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Bienvenidos a La Playlist del Yeyo

Bienvenid@ a mi rincón musical del siglo XX. Donde vive la magia.

Si decides navegar por estos mares, pronto descubrirás que me he quedado anclado en el siglo pasado. Y no podría estar más orgulloso. Este pequeño fondeadero, perdido en el vasto océano de internet, es un lugar donde las historias suenan y la música se cuenta. ¿O es al revés? El caso es que en sus publicaciones te narro relatos con banda sonora. ¡O quizá te convierto un disco en narrativa! ¡Bueno, no sé!

Tú decides si vienes por las historias o por las canciones. Este fondeadero abraza ambas cosas. En cualquier caso, aquí se combinan narrativa y buena música. La mejor música del siglo XX.
Publicado marzo 23, 2026 por Aurelio Vázquez Sánchez con 0 comentarios

Radiohead-Pablo Honey

Interpretación visual de Pablo Honey de Radiohead-La Playlist del Yeyo


"Tiene canciones muy bonitas, unas melodías ciertamente atractivas al oído, tienen ese punto de deriva melódica que atrae desde el primer momento; aunque hay que reconocer que no todas son igual de seductoras, también Pablo Honey, tiene cosas algo mas costosas de entender, y que bajan el nivel, y en mi caso, a veces prefiero pasarlas de largo, y cambiar de pista"



Menú de Contenido:

  • 1. La Frecuencia de los Inadaptados (Narrativa)
  • 2. El Podcast del Yeyo (Audio)
  • 3. El Archivo Multimedia (Vídeo)
  • 4. Epílogo y Reseña técnica
  • 5. La Opinión del Yeyo

La Frecuencia de los Inadaptados

El ático y el inicio de la noche

Afuera, la ciudad se desangraba en una lluvia fina y persistente que convertía el asfalto en un espejo negro, reflejando las luces de neón de los bares que empezaban a cerrar. Pero a tres pisos de altura, en el último reducto de un edificio industrial que en tiempos mejores había fabricado componentes eléctricos, el ambiente era distinto. Allí arriba, en el ático que servía de cuartel general para la emisora pirata, el aire estaba viciado, una mezcla densa de humo de tabaco barato, café más parecido a achicoria y el olor a ozono que desprendían los equipos electrónicos viejos y sobrecalentados.

Era un espacio diáfano, pero atestado. Las paredes, de ladrillo visto y pintadas de un gris industrial que se desconchaba, estaban cubiertas casi por completo. No había papel pintado, sino una caótica colección de carteles de conciertos, portadas de discos recortadas y fanzines fotocopiados, todo sujeto con chinchetas o cinta americana. Entre el caos, justo encima de la mesa de mezclas, destacaba un adhesivo de vinilo, desgastado pero orgulloso, con el logo de La Playlist del Yeyo. Era el único sello de autoridad en aquel desorden creativo.

El Podcast del Yeyo

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España

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El centro neurálgico del ático era una mesa de madera contrachapada, curva y maltrecha, que parecía sostener el peso de todo el edificio. Sobre ella, una mesa de mezclas analógica, llena de potenciómetros desgastados y VU meter analógicos que bailaban al ritmo de una música que aún no se emitía. Dos platos de vinilo Technics, un reproductor de cassettes de doble pletina y un micrófono Shure SM7B, montado en un brazo articulado que chirriaba con cada movimiento, completaban el equipo. Una maraña de cables negros y rojos serpenteaba por el suelo como serpientes en celo, desapareciendo detrás de pilas de discos y equipos de transmisión caseros que zumbaban con un tono grave y constante.

Álex estaba sentado en una silla de oficina desvencijada, con los auriculares AKG de estudio, grandes y pesados, descansando sobre su cuello. Tenía veinticinco años, pero la fatiga de las noches en blanco le daba un aspecto más curtido. Vestía una camisa de franela a cuadros, abierta sobre una camiseta negra descolorida. Su mirada estaba fija en la gran ventana que daba a la calle. Las gotas de lluvia resbalaban por el cristal, deformando las luces de la ciudad y creando un patrón hipnótico que encajaba perfectamente con su estado de ánimo.

