Para entonces, en España, era raro que unas chicas tuvieran tanta fuerza y tanto desparpajo, a la hora de tocar rock. Y precisamente eso fue lo que me atrajo
Menú de Contenido:
- 1. Dover, El Pacto del Garaje de 1997 (Narrativa)
- 2. El Archivo Multimedia (Vídeo)
- 3. El Podcast del Yeyo (Audio)
- 4. Epílogo y Reseña técnica
- 5. La Opinión del Yeyo
Dover, El Pacto del Garaje de 1997
El aire en Alcorcón se sentía pesado, cargado de esa mezcla de polución y derrota que solo las ciudades dormitorio de los noventa sabían destilar. En el interior de aquel garaje, el olor a humedad se mezclaba con el aroma a café recalentado y tabaco barato. Cristina Llanos dejó caer su Fender Stratocaster con un golpe seco. El silencio que siguió fue más ruidoso que cualquier acople de amplificador.
No está ahí, Amparo. No suena -dijo Cristina, pasándose una mano por el pelo corto, con los ojos inyectados en sangre por la falta de sueño.
El Archivo Multimedia
Amparo, su hermana, la miró desde el otro lado del local. Ella era el ancla, la técnica, pero incluso sus dedos parecían entumecidos. Habían sacado un disco pero el mundo les había respondido con un bostezo. Eran una banda de rock cantando en inglés en la España de los cantautores. Eran extrañas en su propia tierra.
Mañana saldrá -respondió Amparo sin mucha convicción-. Vámonos a casa.
El Podcast del Yeyo
Jesús y Álvaro ya habían recogido. Las luces del polígono se apagaban una a una. Pero Cristina se quedó. Necesitaba esa "chispa" que los separaba de la mediocridad. Cuando la puerta metálica se cerró, el silencio se volvió absoluto. Fue entonces cuando la sombra comenzó a despegarse de la pared.
No hubo fuego. Solo un descenso brusco de la temperatura. Una figura, vestida con un traje de corte impecable pero de un color negro que parecía absorber la poca luz, estaba sentada sobre un amplificador Marshall. Sus ojos eran, simplemente, dos huecos hacia el vacío.
Darías lo que fuera, ¿verdad? -la voz era un susurro que vibraba directamente en los huesos de Cristina.
¿Quién eres? -logró articular ella, medio asustada.
Soy el que trae el fuego cuando el invierno es demasiado largo. He oído tu música. Es correcta. Pero le falta el hambre. Le falta el peligro. Yo puedo darte eso. Serás la reina de un imperio de distorsión. Vuestra música será un incendio que nadie podrá apagar. Llenaréis estadios, vuestros nombres serán leyenda.
Cristina dio un paso adelante, hipnotizada-. ¿A cambio de qué?
El extraño sonrió, y fue la visión más aterradora que Cristina había tenido jamás-. A cambio de algo que ahora no echarás de menos. Un pequeño fragmento de tu arquitectura espiritual. Un hilo que me permitirá observar a través de tus ojos cuando la gloria sea insoportable. No lo entenderías hoy. Pero el contrato lo firmarás con la primera nota que logres tocar de aquella canción.
El extraño señaló la guitarra. Cristina la colgó de su hombro. Sus dedos se movieron con una agilidad sobrenatural. Un riff oscuro, circular y endiablado nació de las cuerdas. Devil Came To Me
Cuando terminó el último acorde, el garaje estaba vacío. Pero la energía era distinta. Amparo entró corriendo, atraída por el sonido.
¡Cris! ¿Qué ha sido eso? -exclamó Amparo, asustada-. Ese riff... suena auténtico, crudo, como si el grunge de Seattle hubiera bajado a este sótano y se hubiera vuelto loco. Es directo, estrofa, estribillo, estrofa... sin tonterías. ¡Es jodidamente perfecto para abrir el disco!
Cristina no respondió. Tenía la mirada perdida en la esquina donde la sombra se había desvanecido.
La Fiebre de la Composición
Las semanas siguientes fueron un torbellino febril. La banda entró al estudio con una confianza que rozaba la arrogancia. Jesús, el batería, sudaba frío cada vez que terminaban una toma.
