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Bienvenidos a La Playlist del Yeyo

Bienvenid@ a mi rincón musical del siglo XX. Donde vive la magia.

Si decides navegar por estos mares, pronto descubrirás que me he quedado anclado en el siglo pasado. Y no podría estar más orgulloso. Este pequeño fondeadero, perdido en el vasto océano de internet, es un lugar donde las historias suenan y la música se cuenta. ¿O es al revés? El caso es que en sus publicaciones te narro relatos con banda sonora. ¡O quizá te convierto un disco en narrativa! ¡Bueno, no sé!

Tú decides si vienes por las historias o por las canciones. Este fondeadero abraza ambas cosas. En cualquier caso, aquí se combinan narrativa y buena música. La mejor música del siglo XX.
Publicado febrero 16, 2026 por Aurelio Vázquez Sánchez con 0 comentarios

U2-War

Interpretación visual de War de U2-La Playlist del Yeyo


"Este disco es uno de esos recuerdos que te marca la vida, que te graba a fuego la fotografía de tu vida en aquellos años en los que disfrutabas de sus canciones. No solo está Sunday Bloody Sunday, también está New Year’s Day, pedazo de tema, genial, apoteósico, que ha pasado a la historia de la música, del rock, y yo tengo la suerte y el orgullo de poder decir a mis nietos, que esa canción yo la vi nacer. Pero en conjunto el álbum es tremendamente bueno, enérgico, brusco, pero hermoso; si lo escuchas de principio a fin, disfrutas de una experiencia auditiva, sencillamente maravillosa, se te van los pies, te tienes que mover sí o sí. Escuchar esa voz de Bono, la guitarra de The Edge, realmente deliciosa, la batería de Mullen, tan estruendosa como siempre, o el bajo rítmico de Clayton, me da la vida, me produce una sensación de placer y de satisfacción tal, que forma parte de esos detalles que en pequeñas dosis, conforman la “Felicidad”, tal y como yo la entiendo".


📊 DATOS CLAVE:U2 | War (1983) | #1 UK Albums Chart, #12 Billboard 200 | Ventas superiores a 11 millones | "Sunday Bloody Sunday", "New Year's Day" | Grabado en Windmill Lane Studios con el sonido de batería capturado en un pasillo para lograr su icónica sequedad militar.

Menú de Contenido:

  • 1. Belfast: latidos de War (Narrativa)
  • 2. El Archivo Multimedia (Vídeo)
  • 3. El Podcast del Yeyo (Audio)
  • 4. Epílogo y Reseña técnica
  • 5. La Opinión del Yeyo

Belfast: Latidos de War

El cielo color plomo de Belfast

Belfast, marzo de 1983. El invierno no se marchaba de Irlanda del Norte; se quedaba estancado en los callejones de ladrillo rojo, mezclándose con el humo de las chimeneas de turba y el olor a caucho quemado de las barricadas de la noche anterior. Para Liam O’Donnell, la ciudad no era más que una escala de grises que intentaba capturar a través del visor de su Leica M3.

Liam no buscaba la gloria, buscaba la verdad en un lugar donde la verdad era un lujo que nadie podía permitirse. Trabajaba a tiempo parcial en un pequeño laboratorio fotográfico cerca de Donegall Square, pero sus mejores fotos —las que nunca publicaría por miedo a terminar en una zanja— estaban guardadas en cajas de zapatos bajo su cama. En su barrio, el sector obrero de Falls Road, la vida se medía según la distancia entre un control militar y el siguiente.

Aquel miércoles, la atmósfera estaba más cargada de lo habitual. Los muros hablaban a través de murales gigantescos: rostros de mártires con fusiles y palomas de la paz que parecían haber olvidado cómo volar.

- ¡Liam! ¿Vas a quedarte ahí mirando el aire o vas a ayudarme con esto? - la voz de Siobhan, su hermana pequeña, cortó el aire como un látigo.

Siobhan era todo lo que Liam no era: fuego frente a su hielo. A sus veinte años, sus ojos verdes destellaban con una rabia alimentada por años de ver a su padre ser humillado en los astilleros de Harland & Wolff solo por sus apellidos. Ella no creía en la neutralidad de una lente. Llevaba una bufanda de lana basta con los colores republicanos y repartía panfletos que hablaban de derechos civiles y resistencia obrera.