El Archivo Multimedia

archivo multimedia

En el centro del ventanal, un cartel de neón casero, que Álex había fabricado con tubos flexibles, proyectaba un resplandor amarillento y trémulo sobre la mesa de mezclas. No ponía nada, era solo una forma abstracta que recordaba a un girasol deforme, un guiño visual que él solo entendía. Al lado del plato de vinilo, descansaba una cinta de cassette con una etiqueta manuscrita que ponía: "Radiohead - Pablo Honey. Feb '93".

Álex suspiró, acercó el micrófono a su boca y se colocó los auriculares. Era medianoche. El momento de los inadaptados. El momento de empezar a pinchar.

Perfecto, amigos de La Playlist del Yeyo. Ajustamos los niveles, la luz roja de "On Air" parpadea y la aguja cae sobre el surco. Arrancamos el programa con la energía cruda de 1993—pensaba el presentador mientras se preparaba para la emisión.

Alex en la emisora

Álex acercó el dedo al botón de play del reproductor. Antes de pulsarlo, ajustó el volumen del monitor y habló por el micrófono con esa voz profunda y algo rasgada que solo se consigue tras años de fumar y pocas horas de sueño.

—Bienvenidos a la frecuencia de los que no tienen sitio —dijo, y su voz resonó en los receptores de los pocos coches que patrullaban la ciudad y en las habitaciones de estudiantes insomnes—. Esto es La Playlist del Yeyo, emitiendo desde algún lugar entre la lluvia y el asfalto. Esta noche no vamos a poner lo que os dicta la MTV. Vamos a pinchar un disco que acaba de aterrizar desde Oxford. Se llama Pablo Honey y es el debut de unos tipos llamados Radiohead. Si creéis que el rock ha muerto con el grunge, escuchad esto.

Pulsó el botón. El aire del ático se llenó instantáneamente con el riff de guitarra frenético y casi disonante de "Anyone Can Play Guitar".

Mientras la canción atronaba en los auriculares, Álex cerró los ojos y se dejó llevar por la crítica que ya estaba formulando en su mente. Para él, este tema era una declaración de intenciones. Era punk y grunge a la vez, pero con una capa de ironía británica que lo hacía diferente. "Destruye la guitarra, sé una estrella del rock", decía la letra. Álex sonrió para sus adentros; era una bofetada a la pomposidad de los años 80, una oda al nihilismo de quien sabe que el mundo se está acabando pero decide bailar sobre los escombros.

De repente, una de las líneas telefónicas de la mesa de mezclas se iluminó. Era una luz pequeña, naranja, que parpadeaba con una urgencia que no encajaba con el ritmo de la música. Álex pulsó el botón de la línea privada, aquella que no salía al aire, y mantuvo el micrófono de emisión cerrado.

La Playlist del Yeyo, ¿quién está ahí? —preguntó, bajando el tono.

Al otro lado del cable, solo se oía una respiración agitada y, de fondo, el eco de la propia canción que él estaba pinchando. Después de unos segundos que parecieron eternos, una voz femenina, suave, pero cargada de una tristeza que Álex reconoció al instante, rompió el silencio.

—¿De verdad crees que cualquiera puede tocar la guitarra? —preguntó ella.

Álex se reincorporó en su silla, interesado.

Elena en su cuarto

—Es lo que dice Thom Yorke. Pero creo que lo dice con mala leche. Lo que quiere decir es que cualquiera puede hacer ruido, pero no cualquiera puede transmitir este vacío que siento yo ahora mismo al escucharlos. ¿Cómo te llamas?

—No importa —respondió ella—. Me llamo Elena, si eso te sirve. Escucho tu programa todas las noches porque pareces el único que no intenta venderme que todo va a salir bien. Esa canción... suena a libertad, pero yo me siento en una celda.

Álex miró el VU meter. La canción estaba llegando a su clímax de distorsión.

—Elena, quédate ahí. No cuelgues. Voy a contarte por qué este disco es más importante de lo que parece, y luego, si quieres, me cuentas por qué sientes que tu habitación es una cárcel.

Abrió el micro de nuevo para la audiencia mientras el final caótico de "Anyone Can Play Guitar" se desvanecía en un mar de acoples.

—Acabáis de escuchar la ironía hecha ruido —dijo Álex al aire—. Radiohead nos está diciendo que la fama es una farsa, pero que el ruido es real. Y hablando de realidades... vamos con algo más directo, algo que golpea en el estómago. Se llama "How Do You".