No sé qué os pasa a las dos -dijo Jesús mientras limpiaba sus platos-, pero estas canciones tienen una "mala leche" que no es normal. Mirad esta, "Loli Jackson". Es como si quisiéramos salir corriendo de aquí a toda velocidad.
Es que esa es la idea, Jesús -respondió Cristina, con una voz que sonaba un tono más grave que de costumbre-. Es el alma rebelde de todo esto. Tiene que sonar internacional, tiene que sonar como si estuviéramos en Londres o Los Ángeles, aunque estemos en Madrid. Fíjate en ese ritmo, es pura libertad peligrosa. Es rock de garaje, pero sin sonar a aficionado.
Amparo asentía, repasando las mezclas.
-Es verdad. No necesita artificios. Solo nuestras guitarras chocando entre sí. Es una canción redonda para los que se sienten fuera de sitio.
Pero mientras grababan, la "deuda", se cobraba sus primeras piezas. Cristina empezó a sentir un frío glacial en la garganta cada vez que se acercaba al micrófono. Sentía que su voz ya no le pertenecía del todo.
El Himno que Cayó del Cielo (o del Infierno)
Llegó el momento de registrar el tema que Cristina sabía que era el núcleo del pacto. Una mañana, apareció con una melodía que era, a la vez, una súplica y una exigencia.
Se llama "Serenade" -dijo simplemente.
Al terminar de grabarla, el productor se quedó en silencio tras el cristal.
¡Es el hit! -susurró-. Esa intro de bajo, la entrada de la batería... tiene esa melancolía que te engancha, pero luego te pega un puñetazo en el estómago cuando entran las guitarras. Es la canción que va a hacer que este disco lo escuche todo el mundo, no solo cuatro melenudos en un club.
Cristina sonrió débilmente. Sentía que con cada nota de esa "Serenata", el hilo invisible que la unía al extraño se tensaba un poco más.
El Frío del Éxito Inminente
Con el disco casi terminado, la tensión en la banda era palpable. No era una tensión mala, era el vértigo de saber que tenían algo gigantesco entre manos. Sin embargo, en los momentos de soledad, Cristina se sentía vacía.
Un tarde de lluvia, Amparo encontró a Cristina tocando una melodía lenta, casi invernal.
¿Qué es eso? -preguntó Amparo.
Una canción sobre el frío que hace aquí dentro -respondió Cristina sin mirarla-. "Winter Song".
Me gusta -dijo Amparo suavemente-. Le da profundidad al álbum. No todo puede ser distorsión a mil por hora. Este tema demuestra que también sabemos transmitir desolación. Es una cara más madura, Cris. Es necesaria para que el disco respire.
No sé si quiero que respire -murmuró Cristina-. Siento que cuanto más cerca estamos, más me congelo por dentro.
Percepción Distorsionada
A pocos días de lanzar el álbum, la percepción de la realidad para Cristina empezó a cambiar. Veía el mundo con colores extraños, como si estuviera atrapada en un espectro de luz que nadie más percibía.
Mirad el amplificador -decía a sus compañeros-, ¿no veis cómo vibra el aire a su alrededor?
De esa sensación nació otra descarga de adrenalina pura. "Spectrum"
¡Esto es puro punk americano! -gritó Álvaro, el bajista, tras terminar de ensayar-. Es corta, directa, en vena. Es el motor del disco, la que mantiene la tensión arriba. Si alguien piensa que nos hemos vuelto blandos con las baladas, esta canción les va a reventar los oídos.
Cristina no le escuchaba. Estaba mirando al fondo del pasillo del estudio. Allí, apoyado contra la pared, el hombre del traje negro la saludaba con un leve movimiento de cabeza. El tiempo se acababa.
El Final de la Grabación y la Traición del Silencio
La última canción de esta ficción fue la que puso el sello final al contrato. Una letra que hablaba de decepción, de sospecha, de lo que significa sentirse traicionado por la propia suerte. "Judas"
"Judas" es el cierre perfecto -comentó el técnico de sonido mientras ajustaba los niveles de la batería-. Tiene una fuerza rítmica que te deja sin aliento. Es como un golpe sobre la mesa. Deja al oyente con ganas de volver a empezar con ella de nuevo. Es una traición al silencio.