El Podcast del Yeyo

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Reino Unido

- Hay una marcha bajando por Castle Street -continuó ella, ajustándose la chaqueta de cuero-. Los estibadores se han unido a los estudiantes. Dicen que el ejército ha bloqueado los accesos. Si no estás allí para retratar cómo nos empujan, nadie lo creerá.

Liam suspiró, sintiendo el peso de la cámara colgada al cuello. Sabía que la "algarabía", como la llamaban los periódicos londinenses, era en realidad un barril de pólvora a punto de estallar. Se encaminaron hacia el centro, sorteando las patrullas de soldados británicos que, con apenas dieciocho años y dedos nerviosos en el gatillo, vigilaban desde las esquinas.

Al llegar a la intersección principal, el estruendo era ensordecedor. No era música, eran gritos, silbatos y el metálico golpeteo de las amas de casa golpeando las tapas de los cubos de basura contra el suelo -el código ancestral de Belfast para avisar de que venían los "Tommies"-. En medio de la multitud, un grupo de jóvenes desafiantes ondeaba una sábana blanca donde alguien había pintado con spray negro un nombre que empezaba a sonar en todas las radios piratas de la ciudad: U2.

Liam y Siobhan

- ¿Has oído el nuevo disco que ha salido esta semana, Liam? -gritó Siobhan sobre el tumulto, mientras se encaraba a una línea de policías del RUC (Royal Ulster Constabulary)-. Se llama War. Dicen que esos chicos de Dublín por fin han tenido el valor de decir lo que pasa aquí.

Liam no respondió. Estaba demasiado ocupado encuadrando la escena: a un lado, la fuerza bruta del estado; al otro, la desesperación de un pueblo que ya no tenía nada que perder. En ese momento, un bote de gas lacrimógeno cruzó el cielo gris como un cometa de mal agüero. El estallido fue el inicio de algo más que un disturbio. Fue el redoble de batería que Liam llevaba escuchando en su cabeza toda la mañana.

Siobhan corrió hacia la primera línea, con la bufanda cubriéndole la boca. Liam apretó el disparador. Click. La historia estaba ocurriendo, y el sonido que la acompañaba era seco, marcial y urgente.

El eco de las botas

El primer estallido no fue una bomba, sino el sonido seco de un bote de gas lacrimógeno rebotando contra el pavimento mojado de Castle Street. Liam sintió el picor en los ojos antes de ver el humo blanco serpenteando entre la multitud. A su lado, Siobhan no retrocedió; se ajustó la bufanda sobre la nariz y levantó su pancarta como si fuera un escudo.

En ese instante, el caos encontró su ritmo. No era un desorden aleatorio. Era un redoble marcial, obsesivo, que parecía brotar de las entrañas de la ciudad. Liam, con el dedo pegado al disparador de su Leica, recordó el vinilo que había comprado esa misma mañana en una tienda de discos. La primera pista de War. Sunday Bloody Sunday

Ese redoble de Larry Mullen Jr. no era una invitación al baile, era una advertencia.

- ¡Liam, muévete! -gritó Siobhan, tirando de su chaqueta mientras un grupo de jóvenes empezaba a lanzar adoquines contra el blindado Saracen que avanzaba pesadamente.

Se refugiaron en un portal mientras la calle se convertía en un campo de batalla. Liam sacó el cassette de su bolsillo y lo miró como si buscara respuestas.

- Escucha esto, Siobhan -dijo él, poniéndose uno de los auriculares del Walkman y ofreciéndole el otro-. Es lo que está pasando ahí fuera.

Siobhan escuchó apenas unos segundos. La voz de Bono, herida y urgente clamaba: "I can't believe the news today".

- Es crudo -susurró ella, mientras el eco de los disparos de pelotas de goma puntuaba la canción-. Demasiado real.

- Es que es una crítica directa, Siobhan -explicó Liam, ajustando el enfoque de su cámara hacia un niño que lloraba frente a una pared grafiteada-. Steve Lillywhite, el productor, ha quitado todos los adornos. No hay sintetizadores brillantes ni atmósferas etéreas como en el disco anterior. Aquí el sonido es seco, casi militar. La batería suena como si estuviera grabada en el pasillo de una cárcel. Es un disco que no te deja escapar.

bandera blanca

Siobhan asintió, devolviéndole el auricular.

