"este Green, ya se le van viendo hechuras, cositas, la mandolina, por ejemplo, la luz de algunas canciones, temas como Orange Crush, o Stand; y como todo proceso de cambio, pues también quedan temas mas clásicos y representativos de la idiosincrasia anterior de los REM, como es el caso de World Leader Pretend, o algún tema algo pesado, pero de mucha calidad, como es I Remember California"
Menú de Contenido:
- 1. El color del tiempo (Narrativa)
- 2. El Archivo Multimedia (Vídeo)
- 3. El Podcast del Yeyo (Audio)
- 4. Epílogo y Reseña técnica
- 5. La Opinión del Yeyo
El Color del Tiempo
En el trastero de Julián el tiempo se había estancado. Tenía un aroma muy peculiar, una mezcla de cartón húmedo, naftalina y ese polvo grisáceo que, al ser perturbado por el haz de luz de la linterna, danzaba en el aire como partículas de una galaxia muerta. Julián tosió, sintiendo el cosquilleo en la garganta. Estaba buscando una caja de herramientas, pero el destino, que siempre tiene un sentido del humor retorcido, puso bajo su mano una vieja caja de zapatos de la marca Paredes.
El Archivo Multimedia
Al abrirla, una exhalación de nostalgia le golpeó el pecho. Allí, entre un llavero de un pub que ya no existía y un mechero Clipper sin gas, descansaba una cinta de cassette. La etiqueta, amarillenta y escrita con una caligrafía nerviosa, rezaba: R.E.M. – GREEN. Debajo, en un recordatorio que imponía respeto, decía: "Propiedad de Jose. No tocar".
Julián sonrió. Recordó a Jose, con su pelo siempre revuelto y su capacidad infinita para liar cigarrillos que olían a algo mucho más dulce y resinoso que el tabaco de estanco. Sus porros crearon escuela. Cerró los ojos y, de repente, el trastero desapareció. Como si fuera un agujero de gusano, que atraviesa el Yeyo, cuando viaja en el Delorean, a cualquier lugar en el tiempo.
El Podcast del Yeyo
El Piso de la Calle del Desorden (1989)
El piso de estudiantes era un ecosistema en sí mismo. Las paredes del salón, que alguna vez fueron blancas, lucían ahora un tono crema nicotina. En la mesa del comedor nunca se comía; era el santuario donde Jose acumulaba cintas de casete, ceniceros desbordados y el viejo radiocasete Sanyo que era el corazón latente de la casa. El aire estaba cargado, denso por el humo de los porros de Jose que flotaba en suspensión, mezclándose con el olor a fritura de la cocina vecina y ese desorden masculino, casi geológico, de ropa amontonada en las sillas y platos con restos de pasta reseca.
Julián estaba sentado en el borde del sofá desvencijado, con un ejemplar de “Segunda Mano”, abierto por las páginas de empleo. El rotulador rojo apenas tenía tinta, pero seguía rodeando ofertas que parecían espejismos. Había dejado la comodidad de la casa de sus padres por Elena, por esa sensación de que el mundo se le quedaba pequeño, pero ahora, sin un duro y con el alquiler acechando, el mundo se sentía demasiado grande y frío.
—Tío, deja de estresarte con el periódico —dijo Jose, apareciendo desde la cocina con una nube de humo dulce escoltándolo—. Escucha esto. Es lo nuevo de R.E.M. Han dejado de ser unos oscuros de Athens para dar un puñetazo en la mesa. Se llama Green, pero la portada es naranja. Son unos genios del despiste.
Jose pulsó el botón de la pletina. El siseo previo de la cinta duró un segundo antes de que el primer acorde de "Pop Song 89" inundara la habitación, peleando por espacio entre el desorden y la incertidumbre. Julián escuchó la letra sobre el tiempo y el gobierno, y por un momento, la presión en su pecho aflojó. Había algo en la voz de Michael Stipe que le decía que no era el único que se sentía perdido en una conversación que no sabía cómo continuar.
La Llamada que no llega
Elena se sentó en el brazo del sofá, pasando una mano por el hombro de Julián. El contacto fue un bálsamo, pero Julián no pudo evitar encogerse un poco. Le pesaba el orgullo. Estaba allí, en un piso que olía a incienso barato y hachís, viviendo de los ahorros de ella mientras él se dedicaba a rodear con rojo promesas de sueldos mínimos en el periódico.
—He traído algo de cena —dijo ella suavemente, intentando romper el silencio que se tragaba la habitación cada vez que una canción terminaba—. Solo es algo de pasta, pero Jose dice que tiene una botella de vino que le regaló su padre.
