete chicos de Camden Town —que inicialmente se hacían llamar The Invaders— lograron algo casi imposible: fusionar el Ska jamaicano más puro de los años 60 con la energía irreverente del punk y la tradición del music-hall victoriano.
El disco es un prodigio de producción orgánica, mérito de la dupla Clive Langer y Alan Winstanley, quienes grabaron el álbum en apenas tres semanas en los estudios Eden de Londres. A pesar de la rapidez, el sonido es robusto y eterno. No es casualidad que el álbum escalara hasta el número 2 de las listas británicas, encontrando como único obstáculo para el liderato al todopoderoso Reggatta de Blanc de The Police. Se mantuvo en el Top 75 durante la friolera de 78 semanas, convirtiéndose en uno de los discos más rentables de la historia de la música independiente.
La crítica de la época, a menudo miope ante lo que consideraba "música para adolescentes", inicialmente los despachó como una banda de dibujos animados. Sin embargo, cabeceras como NME o Melody Maker pronto tuvieron que rendirse ante la evidencia: Madness poseía una capacidad narrativa única para retratar la cotidianidad inglesa con una agudeza similar a la de Ray Davies (The Kinks). Con más de 600.000 copias vendidas solo en su año de lanzamiento, el disco demostró que el movimiento 2-Tone podía ser un fenómeno de masas sin perder su mensaje de unidad racial y rebeldía festiva. Hoy, pasadas más de cuatro décadas, la prensa especializada como Rolling Stone o Q Magazine lo califica de "obra maestra esencial", destacando que canciones como "My Girl" o "Night Boat to Cairo" han trascendido el género para convertirse en parte del ADN cultural de Occidente. El "Sonido Nutty" no era una broma; era una forma de resistencia que, a través de la risa y el baile, enseñó a toda una generación que incluso en los tiempos más oscuros, siempre hay un paso más allá para dar.
La Opinión del Yeyo
Madness, con este disco concretamente, One Step Beyond, es una de las bandas mas divertidas que he escuchado jamás. Estos tios están como cabras, como decimos por mi tierra. Es una música muy entretenida, las letras son animadas, y el ritmo es muy alegre. Destaca ese maravilloso saxofón, que suena como los ángeles. Te invita a escucharla, a bailarla, y pasártelo en grande, en una verbena loca de aquellos 80. El paso adelante que Madness te invita a que des, es en realidad, la primera carcajada que sueltas, pero no es la única. Conforme vas avanzando por los temas del álbum, encuentras cosas enormemente divertidas, que te empujan a bailar; yo creo que es imposible que te puedas resistir, muy sieso tiene que ser uno para no bailar con estas deliciosas y divertidas melodías.
Dicen los críticos que es una banda que representa muy bien el espíritu británico de aquella época, y por eso triunfaron. Es posible que así sea, yo recuerdo por aquellos años, el típico humor británico, que supuraban aquellas famosísimas series inglesas, del tipo de Benny Hill, que eran divertidísimas, o también “Un Hombre en casa”, aquella serie en la que salía un hombre compartiendo un piso con dos chicas, y se producían escenas realmente hilarantes, entre Robin el ligón fastasmilla, que no se comía un rosco, y las dos chicas, que ya lo conocían y pasaban olímpicamente de el.
Y aquellas risas del público, que nunca supe si eran enlatadas o es que hacían la serie en directo para unos espectadores colocados frente al escenario. Mas de una serie ví yo así. Y finalmente, me vienen recuerdos de aquella serie, que me encantaba, Los Roper, George y Mildred, aunque esta vino después de la del hombre en casa, pues eran los vecinos de este extraño trio, que después tomaron protagonismo por si solos, y se hizo una serie para ellos. Aunque ésta sería algo posterior.
Pues ya situados en ese contexto, vienen ahora los Madness, y nos invitan a dar Un paso adelante, que también hubo una versión en español, y nos vuelven locos de atar, con sus bailes. Recuerdo a mis padres que decían que a esos tíos les faltaba un hervor.
"¡Hola, amigos! ¡Esto es Madness! Y tú deja todo y fíjate en esto, el sonido más marchoso y facilón que existe actualmente... ¡Un paso adelante!"
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