—¿Sabes qué pasa con este tema, Elena? —le susurró Álex por la línea privada mientras el ritmo frenético de la canción llenaba el ambiente—. Es la canción más corta del disco, poco más de dos minutos, pero es pura bilis. Es una crítica feroz a los que se creen superiores, a los que te miran por encima del hombro.

—A mí me miran así todo el tiempo —respondió Elena con un hilo de voz—. En el espejo, sobre todo.

Álex se quedó en silencio un segundo, procesando el peso de esas palabras.

Después se frotó los ojos, sintiendo cómo la cafeína y la voz de Elena empezaban a mezclarse en un cóctel extraño. El ritmo de "How Do You" era un martilleo incesante, una estructura casi mod que recordaba a unos The Jam pasados por el filtro del desánimo de los noventa.

—Elena —dijo Álex, manteniendo la voz baja, casi en un susurro íntimo mientras la batería de Phil Selway golpeaba en los auriculares—, este tema es un ataque frontal. Es Radiohead diciendo: "Sé quién eres y me das asco". Pero me has dicho que tú te miras así en el espejo. ¿Por qué? ¿Qué es lo que ves que te hace querer gritar como lo hace Thom en esta pista?

Alex en plena conversacion

—Veo a alguien que no encaja en las portadas de las revistas que lee mi hermana —respondió ella, y Álex pudo oír el roce de unos dedos contra el auricular del teléfono—. Veo una cara que no tiene ángulos bonitos y un cuerpo que parece sobrar en todas partes. La gente... la gente es cruel, Álex. O peor aún, son indiferentes. Me miran y pasan de largo como si fuera una mancha en la pared. Por eso me gusta tu radio. Aquí soy solo una voz. Aquí no tengo que pedir perdón por mi aspecto.

Álex sintió un nudo en la garganta. Miró el cartel de La Playlist del Yeyo en la pared; aquel rincón del ático era, efectivamente, un refugio donde la estética no importaba, solo la vibración del aire. Y la música.

—Escucha, Elena. Este disco, Pablo Honey, fue apaleado por la crítica al principio. Decían que eran unos niños de Oxford jugando a ser Nirvana. Pero es precisamente esa falta de pulido, esa honestidad algo sucia, lo que lo hace real. La belleza perfecta es aburrida, es una mentira de plástico. Lo que importa es el cable que conecta lo que sientes con lo que dices.

Abrió el micro de nuevo, cortando la línea privada para dirigirse a la ciudad.

—Acabamos de despachar la rabia de "How Do You". Una bofetada de realidad de apenas dos minutos y doce segundos. Pero la vida no es solo gritar a los que nos odian; a veces es reconocer que estamos atados a algo que nos hace daño. Hay un cordón que nos une a nuestros miedos, y a veces, solo queremos cortarlo. Esto es "Ripcord".

Mientras la guitarra de Jonny Greenwood lanzaba esos acordes punzantes, Álex volvió a la línea privada.

—¿Alguna vez has sentido que estás cayendo y que el paracaídas no se abre, Elena? De eso trata esta canción. Es la ansiedad de los veinte años concentrada en tres minutos.

—Todas las mañanas al despertar —dijo ella, con una risa amarga—. Siento que el "cordón de apertura" se ha quedado en la mano de otra persona. Que no tengo el control.

—Nadie lo tiene —replicó Álex con firmeza—. Ni siquiera estos tíos de Oxford lo tenían cuando grabaron esto. Estaban asustados, perdidos, intentando encontrar un sonido en medio del ruido. Pero fíjate en la estructura: es directa, sin pretensiones. A veces, para sobrevivir, solo hay que seguir tocando, aunque creas que te vas a estrellar contra el suelo.

El momento acústico y la belleza desnuda

Álex quiso mirar la foto que Elena le había descrito indirectamente. Aunque no la estaba viendo, la atmósfera que ella creaba con su voz se materializaba en el ático de la emisora. Podía imaginarla en su desorden, aferrada a ese teléfono como si fuera su último salvavidas, con el espejo cubierto para no tener que enfrentarse a su propio juicio.

Era el momento de bajar las revoluciones. La rabia punk y la distorsión ya habían cumplido su función. Ahora tocaba hablar de lo que queda cuando te quitan la coraza.