Jose, desde la penumbra de su rincón, asintió sin dejar de mirar el radiocassette. Pulsó el botón para que la cinta avanzara hasta el corte 5. El sonido de un teclado sombrío y una batería marcial empezó a retumbar. Era "World Leader Pretend".
—Esta canción es para ti, Julián —soltó Jose con una sonrisa cínica mientras exhalaba una nube de humo—. "I sit at my table and wage war on myself". Eso es lo que estás haciendo. Te crees el líder de un mundo que solo existe en tu cabeza mientras el mundo real te da la espalda. R.E.M. lo clavó aquí: es el primer tema del disco donde Stipe deja que leamos sus letras en el libreto. Ya no hay misterios, solo la cruda realidad de alguien que intenta gobernarse a sí mismo en medio del caos.
Julián escuchó la letra con una punzada en el estómago. "Esta es mi mesa, y esta es mi silla". Se sintió exactamente así: un gobernante de una silla desvencijada y una mesa llena de ceniza.
El Despertar de la Constancia
Los días pasaban como fotogramas de una película en blanco y negro. Julián se levantaba cada mañana con el sonido de la persiana metálica del local de abajo. Su ritual era siempre el mismo: un café amargo, la cinta de Jose ya puesta en el cassette y esa sensación de que el tiempo se le escapaba entre los dedos.
Pero un martes, algo cambió. Elena lo encontró en la cocina, limpiando las tazas acumuladas de tres días. Julián tenía la mandíbula apretada.
—No voy a volver a casa de mis padres, Elena. Me da igual que Jose diga que soy un "líder de mentira". Voy a encontrar algo. Mañana voy a ir empresa por empresa, aunque sea para barrer los talleres.
En ese momento, desde el salón, el volumen del cassette subió de golpe. Jose había puesto "Get Up". La canción entró con ese ritmo saltarín, casi infantil pero urgente, con esos despertadores que suenan en mitad del tema.
—¡Escucha eso, Julián! —gritó Jose desde el pasillo—. "Dreams they complicate my life". ¡Deja de soñar y levántate! Si Michael Stipe dice que te levantes, tú te levantas.
Julián se rió por primera vez en una semana. El optimismo, ese que llevaba en el ADN, empezó a ganarle la partida a la melancolía del humo de Jose.
El Desembarco
A la mañana siguiente, Julián no esperó a que el sol terminara de desperezarse. Se vistió con la única camisa que Elena había planchado con esmero sobre la mesa de la cocina. Mientras se anudaba los cordones de las botas, Jose apareció por el pasillo, arrastrando los pies y con los ojos rojos de la noche anterior. Sin decir una palabra, se acercó al radiocasete y pulsó el play.
Esta vez no hubo introducciones. El ritmo de "Stand" llenó el salón, con ese aire de marcha optimista, casi desafiante.
—Si te vas a poner en pie, hazlo de verdad —murmuró Jose antes de volver a la cocina a por café.
Julián salió a la calle. Hacía frío, un frío seco que le cortaba la cara, pero la canción seguía martilleando en su cabeza: "Stand in the place where you live...". Aquel día recorrió tres polígonos industriales. En el primero le dijeron que no necesitaban a nadie; en el segundo, ni siquiera le dejaron pasar de la garita. Pero en el tercero, una pequeña empresa de suministros eléctricos, el dueño lo miró de arriba abajo.
—No tengo nada de oficina, chaval. Solo necesito a alguien que cargue furgonetas y mantenga el almacén sin que parezca que ha estallado una bomba —dijo el hombre, un tipo rudo con olor a tabaco de pipa.
—Soy su hombre —respondió Julián sin pestañear.
El Sabor del Polvo
Las primeras semanas fueron un infierno de agujetas y polvo. El almacén era un lugar lúgubre, pero para Julián era el palacio que iba a pagar su libertad. Cada tarde regresaba al piso compartido con la espalda molida, pero con una sonrisa que Jose no terminaba de entender.
Un jueves de calor inusual, Julián llegó a casa y encontró a Jose con la mirada perdida, escuchando "Orange Crush" a un volumen que hacía vibrar los cristales. El sonido de los helicópteros que abre la canción parecía sobrevolar el salón desordenado.
—¿Sabes qué? —dijo Julián, tirando las llaves sobre la mesa llena de ceniza—. Me han dado un adelanto. El mes que viene, Elena y yo buscamos un estudio. Para nosotros solos.
Jose lo miró y, por primera vez, apagó el cigarrillo antes de terminarlo.