- "Sunday Bloody Sunday"... -repitió ella-. No es una canción rebelde, Liam. Es una canción de hartazgo. Bono está harto de que los domingos en esta isla se escriban con sangre.

Liam disparó una foto justo cuando una bandera blanca, improvisada con una sábana, se alzaba entre el humo. Era el contraste perfecto: la agresividad del post-punk de U2 contra el deseo desesperado de que todo terminara. El álbum War acababa de ser lanzado, pero en ese rincón de Belfast, parecía que siempre hubiera estado allí, narrando su propia tragedia en tiempo real.

El Reloj del Juicio Final

La noche cayó sobre Falls Road como una manta húmeda. Liam y Siobhan regresaron a su apartamento, un pequeño tercer piso donde el papel pintado se despegaba por la humedad y las ventanas estaban reforzadas con cinta aislante para evitar que estallaran con las ondas expansivas.

Liam dejó su Leica sobre la mesa y encendió el pequeño transistor. No buscaba noticias; buscaba evasión, pero el aire estaba tan cargado que incluso las ondas de radio parecían traer interferencias de misiles y amenazas lejanas. En 1983, el miedo no solo era el IRA o el ejército británico; era el fin del mundo. Reagan y Andropov jugaban al ajedrez con cabezas nucleares, y en Irlanda, nos sentíamos en el medio del tablero.

Siobhan sacó dos cervezas tibias y se sentó en el suelo, frente al tocadiscos donde ahora giraba la cara A de War.

- "Seconds" -dijo Liam, señalando el plato del giradiscos-. Escucha ese bajo de Adam Clayton. Es hipnótico, pero hay algo profundamente inquietante en él.

De repente, unas voces infantiles surgieron de los altavoces, contando hasta diez antes de una explosión imaginaria. Siobhan se estremeció.

- Es una crítica brillante al absurdo nuclear -comentó Liam, mientras limpiaba el objetivo de su cámara—. U2 aquí se aleja del conflicto local de Irlanda para mirar al mundo. Fíjate en cómo la voz de The Edge toma el relevo de Bono al principio. Es un tema que suena casi bailable, con ese ritmo funk-punk, pero la letra te está diciendo que solo hace falta un segundo para que todo desaparezca. "It takes a second to say goodbye".

Liam y Siobhan en casa

- Es lo que sentimos aquí cada vez que salimos de casa, ¿no? -respondió Siobhan con amargura-. Ese segundo entre ver un coche sospechoso y que el mundo salte por los aires.

- Exacto. Por eso el disco es tan cohesivo. No separa la guerra de las trincheras de la guerra de los despachos. En "Seconds", la banda demuestra que han madurado. Ya no solo son chicos de Dublín gritando sus penas; ahora analizan la psicosis colectiva de la década de los 80. La producción es tan minimalista que te obliga a escuchar cada palabra, cada amenaza.

El silencio que siguió a la canción fue roto por el sonido de un helicóptero Lynx sobrevolando su tejado. El haz de luz del buscador barrió el salón, filtrándose por las rendijas de las persianas y dibujando líneas de luz blanca sobre el rostro de Liam.

Siobhan se levantó y apagó la luz. La paranoia de la canción se había materializado en su cuarto. En Belfast, el tiempo no se medía en horas, sino en los segundos de paz que podías robarle al miedo.

La nieve sobre el muro

La helada llegó sin avisar, cubriendo Belfast con un manto blanco que parecía querer ocultar las cicatrices de la ciudad. Las calles, normalmente bulliciosas con gritos y sirenas, estaban extrañamente silenciosas, como si la nieve hubiera amortiguado el conflicto. Pero Liam sabía que la paz era solo una ilusión.

Una tarde, Siobhan regresó al apartamento con el rostro pálido y la mirada tensa. Llevaba un sobre de papel estraza bien sujeto bajo el brazo.

- Tengo que ir al sur -dijo, sin preámbulos, mientras Liam revelaba unas fotografías en el minúsculo cuarto de baño que usaba como cuarto oscuro. El olor a químicos flotaba en el aire. - ¿Al sur? ¿Ahora? Con esta nieve… -Liam salió del baño, secándose las manos en un trapo. - No es un encargo cualquiera. Necesitan que lleve esto a Dublín. Es información.

El sobre. Esas palabras siempre significaban problemas. Liam se acercó al tocadiscos y puso el siguiente tema de War.