—Acabáis de escuchar el estruendo de "Ripcord", el deseo de cortar amarras con la realidad —dijo Álex al aire, con una voz mucho más suave, casi íntima—. Pero a veces, la soledad no se grita. A veces se susurra. Y este disco tiene un momento que es una joya oculta de vulnerabilidad pura. Es Radiohead sin defensas. Solo una guitarra acústica y una voz que se quiebra. Esto es "Thinking About You".

Álex volvió inmediatamente a la línea privada. El silencio al otro lado era total, Elena parecía contener la respiración.

—Elena —dijo Álex, manteniendo el tono más bajo de la noche—, ¿sabes qué es lo más hermoso de esta canción? No es la letra, ni la melodía. Es el hecho de que no es perfecta. Se oye el roce de los dedos en las cuerdas de la guitarra, la voz de Thom Yorke no está procesada por ningún efecto de estudio. Está desnuda. Es como si él estuviera en tu habitación, cantando solo para ti, sin importar cómo vayas vestida o qué cara pongas.

—Ojalá —susurró ella, y Álex pudo oír el sonido de sus lágrimas—. Me siento tan sola, Álex. Me siento tan ridícula llorando por una canción en la radio.

—No hay nada ridículo en ello, Elena. No es por la canción; es por la honestidad. Nos pasamos la vida fingiendo ser más fuertes, más guapos, más felices de lo que somos. Lo que te pasa a ti, me pasa a mí, y le pasa a todos los inadaptados que nos están escuchando ahora mismo. Lo que te pasa a ti es lo que le pasa a este disco: es real. La imperfección es lo único que nos hace humanos.

Álex se detuvo un segundo. Sabía que se estaba jugando algo más que el programa.

—Elena, quiero pedirte un favor. Para. Solo para. Deja de juzgarte por un segundo. No necesitas ser una modelo en una revista para ser importante. Eres importante porque estás aquí, porque sientes, porque eres capaz de emocionarte con este sonido que estamos compartiendo en la oscuridad. Eres importante porque existes. Y para mí, eres "You". Eres la razón por la que hago esto.

Miró el VU meter. La canción acústica estaba llegando a su fin. Era el momento de dar el paso final.

—Elena, quédate ahí. No cuelgues. Voy a contarte cómo un grupo de inadaptados de Oxford le gritaron al mundo que ellos también existían.

Álex sintió que el aire en el ático se volvía eléctrico. La confesión de Elena había roto la última barrera. Ya no era un locutor hablando con una oyente; eran dos náufragos compartiendo una balsa hecha de ondas de radio.

—Escuchad bien esto —dijo Álex al aire, con una determinación que no había mostrado en toda la noche—. A veces, para que te vean, tienes que gritar. No desde el odio, sino desde la pura necesidad de existir. Este tema abre el disco, pero esta noche, es el puente que nos une a todos los que nos sentimos invisibles.

Pulsó el botón y el ático vibró con el inicio hipnótico y circular de "You".

—¿Oyes eso, Elena? —le dijo por la línea privada, casi con urgencia—. Es un ritmo de 6/8 que se siente desequilibrado, como si fuera a tropezar en cualquier momento, pero no lo hace. Así es como nos sentimos, ¿verdad? Caminando por la cuerda floja. Pero escucha la voz... escucha cómo Thom Yorke sube y sube hasta ese grito final que parece que le va a desgarrar la garganta.

—Es aterrador —susurró Elena, y Álex notó que su voz ya no sonaba quebrada, sino extrañamente calmada—. Pero es un terror hermoso. Como si él estuviera gritando por mí.

—Exacto. Él grita para que tú no tengas que hacerlo. Ese grito es la prueba de que el dolor, cuando se convierte en arte, deja de ser una carga para convertirse en una bandera. Elena, prométeme algo. Mañana, cuando te mires en ese espejo, no vas a ver a la chica que describen tus miedos. Vas a ver a la chica que ha sido capaz de conectar con este ruido en mitad de la noche. Vas a ver a alguien que es real.

Se hizo un silencio al otro lado. Solo la distorsión final de "You" llenaba el espacio. Entonces, ella habló con una voz firme que Álex no le conocía.