—Te vas, ¿eh? Te vas del mundo de los líderes de mentira.
—Me voy al mundo real, Jose. Donde las cosas se tocan.
La Despedida
La última noche en el piso tuvo un sabor agridulce. Las cajas de cartón estaban apiladas junto a la puerta. El olor a porro de Jose parecía más tenue, o quizás era Julián el que ya se estaba despidiendo de él. Elena estaba sentada en el suelo, envolviendo los pocos platos que tenían en papel de periódico.
De fondo, la cinta seguía avanzando. Sonaba "Hairshirt", con esa mandolina melancólica que parecía llorar por los días de incertidumbre que se quedaban entre aquellas paredes nicotínicas.
—¿Te vas a llevar la cinta? —preguntó Jose desde el marco de la puerta.
—No, es tuya. Quédatela. Siempre que escuche a R.E.M. me acordaré de este salón —respondió Julián, dándole un abrazo a su amigo.
—Suerte, Julián. Has tenido más temple del que yo creía. Después, en un sigiloso movimiento, deslizó la cinta en el bolsillo de la chaqueta de Julián, sin que este se diera cuenta.
El sonido de lo que no tiene Nombre
Treinta años después, en la penumbra del trastero, Julián soltó la cinta de cassette. El plástico crujió levemente entre sus dedos. Aquel pequeño apartamento de la pizza en el suelo, el estudio donde Elena y él empezaron todo, ya no existía; al menos no para ellos. La vida, con su inercia imparable, se lo había llevado por delante: las mudanzas, los empleos que vinieron después, las risas que se fueron apagando, el silencio que terminó por instalarse entre los dos, y el desamor.
Elena ya no estaba en su presente. A veces, la felicidad no es un destino donde uno se queda a vivir para siempre, sino una serie de estaciones por las que pasamos.
Julián insertó la cinta en una vieja grabadora que aún funcionaba y pulsó el play. No se dio cuenta de que estaba casi acabando, y la puso para que terminara. Y entonces, casi con timidez, empezó a sonar "Untitled". Esa batería constante, ese aire de despedida optimista pero bañada en una melancolía que te aprieta la garganta.
—"I've got a lot to learn..." —susurró Julián, siguiendo la letra de Stipe.
Se dio cuenta de que la felicidad no había sido el gran contrato, ni la casa propia, ni siquiera el final feliz de cuento de hadas que todos nos venden. La felicidad fue aquel desorden en el piso de Jose. Fue el olor a porro y café malo. Fue la mano de Elena sobre su hombro cuando no tenía nada que ofrecerle excepto un periódico marcado con rojo. Fue, en definitiva, el valor de haberlo intentado.
La felicidad es el rastro que dejan esos pequeños logros: el día que conseguiste cargar la primera furgoneta, la primera noche que no tuviste miedo al futuro. Son momentos sin título, como la canción, que no necesitan etiquetas para ser reales.
Julián apagó la grabadora. El polvo seguía bailando en el haz de luz de su trastero. Sonrió, guardó la cinta en la caja y cerró la puerta. Ya no le dolía el pasado, porque ahora comprendía que cada nota de aquel álbum verde había sido un peldaño necesario para llegar a ser el hombre que, en paz, caminaba ahora hacia la luz del pasillo.
Epílogo y Reseña
El 7 de noviembre de 1988, mientras Estados Unidos elegía a George H.W. Bush como presidente, R.E.M. publicaba Green, un álbum que funcionaba como un manifiesto de independencia en mitad de un contrato millonario. Tras años siendo los abanderados del underground en el sello independiente I.R.S., su salto a Warner Bros. fue visto por los puristas como una traición, pero el grupo respondió con un disco que era, a la vez, su trabajo más accesible y uno de los más experimentales. Grabado en los estudios Ardent de Memphis, el álbum capturó un momento en el que la banda decidió "forzar" su creatividad intercambiando instrumentos: Bill Berry pasó al bajo y Peter Buck se obsesionó con la mandolina, un giro que más tarde daría frutos mundiales con "Losing My Religion".