El piano melancólico de "New Year's Day" llenó la pequeña sala. La voz de Bono, aunque potente, sonaba a la vez esperanzadora y desesperada.

- Es curioso -dijo Liam, bajando el volumen ligeramente-. Esta canción, "New Year's Day", la compusieron pensando en Lech Walesa y el movimiento Solidaridad en Polonia, después de que impusieran la ley marcial. Querían dar esperanza. Pero aquí, para nosotros, con la nieve y la separación de la isla… suena a otra cosa.

Siobhan se sentó en el alféizar de la ventana, mirando los copos de nieve caer sobre los tejados. - No es solo Polonia -murmuró ella-. Es cualquier lugar donde la gente lucha por la libertad contra un poder que los oprime. La esperanza del año nuevo, ¿sabes? Una nueva oportunidad. Pero aquí, el año nuevo solo significa que seguimos en el mismo lugar, o peor.

Liam se apoyó en el marco de la puerta, observando a su hermana. - Ese bajo constante de Adam Clayton… Es como la marcha de los tanques, pero el piano de The Edge es el lamento. Y la guitarra distorsionada, como el viento helado en un día de enero. Es la canción más melódica del álbum, pero no pierde la tensión de War.

Siobhan se marcha al sur

- "He leído esta mañana en la NME que estos chicos han logrado lo imposible -dijo Liam, señalando la portada de la revista sobre la mesa-. Dicen que han convertido lo que iba a ser una simple canción de amor para Ali, la mujer de Bono, en un himno político que va a retumbar en todo el mundo. Y escuchándola ahora, con esta nieve cayendo... me creo cada palabra."

- Quizás sea eso lo que necesitemos -dijo Siobhan, poniéndose de pie y recogiendo el sobre-. Un himno. O al menos, un viaje que nos recuerde que hay algo más allá de estos muros.

Liam la observó mientras se ponía su abrigo y se ajustaba la bufanda. - Ten cuidado, Siobhan. La nieve no solo oculta los pasos; también esconde las trampas.

Ella le dedicó una sonrisa cansada. - Ya lo sé, hermano. Siempre lo supe.

Y con el eco de "New Year's Day" resonando en la habitación, Siobhan se adentró en la fría noche, la nieve cayendo sin cesar, sus pasos pronto borrados por el nuevo manto blanco.

Sombras en la frontera

El vehículo, ese viejo furgón Ford Transit de color blanco sucio es propiedad de la familia O'Donnell. Lo usaba su padre para transportar chatarra y materiales de los astilleros, y ahora Liam lo utiliza para moverse por las zonas rurales a hacer fotos; huele a gasoil, tiene una abolladura en la puerta del copiloto y la radio a veces solo sintoniza frecuencias de la policía si no golpeas el salpicadero.

Siobhan con el refugiado

Pero en realidad es el vehículo que Siobhan "toma prestado" cuando la causa lo requiere; y en esta ocasión, la causa lo requería.

El viaje hacia el sur era una odisea de controles militares y carreteras secundarias donde el asfalto cedía paso al barro y al hielo. Siobhan no iba sola en el viejo furgón. En la parte trasera, oculto bajo unas mantas de lana sucia, se encontraba un hombre cuyos ojos reflejaban un tipo de miedo que Siobhan conocía bien, pero que hablaba un idioma diferente. Era un joven que había escapado de la guerra en El Salvador, un "invitado" de los canales clandestinos de la iglesia, que Siobhan había recogido para llevárselo al sur; buscaba refugio en una isla que apenas podía refugiarse a sí misma.

Para romper el silencio sepulcral y el miedo del polizón, Siobhan encendió la radio. La cinta que Liam le había grabado empezó a escupir un ritmo tribal, caótico y lleno de percusiones metálicas.

- Es "The Refugee" -susurró Siobhan, mirando por el retrovisor al hombre que temblaba en la penumbra-. El disco se llama War, y esta canción... parece escrita para ti.

El ritmo de la batería de Larry Mullen Jr. en este tema es casi primitivo, una marcha que evoca el desplazamiento forzoso de miles de personas. Mientras el furgón se acercaba a la frontera, Siobhan analizaba el sonido: era la pista más experimental del álbum. La guitarra de The Edge no buscaba la belleza de "New Year's Day", sino que rascaba, molestaba, creaba una atmósfera de urgencia y desorden.