📊 DATOS CLAVE:Publicado el 22 de febrero de 1993 bajo el sello EMI/Parlophone | Alcanzó el puesto 22 en las listas del Reino Unido y el 32 en el Billboard 200 de EE. UU. gracias al fenómeno global de "Creep" | Disco de Platino en EE. UU., Reino Unido y Canadá con más de 1.5 millones de copias vendidas solo en territorio estadounidense | La producción a cargo de Sean Slade y Paul Q. Kolderie se centró en capturar el sonido crudo de las actuaciones en directo de la banda en Oxford.

—Álex... ¿Dónde estáis? ¿Dónde está el ático?

Álex sonrió por primera vez en toda la noche. Le dio la dirección. No era solo una invitación a una emisora pirata; era una invitación a salir de la oscuridad.

El himno de los raros

La ciudad parecía haberse detenido. La lluvia seguía cayendo, pero ahora el resplandor de las luces sobre el asfalto tenía un matiz distinto, casi mágico. Álex sabía que solo le quedaba una bala en el cargador. El disco estaba llegando a su fin y su turno también.

—Son las tres de la mañana —dijo al micro, con una calma solemne—. Hemos recorrido el ruido, la rabia, la soledad y el miedo. Pero no podemos irnos sin la canción que lo cambió todo. A veces, el éxito es una maldición, y para Radiohead, este tema fue una losa de la que tardaron años en liberarse. Pero esta noche, no es una losa. Es nuestra verdad.

Miró la puerta del ático por el rabillo del ojo mientras los primeros acordes de la guitarra y el arpegio melancólico empezaban a sonar. "Creep"

—Mucha gente dice que esta canción es sobre el autodesprecio —comentó Álex para sus oyentes, mientras el bajo de Colin Greenwood entraba con suavidad—. Pero se equivocan. Es sobre el anhelo. Es sobre desear ser especial, desear ser perfecto para alguien que brilla tanto que te deslumbra. Pero la verdad, la jodida verdad que nos enseña el Pablo Honey, es que no necesitamos ser especiales para los demás. Solo necesitamos ser reales para nosotros mismos.

De repente, el crujido mecánico de la distorsión de Jonny Greenwood —ese legendario chunk-chunk antes del estribillo— estalló en los altavoces. En ese mismo instante, la puerta metálica del ático se abrió con un quejido.

Elena estaba allí.

Elena y Alex juntos

Llevaba una chaqueta de lana grande, el pelo húmedo por la lluvia y los ojos rojos de haber llorado. No era la chica de las revistas, no. Era mejor. Tenía una luz en la mirada que ninguna cámara podría captar jamás. Álex se quitó los auriculares, dejando que la música llenara la habitación sin filtros.

Se miraron mientras el estribillo de "Creep" explotaba: "I'm a creep, I'm a weirdo...".

Álex se acercó a ella, sin dejar de mirarla. Elena bajó la cabeza un segundo, pero él le tomó la barbilla suavemente, obligándola a ver el reflejo de la radio, el reflejo de La Playlist del Yeyo y, finalmente, su propio reflejo en los ojos de él.

—Te lo dije —susurró Álex fuera de micro, mientras la canción llegaba a su fase final de piano y calma—. Eres jodidamente especial.

Elena sonrió. No era la sonrisa pulida de un anuncio: era la chispa viva de alguien que acaba de ganar su propia batalla. Y mientras la noche seguía rodando afuera, indiferente y húmeda, dentro de aquel ático industrial dos raros sintonizados en la misma onda acababan de encontrarse en la frecuencia exacta.

Epílogo y Reseña

icono radio

Para entender lo que supuso la irrupción de Pablo Honey el 22 de febrero de 1993, hay que situarse en el ojo del huracán de una industria musical que buscaba desesperadamente al "Nirvana británico". Bajo la producción de Sean Slade y Paul Q. Kolderie, Radiohead entregó un trabajo que, si bien hoy se ve como el peldaño más convencional de su carrera, en su momento fue un puñetazo de honestidad brutal. El álbum no fue un éxito instantáneo en su tierra natal, debutando discretamente en el puesto 22 de las listas del Reino Unido, pero su destino cambió cuando una emisora de radio en Israel empezó a pinchar "Creep" sin descanso. Aquella chispa saltó a la costa oeste de Estados Unidos y, de repente, la banda de Oxford se encontró en el número 32 del Billboard 200, logrando una certificación de Platino en EE. UU. con más de 1.5 millones de copias vendidas, una cifra que hoy supera los 3 millones a nivel mundial sumando los mercados de Canadá y Europa.