En su lanzamiento, Green fue una explosión comercial necesaria. En Estados Unidos, el álbum alcanzó el puesto número 12 del Billboard 200, mientras que en el Reino Unido logró entrar con fuerza en el Top 15, consolidando su estatus de estrellas globales. El disco no tardó en certificar el Doble Platino en EE. UU., superando los dos millones de copias vendidas solo en su país de origen, y alcanzando cifras que hoy superan los 4 millones a nivel mundial. Singles como "Stand" se convirtieron en himnos de radio, llegando al número 6 del Billboard Hot 100, mientras que "Orange Crush" dominó las listas de Mainstream Rock Tracks durante semanas. La crítica de la época, aunque inicialmente desconcertada por el brillo pop de temas como "Pop Song 89", terminó por rendirse ante la profundidad de piezas como "World Leader Pretend", la primera canción en la que Michael Stipe permitió que se imprimieran las letras en el libreto, rompiendo un hermetismo de años. Con el paso de las décadas, la crítica actual ha revalorizado Green no solo como un éxito de ventas, sino como el puente perfecto; el momento exacto en que el rock universitario aprendió a hablar el lenguaje de los estadios sin perder su alma crítica, ecológica y profundamente humana. Es, en esencia, el disco donde R.E.M. dejó de ser un secreto para convertirse en la voz de una generación.
La Opinión del Yeyo
Este álbum, Green de los REM, es uno de esos discos que influyen en tu vida, de una manera crucial. Es de esos discos que se recuerdan por siempre, por la importancia que tuvieron en tu vida, y los recuerdos tan potentes que te trae cuando lo escuchas. Si a eso le añades que su contenido es brutal, el resultado es más que increíble. Alucinante.
A mi me pilló la publicación de este álbum, muy “verde”. Tenía 23 años, pero empezaba a afrontar la vida en esos instantes. No había trabajado nunca, no estaba preparado para afrontar la vida, pero tuve la suerte de que hubo una “Elena”, en mi vida que me ayudó mucho. Viví durante un curso escolar en un piso de estudiantes, y en ese piso, tenía un compañero, Jose, que era muy alternativo, y la música que le gustaba era bastante acorde con su estilo de vida, de vestir, y en general, de todo. Me cayó bien al instante. Le gustaban los Violent Femmes, y sonaban a todas horas, y acabé acostumbrándome a ellos y disfrutando de esas canciones tan “raras”, para la época. Pero el gran descubrimiento, el que ha afectado a mi vida de una manera tan brutal, fue Green.
Fue lo primero que escuché de REM, concretamente una joya que está incluida en el Joyero del Yeyo, Get Up. Es una de esas canciones que me marcaron esa época, y me reviven con todo lujo de detalle, momentos concretos de esos tiempos, que los recuerdo con el corazón, y los llevo bien metidos en mi disco duro, como si fueran archivos de sistema.
Fue un primer contacto con la música alternativa, esa música que en aquellos tiempos, me parecía muy extraña, muy distante, y cuando la escuchaba, lo hacía con prejuicios y gestos de desagrado, por lo diferentes que sonaban por aquel entonces. Pero esos prejuicios desaparecieron pronto. Empecé a conectar con esa música, Green me aportaba una buena cantidad de muestras de que tampoco estaba tan mal. Incluso me llegué a quedar prendado de ese disco. Tanto, que pocos años después me hice de una tacada con toda la discografía de REM. Y me enamoré de esta banda. Ya no me parecía tan alternativa. La disfrutaba tanto como cualquier otro de The Cure, The Chameleons, o los Psychedelic Furs, por poner algunos ejemplos.
En cuanto al disco en sí, me parece un nuevo paso de la banda hacia un destino que era el reconocimiento mundial, que les vendría con Out of Time. En este Green, ya se le van viendo hechuras, cositas, la mandolina, por ejemplo, la luz de algunas canciones, temas como Orange Crush, o Stand; y como todo proceso de cambio, pues también quedan temas mas clásicos y representativos de la idiosincrasia anterior de los REM, como es el caso de World Leader Pretend, o algún tema algo pesado, pero de mucha calidad, como es I Remember California. No quiero decir que la música anterior de REM, fuera mala, en absoluto, tiene algunos discos previos a este, que son buenísimos, aunque otros no tanto, pero es cuestión de gustos.
Pero todo el álbum en su conjunto es un compendio de buena música, buen rock, y una buena manera de anticipar el rock de los año 90, que al menos a mí, me dio la pista sobre lo que sería la música en los años siguientes.
La Playlist del Yeyo contiene, y seguirá incluyendo en su repertorio, música de esta maravillosa banda. REM, con este álbum, Green, es una de mis favoritas en este siglo XX, y así lo comprobarás si sigues este blog, y lo lees con asiduidad.
Si te consideras admirador, fan o simplemente quieres entretenerte un poco más con este maravilloso grupo americano, te propongo que le eches un vistazo a estos nuevos post de La Playlist del Yeyo, que versan sobre algunos discos de los geniales REM, como por ejemplo, Out Of Time, Document
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