- Mi hermano dice que este tema es la prueba de que U2 no solo mira su propio ombligo irlandés -continuó ella, aunque no sabía si el hombre la entendía-. Critican cómo las potencias juegan con las vidas de los que no tienen nada. "The Refugee" es una bofetada a la indiferencia. Es sucia, es ruidosa y no te pide permiso para sonar. Es el corazón roto de alguien que ha perdido su hogar, ya sea en San Salvador o en Derry.

Al llegar al puesto de control de Newry, el corazón de Siobhan martilleó al mismo ritmo que la batería de la canción. Un soldado británico con el rostro pintado de camuflaje golpeó el cristal con su fusil. Ella bajó la ventanilla, el aire gélido inundó la cabina y la música de U2 siguió sonando, desafiante, desde los altavoces rotos.


El soldado miró el interior, miró el sobre de estraza y luego la mirada firme de la chica. En ese momento, la canción llegó a su clímax de percusión. Fue un segundo eterno, un pulso entre la autoridad y la humanidad, bajo el eco de un disco que estaba redefiniendo lo que significaba ser un refugiado en un mundo en llamas.

El pulso de la sangre

Siobhan consiguió pasar el control de Newry. La suerte, o quizá la distracción del soldado ante la música atronadora, le permitió seguir camino por las carreteras secundarias del condado de Louth. Pero la adrenalina no bajaba. Al contrario, el motor del furgón parecía latir en sincronía con el bajo de Adam Clayton que ahora retumbaba en la cabina.

"Two Hearts Beat As One" inundó el espacio. Es, sin duda, la canción más bailable de War, pero en este contexto, el ritmo no invitaba a la fiesta, sino a la huida.

- ¿Escuchas eso? -le gritó Siobhan al joven oculto atrás, aunque sabía que él no hablaba inglés-. Es el latido de este disco. Todo el mundo piensa que U2 solo sabe dar sermones, pero aquí demuestran que tienen groove. Mi hermano Liam siempre dice que es la respuesta de Dublín al sonido de la Motown, pero pasada por el filtro de la angustia post-punk.

Siobhan pisó el acelerador. El furgón vibraba. La crítica musical que Liam le había soltado tantas veces en el apartamento cobraba sentido ahora: en este tema, la banda suena compacta, agresiva pero melódica. Es una canción de amor, sí, pero un amor de supervivencia, de "nosotros contra el mundo". La voz de Bono sube y baja, desesperada, mientras la guitarra de The Edge hace esos rasgueos funk tan afilados que parecen navajas.

persecución

- "I don't know which way to go" -canturreó Siobhan, siguiendo la letra.

Era irónico. Ella sabía exactamente a dónde iba, pero no sabía si llegaría. El furgón, ese pedazo de metal que era su único refugio, se sentía pequeño frente a la inmensidad de la noche irlandesa. La canción es un motor; es el momento del álbum donde War deja de mirar a las banderas y empieza a mirar a las personas, a los corazones que laten juntos por miedo o por pasión.

De repente, unas luces largas aparecieron en el retrovisor. Un coche oscuro se acercaba a gran velocidad. Siobhan apretó el volante con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. El pulso de la música y el de su propio corazón eran ahora uno solo.

Sombras en el retrovisor

Siobhan no podía apartar la vista del espejo. Los faros del Vauxhall Senator negro seguían allí, perforando la oscuridad y la lluvia, manteniéndose a una distancia tan precisa que resultaba insultante. No era un conductor agresivo; era un profesional de la vigilancia que la estaba dejando cocerse en su propia paranoia. Cada vez que Siobhan aceleraba en las rectas hacia las montañas de Dublín, la sombra negra replicaba el movimiento sin vacilar. Sabía que si no se libraba de ellos antes de llegar al punto de entrega en Temple Bar, todo el movimiento clandestino quedaría expuesto.

Apretó el volante a la derecha con tanta fuerza que le dolían los tendones. La adrenalina de "Two Hearts Beat As One" había mutado en algo más denso y oscuro, algo que necesitaba otro ritmo. Buscó en la guantera y metió la cinta que Liam le había grabado. El reproductor de cassette se conectó y empezó a sonar el penúltimo corte del álbum.