Cuando se apagaron las luces del estudio y la cinta dejó de girar, Cristina se quedó sola en la cabina. El hombre del traje negro apareció a su lado. No hubo palabras. Él simplemente puso su mano sobre el hombro de ella y, por un instante, Cristina no sintió su propio peso.
¡Ya está hecho! -susurró el extraño-. El disco está fuera. El mundo es tuyo. Disfruta de la ovación, Cristina. Yo estaré sentado en la primera fila de cada concierto, observando cómo florece mi inversión.
¿Qué has ganado tú con esto? -preguntó ella con un hilo de voz.
El extraño sonrió y se desvaneció, dejando solo el eco de una carcajada que se confundía con la retroalimentación de las guitarras.
El Estruendo de la Gloria y el Cobro de la Sombra
Tras la salida de Devil Came to Me, el país pareció despertar de un letargo. Lo que empezó en un garaje de Alcorcón se transformó en un incendio forestal que saltó de las radios independientes a las listas de los 40 Principales. Dover ya no era una banda; era un vendaval.
Las hermanas Llanos se vieron catapultadas a escenarios que antes solo habitaban en sus sueños. La gira fue una sucesión de noches eléctricas donde el sudor y la distorsión lo inundaban todo. En el Festimad, ante una masa humana que coreaba cada sílaba en inglés como si fuera su propia lengua materna, Cristina sintió por primera vez el peso real de la corona. Los aplausos no eran simples palmadas; eran un rugido oceánico, una energía que las elevaba por encima del suelo.
Fueron a Alemania, a México, a Francia. En cada festival, la crítica se rendía ante la evidencia: cuatro españoles estaban dando una lección de grunge y honestidad al mundo entero. Eran ovacionadas hasta la extenuación, con bises que se prolongaban bajo cielos estrellados y focos cegadores. Amparo, a la guitarra, era un metrónomo de pura rabia, y Cristina, frente al micro, cerraba los ojos y dejaba que esa voz —que ya no sentía del todo suya— desgarrara el aire.
Pero en el cenit de la última gran noche de la gira, con el estadio aun vibrando y los gritos de "¡otra, otra!" retumbando en los camerinos, el silencio volvió a encontrar a Cristina. Estaba sola, frente al espejo, quitándose los restos de maquillaje. Por el reflejo, vio la puerta abrirse. No fue Amparo, ni ninguno de los chicos.
El hombre del traje negro entró con la parsimonia de quien es dueño de todo el tiempo del mundo. No aplaudía, pero su sonrisa era más elocuente que cualquier ovación.
¡Ha sido un espectáculo magnífico, Cristina! -dijo, apoyándose en la pared-. Habéis tenido los festivales, el reconocimiento, el respeto de vuestros ídolos. El mundo os pertenece.
Cristina se giró lentamente, con el corazón martilleando contra sus costillas.
¡Ya está! Hemos cumplido. ¿Qué quieres ahora? ¿Cuándo se acaba esto?
El extraño se acercó hasta quedar a pocos centímetros de su rostro. El frío que emanaba era capaz de congelar el alma.
¿Acabarse? Esto es solo el principio. Pero recuerda nuestro trato. El éxito tiene un sabor que solo yo puedo digerir a través de ti. Cada vez que sientas el calor del aplauso, recuerda que una parte de esa alegría no te pertenece. Me la guardo yo. Y llegará un día en que mi parte sea mayor que la tuya.
Se dio la vuelta y, antes de salir, dejó caer una última frase que quedó flotando en el camerino como una maldición:
¡Disfruta de la cima, Cristina! Pero no olvides que yo soy el que sostiene la montaña... y puedo decidir cuándo convertirla en un abismo.
Cristina se quedó inmóvil. Fuera, la multitud seguía gritando su nombre, pero ella solo podía escuchar el eco de ese silencio absoluto. El éxito estaba allí, brillante y masivo, pero la sombra del pacto se proyectaba ahora sobre cada disco, cada canción y cada aplauso futuro en La Playlist del Yeyo, dejando una inquietud que ni la distorsión más fuerte lograría jamás acallar.