epilogo Pablo Honey

Hablar de este disco es, inevitablemente, hablar de "Creep". La canción estrella, que nació de una frustración real de Thom Yorke tras ser rechazado por una chica en la universidad, es un prodigio de dinámica musical: el contraste entre los versos limpios y el estallido de distorsión de la guitarra de Jonny Greenwood —esos dos golpes de ruido seco antes del estribillo que intentaban, originalmente, estropear la canción porque Jonny la odiaba— se convirtió en el sello de identidad de una generación. Aunque la crítica de 1993 fue despiadada, tildándolos de "cobardes" o "copias de segunda mano de los Pixies", el tiempo ha dictado una sentencia muy distinta. Hoy, "Creep" cuenta con más de 2.000 millones de reproducciones en plataformas digitales, consolidándose como uno de los himnos definitivos del rock alternativo.

La prensa especializada, que en su día calificó el álbum con tibieza (la revista NME le dio un 7/10 y Rolling Stone fue aún más escéptica), reconoce ahora en Pablo Honey la semilla de la genialidad. No es solo un disco de "grunge británico"; es el lugar donde escuchamos por primera vez la voz de un Yorke capaz de alcanzar falsetes imposibles y la química de una banda que, a pesar de la presión por repetir la fórmula de su hit, decidió evolucionar hacia la experimentación absoluta. Es el disco que permitió que existiera The Bends y OK Computer. Pasadas tres décadas, sigue siendo el refugio perfecto para los inadaptados, un recordatorio de que incluso el grupo más sofisticado del planeta empezó con tres guitarras, mucha rabia y el deseo desesperado de ser especial para alguien.

La Opinión del Yeyo

logo opinion

Para muchísima gente, hablar de Radiohead, es hablar de Creep, una de las canciones mas escuchadas y valoradas en las plataformas musicales a lo largo de este siglo XXI. Y la verdad, no le quito ni un ápice de razón, porque la realidad es así. Pero por lo que respecta a este álbum, Pablo Honey, es algo más que eso. Tiene canciones muy bonitas, unas melodías ciertamente atractivas al oído, tienen ese punto de deriva melódica que atrae desde el primer momento; aunque hay que reconocer que no todas son igual de seductoras, también Pablo Honey, tiene cosas algo mas costosas de entender, y que bajan el nivel, y en mi caso, a veces prefiero pasarlas de largo, y cambiar de pista.

opinion yeyo

En cuanto a su estilo, yo los tengo como una mezcla de grunge, que es de donde beben estos tíos su rock mas desganado, y también de punk, por lo básico de algunas composiciones, porque suenan eléctricos, básicos, son sota caballo y rey, guitarra, bajo y batería, y una velocidad vertiginosa, que les acerca mucho al punk, o al menos eso creo yo. Hay que tener en cuenta que es el disco debut de los Radiohead, y todavía no han tenido tiempo de encontrar su base, y su estilo; apuntan maneras, pero aun les falta. Pero curiosamente, su canción Creep, les hace mundialmente famosos, y les desvirtúa su álbum, que solo parece tener una canción válida. Y no es así. Invito a todo el mundo a que lo redescubra, que seguro que va a encontrar algunas joyas ocultas, que merecen mucho la pena.

Yo lo descubrí al poco de salir publicado, y lógicamente, como todo el mundo, me dejé arrastrar por la increíble fuerza y belleza de Creep. Digo arrastrar, porque fue como un tsunami, se escuchaba por todas partes; es de esas canciones que no te cansas de oírlas por lo buenas que son, por que es lo que te apetece oír; tiene ese punto de dureza justo, y ese equilibrio entre la tranquilidad que transmite en algunas fases de la canción, y la crudeza de sus guitarras distorsionadas que te vuelven loco y te animan a gritar de rabia. Es el mas puro grunge, la desesperación, la rabia contenida, y la única forma de desahogarse de aquella juventud de los 90, a la que yo pertenecí, aunque fuera en sus primeros años.

La Playlist del Yeyo, incluye este álbum de Radiohead, en su repertorio, pero no será el último de esta banda británica, pues lo que se viene aun será mejor. De momento este es el botón de muestra. La cosa promete.

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