- "Surrender" -susurró Siobhan, como un mantra, mientras intentaba que su respiración se acompasara al ritmo sinuoso de la canción.

A diferencia de los ataques frontales de la cara A del disco, "Surrender" avanzaba con una elegancia nocturna. Mientras Siobhan maniobraba por curvas cerradas bajo la lluvia, la voz de Bono le hablaba de Sadie, una mujer atrapada en una vida al borde del abismo. "Es una crítica a la asfixia", pensó Siobhan. War no solo trataba de la guerra de trincheras, sino de la guerra contra el miedo constante que ella sentía ahora mismo.

Musicalmente, el tema es una pieza de orfebrería post-punk: la guitarra de The Edge no es un ataque aquí, es un brillo que aparece y desaparece entre las sombras, igual que los faros del coche de inteligencia que la acechaba. Los coros femeninos le daban un aire fantasmal, casi de película noir, elevando la tensión de la huida a algo casi espiritual.

maniobra de escape

En un movimiento desesperado, aprovechando un tramo donde la carretera se hundía bajo un puente de piedra, Siobhan apagó las luces del furgón durante un segundo eterno y giró violentamente hacia un camino de servicio oculto por la maleza de los Wicklow. El Vauxhall Senator, confiado en su trayectoria, pasó de largo a toda velocidad, sus luces rojas perdiéndose en la neblina hacia Glendalough.

Siobhan dejó caer la cabeza sobre el volante. Estaba empapada en sudor frío. La canción seguía sonando: "I'm not defenseless...".

U2 tenía razón en su propuesta estética para este tema: no siempre hace falta gritar para resistir. A veces, la mayor victoria es simplemente saber cuándo desaparecer. Había logrado salvar al refugiado y el sobre estaba a salvo, pero la sensación de ser una pieza en un tablero de ajedrez gigante nunca la abandonaría. La ciudad no se había rendido, pero ella, por esa noche, había conseguido su propia tregua.

Una nueva canción

Habían pasado tres días desde la huida en las montañas. Siobhan había regresado a Belfast bajo una lluvia fina y persistente que parecía querer lavar la sangre y el hollín de las calles. Liam la esperaba en el muelle de Portrush, lejos del bullicio de Falls Road, donde solo el graznido de las gaviotas y el batir de las olas contra las rocas negras rompían el aire.

Se sentaron en el capó del viejo furgón O'Donnell, que ahora descansaba con el motor frío. Liam sacó el pequeño reproductor y pulsó el play por última vez. La última canción de War comenzó a flotar sobre el Atlántico.

- "40" -susurró Liam-. Dicen que la grabaron en los últimos diez minutos de la sesión de grabación, cuando ya no les quedaba tiempo en el estudio. Bono simplemente abrió la Biblia por el Salmo 40 y empezó a cantar.

La música era distinta a todo lo anterior. No había redobles militares, solo una línea de bajo profunda y una guitarra con un delay infinito que parecía perderse en el horizonte.

- Es el final perfecto para un disco llamado Guerra -dijo Siobhan, mirando el sobre de estraza vacío que ahora era solo un papel arrugado en su bolsillo-. Después de toda la rabia de "Sunday Bloody Sunday" y la paranoia de "Seconds", U2 nos deja con una pregunta: "How long to sing this song?". ¿Cuánto tiempo más vamos a estar así, Liam?

relax frente al atlantico

Liam no respondió de inmediato. Sabía que la banda, con este álbum, no pretendía dar soluciones políticas, sino reflejar el cansancio espiritual de una generación. La crítica de la época calificó este cierre como un acto de "fe valiente" en medio del nihilismo post-punk. Mientras los otros grupos cantaban al vacío, estos cuatro chicos de Dublín se atrevían a pedir una "nueva canción".

- Lo triste es que la respuesta a esa pregunta no depende de una canción, Siobhan -respondió Liam finalmente-. Las aspiraciones de Bono son las mismas que las nuestras: poder caminar por la calle sin mirar atrás, que el coche negro del retrovisor sea solo un coche y no una sombra del Estado. Pero la realidad es este cielo gris. El disco termina, pero la guerra sigue ahí fuera.

Se quedaron en silencio mientras la voz de Bono se desvanecía repitiendo la pregunta una y otra vez. Era un final melancólico porque aceptaba la derrota del presente, pero realista porque mantenía la dignidad de la espera. Siobhan se ajustó su bufanda verde y naranja, que ya empezaba a deshilacharse.