Epílogo y Reseña
Contextualizar Devil Came to Me, de Dover, es hablar de un fenómeno sociológico más que meramente musical. Publicado el 21 de abril de 1997 bajo el sello independiente Subterfuge Records, este trabajo supuso la mayoría de edad del rock alternativo en España. Hasta ese momento, el mercado estaba dominado por el pop comercial y el rock en castellano; que una banda madrileña lograra el éxito masivo cantando en inglés fue una anomalía absoluta que rompió todos los techos de cristal de la industria.
Logró un hito histórico al vender más de 800.000 copias en España, convirtiéndose en el primer disco de una banda independiente en alcanzar el Disco de Diamante. Ganó el premio al Mejor Artista Español en los MTV Europe Music Awards de 1997. Contiene los himnos generacionales "Serenade", "Loli Jackson" y el tema homónimo "Devil Came to Me". Un detalle curioso es que el álbum se grabó en apenas 20 días con un presupuesto de 80.000 pesetas (unos 500 euros actuales), una cifra irrisoria para el impacto cultural que generó. Hoy es considerado el álbum más importante del rock alternativo nacional de los 90, habiendo envejecido como un trabajo crudo, honesto y técnicamente impecable que rompió las barreras del idioma en el mercado nacional.
La recepción inicial de la crítica fue de asombro y entusiasmo, llegando a calificarlo como “milagro grunge español”. Se destacó la crudeza de su sonido, heredero directo del espíritu de Seattle, pero con una inmediatez melódica que los hacía irresistibles. Con el paso de los años, el disco ha pasado de ser un "éxito del momento" a un clásico de culto y referencia obligada. Hoy se califica como el álbum que profesionalizó la escena indie española, demostrando que se podía tener una producción de bajo coste y una actitud auténtica sin renunciar a las ventas millonarias. Es, sin duda, el pilar sobre el que se construyó gran parte de la música alternativa nacional del siglo XXI.
La Opinión del Yeyo
Recuerdo cuando salió este disco, que me enganchó totalmente, me lo compré en CD, en El Corte Inglés de Alicante, y lo escuché con avidez. Me encantó, tiene una fuerza, increíble. Para entonces, en España, era raro que unas chicas tuvieran tanta fuerza y tanto desparpajo, a la hora de tocar rock. Y precisamente eso fue lo que me atrajo. Eran valientes las hermanas Llanos, y hacían una música muy potente, y muy atractiva. Me encantaba escuchar esas guitarras distorsionadas, con la voz rabiosa de Cristina Llanos al frente. No era una banda única y exclusiva de chicas, pero ellas eran las protagonistas absolutas. Me recuerda mucho al grunge de Nirvana, de hecho se dejaron llevar por sus influencias a la hora de componer música. Eso, y el hecho de que siendo madrileños los Dover, y cantaran en inglés, me acabó de enganchar. No tengo nada contra el español, es más, hay mucha música en español que me gusta, pero el inglés, en la música pop del siglo XX, para mi es mi debilidad.
En cuanto a este fantástico disco, no solo contiene sus tres grandes canciones, que salieron como singles, es mucho más. Tiene joyas escondidas, que merece la pena descubrir, es el caso de temazos como Judas, o Rain of the Times, que son maravillosas y poderosas canciones, con una fuerza inmensa.
Y poco más tengo que decir, me gusta este álbum de Dover, me engancha su fuerza, y no puedo evitar disfrutar el CD cuando tengo oportunidad. La Playlist del Yeyo se congratula de incluir este discazo en su contenido. ¡Grande!
Podeis visitar la página de La Playlist del Yeyo, en la que están ubicados todos los videos colgados en el blog, a modo de playlist, incluidos los de Dover, para que los disfruteis todos juntos, y en el orden que querais. También teneis una página con el Catálogo que contiene todos los discos que tiene relatados y analizados, La Playlist del Yeyo. Y si buscas una canción o un video que no está en La Playlist del Yeyo, lo puedes localizar en el Buscador del Yeyo, procurando especificar bien el video o canción que quieres localizar.
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