Habían sobrevivido a una misión, habían escuchado el rugido de un disco que cambiaría la historia del rock, pero al levantarse del furgón para volver a casa, ambos sabían que mañana volverían a despertarse con el sonido de los helicópteros. La "nueva canción" todavía tendría que esperar.

Epílogo y Reseña

icono radio

Lanzado el 28 de febrero de 1983, War fue el álbum que catapultó a U2 al superestrellato mundial, logrando desbancar al mismísimo Thriller de Michael Jackson del número uno en las listas británicas. 

epilogo war

Fue una anomalía comercial: un disco crudo, sin apenas sintetizadores en plena era del synth-pop, grabado con un presupuesto ajustado y bajo la presión de una banda que se sentía al borde del abismo tras el tibio recibimiento de October.

Con más de 11 millones de copias vendidas, el disco transformó el conflicto irlandés en una preocupación global y estableció el sonido "marcial" de la batería de Larry Mullen y los ecos infinitos de The Edge como marcas registradas. La crítica de la época, aunque inicialmente dividida por la "mesianidad" de Bono, acabó rindiéndose ante la honestidad brutal de su propuesta. Hoy, décadas después, War es considerado el pilar sobre el que se construyó la épica del rock de estadio, un testamento sónico de una era de miedo nuclear y tensiones sociales que, desgraciadamente, nunca termina de sonar anticuado.


La Opinión del Yeyo

logo opinion

Este maravilloso War de U2, me retrotrae a los años de mi mas tierna juventud. Cuando empezaba a salir con mis amigos de marcha, descubrimos un garito en el Carmen, de Valencia, cuando todavía no era el Carmen que es hoy en día. Ese garito era Calcatta, mi pub de referencia, y mi visita obligada todos los fines de semana. ¡Cuánta música he escuchado en ese local! ¡Y cuantos recuerdos me trae! Sunday Bloody Sunday, la escuché por primera vez allí. Y todos nos volviamos locos. Era la llamada a la pista, era la hora de moverse, de mostrar nuestras energías, nuestros bríos... Era la hora de la juventud.

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Ya no éramos críos, éramos adultos, o eso creíamos. Teníamos una ligera idea de que esta canción reflejaba la complicada situación de Irlanda del norte, y del Ulster, pero esa problemática nos quedaba lejos, la veíamos por la tele, si, pero bastantes problemas teníamos nosotros entonces, como para preocuparnos de los ajenos. Los estudios, el trabajo, la familia, los padres, y luego la modernización española que comenzó con Felipe González, la OTAN, la Unión Europea, ufff, eso era mucho para nuestras, aun verdes, cabezas adultas.

Este disco es uno de esos recuerdos que te marca la vida, que te graba a fuego la fotografía de tu vida en aquellos años en los que disfrutabas de sus canciones. He citado Sunday Bloody Sunday, pero también está New Year’s Day, pedazo de tema, genial, apoteósico, que ha pasado a la historia de la música, del rock, y yo tengo la suerte y el orgullo de poder decir a mis nietos, que esa canción yo la vi nacer. Pero en conjunto el álbum es tremendamente bueno, enérgico, brusco, pero hermoso; si lo escuchas de principio a fin, disfrutas de una experiencia auditiva, sencillamente maravillosa, se te van los pies, te tienes que mover sí o sí. Escuchar esa voz de Bono, esa guitarra de The Edge, realmente deliciosa, la batería de Mullen, tan estruendosa como siempre, o el bajo rítmico de Clayton, me da la vida, me produce una sensación de placer y de satisfacción tal, que forma parte de esos detalles que en pequeñas dosis, conforman la “Felicidad”, tal y como yo la entiendo.

Siempre me ha gustado U2, desde sus primeros inicios, y este War, confirmaba lo grande que era esta banda. Y La Playlist del Yeyo, lo corrobora incluyéndolo en su repertorio. 

Si te consideras admirador y fan de los U2, y tienes curiosidad por saber mas de esta magnífica banda irlandesa, en La Playlist del Yeyo, te propongo una forma original de mostrarte su música, y es disco a disco, y de forma divertida. Aquí tienes los discos de U2 que se incluyen de momento en La Playlist del YeyoBoyThe Unforgettable FireAchtung Baby

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